Se adelanta el gobierno cubano, ante la amenaza del ‘azote’
El anuncio de un histórico paquete de 176 reformas económicas en Cuba, provocó reacciones divididas internacionalmente.
Facilitar la apertura de micro, pequeñas y medianas empresas, permitir que ciudadanos cubanos sean titulares o tengan acciones en más de una de ellas y reducir la lista de actividades prohibidas tradicionalmente en la isla para el sector privado, son algunas de las más importantes medidas que se distinguen del listado publicado en casi 60 cuartillas y 23 ejes temáticos.
Otras más, son dar paso a la participación de capitales privados nacionales o extranjeros en la importación y comercialización de combustibles; un nuevo mercado cambiario y de remesas que esté abierto a que participen particulares. Esto incluye dar licencias para la operación de casas de cambio privadas.
En materia de inversión, se prevé permitir que personas jurídicas nacionales y extranjeras puedan adquirir acciones y propiedades de empresas estatales cubanas, permitir el desarrollo inmobiliario en todas las zonas turísticas de Cuba, invitar a franquicias de alimentos ligeros a invertir en la isla y licitar espacios como parques recreativos, zoológicos, acuarios, áreas protegidas y unidades de alojamiento.
Sin embargo…
El Departamento de Estado estadounidense ha enviado ya mensajes descartando dichas medidas, calificándolas de “señales de humo superficiales”, argumentando que llegan tarde y que estas implicarán cambios democráticos estructurales y garantías tangibles para los inversionistas. Paralelamente, la administración estadounidense advirtió que el alivio de sanciones dependerá de pasos más firmes.
La presidenta de México, por su parte, Claudia Sheinbaum celebró los anuncios, destacándolos como un cambio importante y un paso necesario para la estabilidad de la isla en medio de sus urgentes necesidades económicas.
Analistas internacionales coinciden en que los cambios otorgan autonomía a las empresas estatales y amplían la inversión, pero advierten que la falta de un marco de seguridad jurídica sólido y la viciada burocracia podrían limitar su impacto real.
El gobierno de Miguel Díaz-Canel, por su parte, ha defendido estas transformaciones soberanas insistiendo en que buscan preservar el modelo socialista y reactivar el país ante la grave crisis energética.
“No estamos renunciando al socialismo”, enfatizó Díaz-Canel, quien recordó que Cuba ha debido construir su proyecto social bajo el impacto de “el bloqueo más prolongado, más criminal, más perverso y más injusto de la historia”.
El jefe de Estado señaló que las transformaciones sometidas a consideración de los diputados son resultado de años de debate, reflexión y estudio, que incluyen los análisis desarrollados desde el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, los aportes de especialistas y economistas, así como el examen de experiencias internacionales en la construcción socialista.
“Muchas de estas cosas estaban contenidas en la primera versión de los Lineamientos”, apuntó el premier cubano, al tiempo que sostuvo que el país debía avanzar hacia estos cambios independientemente de las circunstancias actuales.
Lo cierto es que las 176 reformas económicas propuestas desde la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba, gravitan estrictamente alrededor de otras medidas, de carácter político, jurídico y estructural, que son imprescindibles para reactivar la economía de manera veloz y sin contratiempo en la isla caribeña, que atraviesa, tanto su población como su gobierno, por un lapso de auténtica sobrevivencia; de auténtica de ‘urgente resolución’.
Además, tales reformas en lo económico, no podrán sostenerse ni explicarse por ninguna de las teorías contemporáneas del Estado y del Derecho: ciertamente Hans Kelsen explicó el origen y basamento de una norma en otra norma anterior o primigenia, pero la cruda realidad nos ha mostrado que los pueblos modernos, en su constante ‘cientifización del conocimiento’, han alcanzado a cuestionar y a dudar ya de la posibilidad de que una explicación tan abstracta, pueda soportar la validación general de una norma por su simple observancia o por la simple obligación de obediencia si no hay un principio de Derecho convincente y válido que la acompañe.
Por lo que se deduce que, si no hay una sacudida y una transformación rotunda en el esquema de composición político y jurídico del Gobierno de la República de Cuba, difícilmente podría alcanzarse ese objetivo de ‘revolución de terciopelo’ sin poner el pueblo cubano un solo muerto más.
Entonces, ¿por qué insiste Miguel Díaz-Canel que la República de Cuba seguirá siendo socialista, si ni siquiera su nombre oficial alberga ese adjetivo?
Lo que quieren los políticos cubanos radicados en Florida
Para las nuevas generaciones de cubanos no nacidos en la isla, sino en la Unión Americana que hoy, de manera exitosa y empoderada, se encuentra representada en la más alta esfera del gobierno estadounidense por figuras de la talla del actual secretario de Estado y exsenador Marco Rubio, la actual clase política que gobierna en la isla, es la heredera ideológica y dinástica en muchos de los casos de la ‘clase política revolucionaria’ que llegó al poder por la vía armada en 1959, esa clase política que -a juicio de los cubanos exiliados- ha hecho tanto daño a los cubanos que huyeron clandestinamente a Florida desde el ‘triunfo de la revolución’ y hasta la fecha, al impedirles tener contacto formal con sus familiares; al impedirles la libre movilidad para entrar y salir de la isla y recoger por lo menos su patrimonio legalmente obtenido mediante el trabajo de muchas generaciones y que fue confiscado por el nuevo “gobierno revolucionario” a partir del cambio de régimen en los años sesenta del siglo XX.
Esa, constituye la razón quizá neurálgica, de la exigencia de cambio de gobierno en el país de José Martí.
Los nuevos cubanos, nietos e hijos de los cubanos exiliados en Florida, EU, se han propuesto vengar la afrenta que significó el exilio de sus abuelos y sus padres del territorio cubano, por un grupo de jóvenes insurrectos del llamado “Movimiento 26 de julio”, quienes -por cierto- en su origen no eran marxista-leninistas; que apertrechados con armas y decididos a despojar del poder al gobierno del anterior golpista y dictador Fulgencio Batista, que en su primer período (1940-42) reconoció y se sometió a la añorada e inolvidable Constitución Cubana de 1940, que incluía el reconocimiento a los derechos humanos (cívicos), la jornada laboral de 8 horas y el salario mínimo; pero que en su segundo período, el más nefasto, desechó el ordenamiento de avanzada ordenamiento para imponer por decreto sus “Estatutos Constitucionales”.
Por eso a Cuba, el gobierno de EU le exige cambios de ‘más alcance’.
¿Por qué el gobierno de EU ha expresado oficialmente ya su insatisfacción sobre el alcance de las medidas económicas vinculadas a las reformas legislativas ya discutidas y previas de aprobación final?
Las llevadas y traídas reformas económicas para el actual régimen de Cuba, todavía están bajo la dilucidación de los diputados cubanos, pues tendrán hasta diciembre para aprobarlo en la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento unicameral).
Sin embargo, por la semiótica de las primeras declaraciones de voces ‘autorizadas’ desde el gobierno de la Unión Americana, las intenciones para con las pretendidas reformas económicas del gobierno cubano, no parecen ser en el sentido aprobatorio.
Todo indica que la política en el ámbito de la relación con Cuba, del gobierno de Donald Trump, influenciado notablemente por Marco Rubio y la influencia de los cubanos republicanos de Florida, es una que cumpla de manera puntual con la “Doctrina Monroe”: Hoy más que nunca “América para los americanos”.
Y una de las principales deficiencias detectadas a las embrionarias reformas propuestas por el desesperado gobierno cubano, a todas luces es la ausencia de un propósito reformador de largo aliento, que rompa en definitiva con el presente ‘socialista y revolucionario’ de la actual República de Cuba que releve por completo a la actual ‘clase política’ cubana, heredera dinástica e ideológica de los tripulantes del ‘Granma’, el yate revolucionario que llevó a algunas decenas de líderes y activistas revolucionarios en 1956, desde la costa mexicana y hasta costa cubana, para de ahí internarse en la Sierra Maestra a ‘planear el ataque al Cuartel Moncada’ en 1953 y dar inicio el asalto al gobierno de Batista.
Y el pretexto formal parece ser el tema de la propiedad privada – tenencia de la tierra…
Partamos de los dos principales casos de socialismo vigente en el mundo, con apertura capitalista: La República Popular de China y la República Socialista de Vietnam.
En ninguno de estos dos casos, un extranjero puede ser propietario de la tierra en términos generales.
En la China Popular, según su Constitución, por ejemplo, toda la tierra pertenece al “pueblo” y es administrada exclusivamente por el Estado. Nadie (ni ciudadanos, ni extranjeros) puede ser propietario absoluto del suelo.
Aunque el suelo es del Estado, pero los edificios, casas y apartamentos son propiedad privada.
Igualmente está establecido en la Constitución de Vietnam.
De tal forma que, es a través de los llamados certificados de Derecho de Uso de Suelo, que se venden a todo extranjero interesado (y se renuevan) hasta por 40 años si es para fines comerciales; hasta por 50 años, si lo es para fines industriales y de producción; y hasta por 70 años, si este es para fines residenciales, la única forma mediante la cual un ciudadano extranjero o incluso un natural de esos países pueda invertir, para producir bajo el régimen de la ‘propiedad privada’ en China Popular y Vietnam; solo que con restricciones y trámites burocráticos de por medio.
Además, es el gobierno de aquellas naciones el que les asigna los terrenos a los extranjeros, a donde el interés del Estado (chino o vietnamita) considere “adecuado o prudente o sin riesgos” asignarles terreno para que se instalen… a producir, a comerciar o a residir.
En México no sucede eso y nunca sucedió, desde la Constitución de 1917, según se observa.
En nuestro país, parte integrante del continente americano y cercanísimo vecino (y principal socio) de los estadounidenses, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (en su artículo 27) sí permite a los extranjeros adquirir la propiedad de tierras y bienes inmuebles para fines productivos, aunque los sujeta a condiciones estrictas.
Es la multicitada y célebre: “Cláusula Calvo”.
En México está instituida en el texto constitucional desde el 1917 de su promulgación, la llamada “Cláusula Calvo”, del jurista argentino Carlos Calvo, que tuvo su influencia predominante en el siglo XIX, la cual faculta a los extranjeros para ser propietarios o poseer terrenos en México, a sujetarse a la condición siguiente: “… deben convenir ante la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) en considerarse como nacionales respecto a dichos bienes y renunciar a invocar la protección de sus gobiernos, bajo pena de perder los bienes en beneficio de la Nación”.
También se encuentra en el espíritu de la Ley de Inversión Extranjera y su Reglamento respectivo y tiene las siguientes especificaciones…
No pueden adquirir el dominio directo de tierras y aguas en la llamada “zona restringida” (que abarca una franja de 100 kilómetros a lo largo de las fronteras y 50 kilómetros a lo largo de las playas). En estas áreas, las empresas mexicanas con cláusula de admisión de extranjeros (o los propios extranjeros) pueden adquirir el uso y aprovechamiento de los inmuebles a través de un fideicomiso bancario.
Las recientes propuestas de apertura económica en Cuba no incluyen la venta o transmisión de la propiedad de la tierra a extranjeros, pero sí permiten otorgarla en usufructo (derecho de uso y disfrute) a empresas o personas físicas extranjeras con residencia permanente en la isla.
“¡América para los americanos!” pues pero, además, es el caso, que Marco Rubio y los descendientes de cubanos republicanos insertos como la ‘conciencia de Trump’ en su gobierno, son practicantes del más ‘conspicuo capitalismo de rapiña’, neoliberal y son expertos en detectar nichos de oportunidad para el florecimiento del capital Florida y las costas de EU en el Golfo de México (o de América, pues) son propicias para el desarrollo de complejos turísticos interesantemente grandes y atractivos.
Pero en lo que es hoy la actual República de Cuba, las reformas económicas en materia turística, están siendo reservadas para inversionistas chinos y empresas cooperativas de Vietnam y de la propia China sin descontar que el Estado Cubano tiene orientados ya formalmente sendos proyectos de inversión y no para los inversionistas estadounidenses, canadienses, europeos ni japoneses ni cubanos nacidos en Florida.
A China Popular y a Vietnam, por su lejanía, seguramente … y por su mentalidad, no se les exige que modifiquen su legislación a fin de que tengan su propia ‘Cláusula Calvo’ como México la tiene desde 1917; ni tampoco se les cuestiona la existencia tan abundante de las empresas de naturaleza cooperativa; por el contrario, a este tipo de modo de producción los estadounidenses apoyan en el discurso, por considerarlas ‘formas honestas de conseguir la productividad’.
De entre el abundante listado de propuestas de reforma económica al que hacemos alusión en este trabajo, que consiste en 60 páginas o cuartillas, también ya se han dado críticas de algunos analistas estadounidenses, que cuestionan la deliberada preponderancia e interés dado a la forma de producción cooperativa y las escasas facilidades para las formas libres o privadas de emprendedurismo de los cubanos, donde los recursos fluyan con transparencia y objetivos diáfanos sin fines clientelares.
Por lo anterior, se ha venido bordando la hipótesis, desde mediados de mayo pasado, fecha de la última visita de John Ratcliffe, director de la CIA a La Habana, para sostener reuniones con el presidente Miguel Díaz-Canel y con los diferentes titulares de las áreas que componen el gobierno cubano, de que pudo haber sido motivada por dos auténticas condiciones: O bien para poner un “ultimátum” al gobierno cubano para que decrete estas medidas “aperturistas” en lo económico, aunque aún todavía no en lo político. O bien, como una forma de acercamiento del gobierno de Trump, buscando el acuerdo inmediato.
Obsérvese que los tiempos se cierran y se acerca noviembre, fecha de la elección en la Unión Americana.
El presidente Donald Trump ocupa para su gobierno de signo republicano, medallas al mérito “en campaña” y Cuba, junto con el tema de México e Irán, lo son.
Al propio tiempo la agenda se va consolidando y cerrando: Se ha logrado ya acordar con la República Islámica de Irán un cese al fuego y se vislumbra un acuerdo funcional para ambas partes en el tema de la presunción occidental del programa “de enriquecimiento de Uranio” de parte del otrora Imperio Persa, aunque Benjamín Netanyahu está afectando seriamente dicho acuerdo de paz, por sus enloquecidos ataques a Líbano, en busca de vestigios de ‘Hezbolá’ y eso, está volviéndose un problema muy grande para Donald Trump, por la rebeldía manifiesta de su ‘protegido líder israelí’; a la vez ya se había resuelto el tema de Venezuela; se pretende lo propio en Cuba bajo esta hipótesis -aunque mantienen los estadounidenses en vilo al pueblo cubano- y al mundo, con su amenaza de invasión bélica y sucede lo mismo en México, desafortunadamente.
El suscrito, por todos los signos que se han presentado en orden de aparición en la agenda estadounidense, opta por suponer que Estados Unidos y su gobierno encabezado por Donald Trump, solo usa la amenaza como estrategia, pero en el fondo, aspira a presentarle al mundo y a su electorado republicano en noviembre, un planeta en paz, (y dominado) sí y solo sí, mediante los ‘manotazos en el escritorio’ de amenaza dados por él mismo.
“¡Con miedo que les tengan, basta!” aducen los estadounidenses y esa es la explicación de que hoy se encuentren legislando los diputados cubanos apuradamente las reformas ‘aperturistas’ que contengan la furia y la amenaza de una intervención militar a la isla.
Sin embargo, se advierte que aún es necesario que el gobierno y los diputados cubanos impulsen mayor apertura en su economía y diseñen reformas jurídicas procedentes para que haya una apertura real, es decir, abrir la puerta ‘de par en par’ y no solo las rendijas de la ventana es claro que el capital estadounidense y mundial espera invertir en las ramas turísticas, básicamente y cuando Cuba se abra, superará a Panamá y a República Dominicana y se volverá el Singapur del Caribe.
Y falta la gran reforma política, que implique libertad de expresión, de participación y la existencia de partidos políticos en Cuba. Mientras eso no ocurra, el tigre estadounidense seguirá merodeando para devorar al cocodrilo cubano.
Ciertamente, estas reformas son un principio y un camino de apertura, pero no son suficientes, de ahí que tanto cubanos como estadounidenses deben de abandonar radicalismos y actitudes extremistas: los cubanos abrir más y a fondo y, los representantes de Donald Trump, aceptar y conceder.
Héctor Calderón Hallal: @Pequeniado; @CalderonHallal1