Claudia Sheinbaum en tiempo de mujeres

En un día histórico, las calles de México rebosaron de militantes de Morena, principalmente mujeres y niñas, celebrando el logro monumental de la precampaña que culminó con la candidatura de Claudia Sheinbaum, una mujer que marca un hito al aspirar a la presidencia. Su discurso resonó en la multitud, destacando la unidad del movimiento, la defensa de la democracia y la transformación del país.

Tres grandes logros se pueden destacar del liderazgo de Claudia Sheinbaum:

Cohesión y Conquista. Los más machos liderazgos de la izquierda, quienes guardaron mayor resistencia a reconocerla, quienes compitieron contra ella perdiéndose en el camino, inclusive, estuvieron presentes, emocionados, sonrientes y cohesionados. La primera aparición de Marcelo Ebrard no es casualidad. Epicuro, el filósofo griego antiguo abordó la idea de la ataraxia, que se refiere a la paz mental y la tranquilidad. Epicuro creía que el tiempo, junto con la reflexión, podría ayudar a alcanzar un estado de ataraxia, permitiendo superar las aflicciones y encontrar serenidad. Pareciera que a esa meta llegaron también Adán Augusto, Ricardo Monreal y por supuesto, Ebrard.
Continuar con un movimiento propio. López Obrador ha sido el abono que permitió echar raíz y florecer a las semillas de la rebeldía sembradas desde los verdaderos tiempos autoritarios, cuando se vivía la “Guerra Sucia”, cuando se vivieron “halconazos” y los jóvenes críticos eran considerados amenazantes y subversivos. Esas semillas de verdad y justicia se volvieron planta, echaron raíz, gobernaron la Ciudad de México convirtiéndola en la principal sede de derechos y libertades; ahora Claudia que será la primera mujer presidenta, guarda también en el “humanismo político mexicano” un movimiento propio de profundización que contempla la armonía ambiental y la máxima tecnología. Se equivocan quienes pretenden denostar a la futura presidenta llamándole “calca” si darse cuenta de que, hasta en eso, Claudia ya ganó.
Dominio de la agenda, la narrativa y el discurso. En comparación con las otras opciones que contienden, Claudia ha sido la única que construye desde el proyecto, la planeación, la emoción. Prácticamente, mientras aspirantes opositores han requerido anclarse de ella para intentar crecer ficticia o artificialmente, la conquista de Claudia Sheinbaum ha sido territorial: nada de escándalos y majaderías, sino presencia en el país, carreteras y problemas. Su voz es la que domina la agenda y su discurso es aquel que se repite en todos los espacios, hasta los de la oposición que guardan los lugares vacíos a cualquier tipo de oferta, que se limita a volver al pasado. Desde el “Plan C”, la reforma judicial, el impulso a las energías verdes y combate al cambio climático hasta la mesura con dignidad sobre el combate a la violencia, Sheinbaum ha logrado construir su propio estilo compartiendo liderazgo con Andrés Manuel López Obrador.

Sheinbaum expresó su agradecimiento a los militantes, líderes de partidos aliados y a la inmensa mayoría que respalda la Cuarta Transformación. Enfatizó la unidad como fuerza invencible y recordó la lucha histórica del movimiento, desde las marchas contra fraudes electorales hasta el impulso por la democracia y los derechos.

La candidata resaltó la fortaleza del movimiento como el más fuerte a nivel mundial, basado en principios y causas justas. Subrayó la importancia de la democracia como pilar esencial, contrastando con las críticas hacia quienes la han violado.

Sheinbaum abordó temas clave como la libertad, dignidad humana y justicia, cuestionando la falsa libertad asociada al conservadurismo. Destacó el humanismo mexicano como un modelo propio que busca el bienestar del pueblo y la prosperidad compartida.

En su discurso, la candidata hizo un recuento de los logros bajo el liderazgo del presidente López Obrador, resaltando avances económicos, sociales y políticos. Hizo énfasis en la disminución de la pobreza y desigualdad, así como en la importancia de la inversión pública, la salud gratuita y la educación pública de calidad.

Sheinbaum delineó los ejes de su Proyecto de Nación, comprometiéndose a mantener la Austeridad Republicana, fortalecer programas sociales, incrementar salarios, impulsar el desarrollo regional y garantizar derechos en áreas como salud, educación, vivienda y justicia.

Finalmente, la candidata llamó a la unidad, destacando su papel como mujer, madre y abuela, enfatizando la honestidad como valor supremo. Convocó a seguir transformando México, encendiendo la llama de la esperanza y aspirando a hacer historia con la primera mujer presidenta del país.

El peor error de lectura que ha tenido la oposición ha sido el de violentar políticamente a Claudia Sheinbaum sugiriendo que “López Obrador la manda”. ¿Acaso no han notado que Andrés Manuel guarda casi 60 por ciento de aprobación? ¿Qué gran cantidad sigue confiando en él? ¿Habrán notado el enorme logro que implica que en un país machista en el que cerca de un 30% nunca iba a votar por una mujer, hoy apoye mayoritariamente a Claudia con veinte puntos de diferencia ante su contrincante inmediata? Creo que Claudia Sheinbaum guarda un liderazgo auténtico, una profundización ideológica aún más social, de izquierda y feminista que la del propio presidente y al mismo tiempo, considero que aquello que utilizan intentando dañar es lo que permite que millones confíen en ella: el proyecto obradorista. Si millones eligieron a López Obrador por supuesto que lo que inspira mayor confianza a gran porcentaje de aquellos millones es que Claudia tenga el papel que tiene en la llamada “Cuarta Transformación”. Aquello la convierte en la mujer del siglo de México, la que logrará romper apenas uno de los techos de cristal más complejos.

POR CIERTO, entre todas las conquistas, destaca que inclusive, las élites económicas y empresariales del país apoyen a Claudia Sheinbaum. Cada día, quien parece quedarse más solo y vacío -como su narrativa- es el empresario Claudio X. González y sus secuaces.

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