Finalizan registros; ahora sí, inicia el juego sucesorio

El llamado primer tramo del proceso nos dejó una impresión definitiva sobre la fuerza real que posee la coalición Seguimos Haciendo Historia. Se trata del periodo de inscripción que concluyó recientemente y que, pese a ello, cerró con una atmósfera de unidad. Durante esta fase, Ariadna Montiel y Citlalli Hernández —responsables de conducir la operación interna— recordaron a cada participante que el proyecto colectivo debe mantenerse por encima de cualquier aspiración individual.

Esa línea de conducción, diseñada desde la presidencia, ha mostrado eficacia. Hoy existe una estructura de organización, planeación y logística que puede considerarse un elemento indispensable para sostener un avance competitivo. La disciplina exhibida en esta etapa permite prever que Morena y sus aliados llegarán con cohesión a la disputa territorial.

En ese contexto, y sin prever los resultados de las elecciones, se puede afirmar que la coalición tiene condiciones favorables en una gran cantidad de entidades. Varios análisis suponen que podría tener una ventaja en la mayoría de las gubernaturas disputadas; no obstante, es necesario verificar cualquier estimación con fuentes dignas de confianza y estudios especializados.

Antes de entrar en más detalles en las posibilidades reales que tiene Morena, sobra decir que se requiere encontrar el hilo conductor para que el funcionamiento sea el común denominador principal. Para ello, queda claro, la unidad es, evidentemente, el elemento esencial o, de plano, el mecanismo que conducirá los trabajos. De hecho, será de vital importancia que Morena, luego de revisar los resultados de las encuestas, se incline por aquellos liderazgos que saben cómo encarar este tipo de contiendas. A la par de ello, luego de echar mano de esa sapiencia de la que hablamos, cada uno de los actores que resulte ganador de la metodología tendrá que poner a prueba su capacidad articuladora. Todo eso, ya con la maquinaria aceitada, allanará el camino para enfrentar la tarea titánica que es, ni más ni menos, la candidatura en la que deberán enfocarse para doblegar a una oposición que está contra las cuerdas.

En algún momento de la campaña, cuando el clima político se eleve a su mayor intensidad, veremos la diferencia entre un proyecto y otro. El punto medular, a la par de mantener intacta la unidad, será evitar pugnas internas que puedan llegar a erosionar los pronósticos que, se sabe, vienen anticipando un cúmulo de encuestas de renombre. Todo eso, por un lado, reflejará el efecto positivo del que hemos venido insistiendo: ha jalado Morena como un imán. Suele ser así no solamente por la marca y el número de simpatizantes que ha ganado la expresión, sino porque se han concretado las promesas de campaña. La agenda y las políticas públicas, de las que hablamos ayer, son la principal punta de lanza que, repito, se ha mantenido al darle continuidad, acompañamiento y un diseño de toma de decisiones que, a la postre, son las que han dado enorme legitimidad.

Por todo ello, ahora que los mecanismos de evaluación nos acercan a la realidad, todos los protagonistas que se inscribieron en el proceso interno dependen de los resultados que hayan dado, así como de la capacidad que han tenido para operar y resolver. Con diagnósticos precisos, de los que confirmamos la vocación y la entrega de los aspirantes, podemos ir sacando muchas conclusiones de quiénes pueden ser los futuros coordinadores y coordinadoras de la defensa del voto. De hecho, la mayoría de ellos, mientras esperan pacientemente el resultado, han comenzado a figurar en asambleas de información, entrevistas y hasta actos públicos que sirvan como labor paralela mientras las calificadoras hacen su trabajo recolectando información que, sabemos, será procesada para sacar al ganador o ganadora. Algunos de ellos, más que otros, han marcado un paso contundente que, a la postre, los declarará oficialmente los vencedores de un proceso interno que, a nuestro juicio, es el más duro y competitivo. Es, asimismo, un tramo que podemos llamar posición de ventaja en un mosaico donde predomina una lista larga de quienes buscan posicionarse.

Por el desempeño que han tenido, pero sobre todo por el paso dominante en las encuestas, sigo insistiendo en que estos perfiles son, a nuestro juicio, los futuros coordinadores de la defensa del voto.

Sigo dejando mis pronósticos en base a todas las encuestas de opinión, principalmente las de mayor peso.

En Baja California, por ejemplo, Ismael Burgueño continúa posicionándose como la figura con mayor fortaleza; en Baja California Sur, las tendencias se inclinan de manera clara hacia Milena Quiroga; y en Sinaloa —uno de los bastiones más sólidos del oficialismo— todo indica que la senadora Imelda Castro mantiene una ventaja cómoda.

En Nayarit, donde la izquierda busca refrendar su triunfo, el panorama se ha ordenado alrededor de Héctor Santana. Un escenario similar se observa en Querétaro, donde Santiago Nieto avanza con paso firme.

En Aguascalientes, nuevamente, Nora Ruvalcaba aparece como la figura más competitiva, mientras que en Colima las mediciones siguen favoreciendo de manera consistente a Rosi Bayardo.

En Campeche, Pablo Gutiérrez se perfila con claridad, al igual que Gino Segura en Quintana Roo.

El caso de Tlaxcala resulta especialmente ilustrativo: la legisladora Ana Lilia Rivera conserva una ventaja de dos a uno prácticamente en cualquier escenario.

En Nuevo León, el anuncio de Tatiana Clouthier sobre su intención de competir por la gubernatura generó un efecto inmediato: domina los ejercicios internos con una ventaja amplia.

En Chihuahua, todo apunta a que la candidatura recaerá en un hombre, y el perfil más sólido es Cruz Pérez, alcalde de Ciudad Juárez.

Y en Michoacán, lo dijimos hace poco, los planetas se están alineando a favor de la causa de Raúl Morón.

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