Los dueños de México cambian de partido, no de poder
En México cambian gobiernos, siglas y discursos, pero los grupos de poder son siempre los mismos. Aunque el país parece dividido entre proyectos políticos aparentemente opuestos, la misma élite sigue administrando el poder desde distintas trincheras, convencida de que México le pertenece.
Cambian de discurso y de color
Y no me refiero únicamente al reducido grupo de empresarios multimillonarios que ha incrementado su riqueza durante el obradorato. Me refiero a una clase política que ha sabido reinventarse sexenio tras sexenio; que cambia de partido cuando las circunstancias lo exigen para conservar influencia, privilegios y posiciones de poder, que cuando la sociedad exige una transformación, encuentra la forma de apropiarse del cambio antes de que el cambio los alcance.
Son quienes crean partidos, heredan el poder y son capaces de provocar crisis políticas o recurrir a la represión para proteger sus intereses. Son los mismos que se quitaron de encima a Colosio, que resistieron las reformas de Zedillo, que se opusieron a una relación pragmática con Estados Unidos y que hoy enfrentan cuestionamientos desde el país vecino. Son los mismos de siempre, aunque cambien de siglas, discursos o colores.
AMLO es un buen ejemplo. Formado en el PRI, encontró en el PRD la oportunidad para desplazar a la izquierda histórica y construir un nuevo liderazgo. Cuando fundó Morena, terminaron confluyendo personajes del PRI, PRD, PAN, PT y MC y se alió con el partido más acomodaticio de todos: el PVEM.
Otros ejemplos, Marcelo Ebrard que ha militado en seis partidos; Ricardo Monreal en cinco; Manuel Bartlett en tres; Alfonso Durazo transitó por PRI, PAN y Morena. Además, se suman familias políticas como los Murat, los Villarreal, los Mier, los Yunes, los Salgado o los Cárdenas, que mantienen influencia generación tras generación, independientemente del partido que gobierne.
El poder nunca se fue
Están también quienes, sin abandonar formalmente sus partidos han conservado influencia política y económica sobre distintos proyectos, como Raúl Salinas, Manuel Velasco o Manlio Fabio Beltrones, que son parte de redes construidas durante décadas, que sobreviven a los cambios electorales y mantienen capacidad para influir en candidaturas, alianzas y decisiones estratégicas.
MC, PT, PVEM e incluso Morena son partidos sin identidad ideológica, utilizados para administrar el descontento ciudadano y conservar cuotas de poder.
Por eso resulta ingenuo pensar que un cambio de partido garantice un cambio de régimen. MC de Dante Delgado, surgió del mismo entramado político; el PT conservó su registro gracias a una chicanada legislativa de Beltrones para que pudieran aliarse con AMLO; el PVEM ha sido aliado del PRI, PAN y ahora de Morena.
Son los mismos operadores, los que se opusieron a los cambios planteados por Colosio, los que se oponían a la reforma del Estado impulsada por Zedillo, los que contribuyeron al triunfo de Vicente Fox y, años después, al de López Obrador.
Son los mismos, que cambian de campañas y de colores, pero permanecen. Y ahora, ante el desgaste de Morena, buscan apropiarse nuevamente del cambio y de las nuevas organizaciones.
En ese contexto, surge Somos MX, como una esperanza para quienes buscamos una opción ciudadana verdadera. Sin embargo, si un proyecto pretende romper con las viejas prácticas, debe demostrarlo desde el primer día, y ahora, enfrenta cuestionamientos sobre sus mecanismos de financiamiento y por contar entre sus abogados con el defensor de Pío López Obrador.
Si la intención es representar algo distinto, la respuesta debió ser simple: reconocer el error, corregirlo y seguir adelante. En cambio, optaron por justificaciones que terminan debilitando la credibilidad del proyecto.
Que el cambio no sea secuestrado
El PRI, aunque disminuido electoralmente, conserva estructuras regionales y capacidad de negociación. El PAN enfrenta desafíos internos. MC intenta ocupar espacios, Morena busca mantener la hegemonía y sus aliados conservar posiciones estratégicas a cambio de apoyo.
Ninguno de ellos, por sí solo garantiza la transformación que exige una sociedad cansada de los mismos apellidos, las mismas prácticas y la misma oligarquía política.
México necesita una oposición auténticamente ciudadana y evitar que el descontento vuelva a ser canalizado por el mismo régimen bajo otras siglas.
La alianza que México necesita no es de siglas ni conveniencias electorales, sino un proyecto de nación basado en instituciones fuertes, Estado de derecho y rendición de cuentas. No en el reparto de candidaturas o en la suma de intereses de unos cuantos.
Ya basta de simulación, ya basta de agachar la cabeza. Ya basta de que esta oligarquía política simplemente cambie de camiseta para seguir gobernando.
X: @diaz_manuel