El Violentómetro nos concierne a todas y todos
Cada día 25, el color naranja nos invita a vestirnos de una urgencia que no podemos seguir postergando. Tradicionalmente pensamos que la violencia de género es algo que ocurre lejos, en calles oscuras o en hogares ajenos. La realidad nos demuestra que se esconde de forma sutil en lo cotidiano. Para combatirla, no bastan las leyes, necesitamos herramientas sencillas que podamos entender en casa, y la más poderosa de ellas es el Violentómetro.
Este gráfico, que funciona como un termómetro de la agresión, divide el peligro en tres niveles. Comienza con lo que muchas veces dejamos pasar como “normal” (ley del hielo, celos, bromas hirientes, chantajes), escala a la agresión física (empujones, caricias agresivas) y culmina en la violencia más extrema. Su gran valor es que nos quita la venda de los ojos. Nos obliga a mirar de frente esas conductas que, por costumbre o educación, hemos minimizado.
Para mí, la verdadera importancia de que esta herramienta llegue a todas las edades radica en su capacidad de transformar la conversación en el hogar:
En la infancia, hablar de esto con niñas y niños es protegerlas y protegerlos. Les enseña a poner límites, a entender que un “juego” que lastima ya no es un juego y que nadie tiene derecho a controlar sus cuerpos ni sus emociones.
En nosotras como mujeres, funciona como un espejo de alerta. En un mundo que a veces nos enseña a aguantar por “amor”, el Violentómetro nos da la certeza de que el control no es protección y el aislamiento no es cuidado.
En los hombres de todas las edades, es una invitación necesaria a la autocrítica. Les permite revisar sus propias conductas, identificar micromachismos y entender que el respeto se construye desactivando el control, las burlas y los celos cotidianos.
La violencia no aparece de la noche a la mañana, avisa, escala y se alimenta del silencio. Este Día Naranja juntas y juntos impulsemos esta gran herramienta: el Violentómetro, compártelo en tu chat familiar o lo pégalo en el refrigerador. Conocerlo y platicarlo sin tabúes es el primer paso para salvarnos y cuidar a quienes más queremos. Al final del día, medir la violencia a tiempo es la única forma de detenerla. ¡Ni una más!
Jennifer Islas. Política y conferencista.
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