¿Dónde están las árbitras?
Hubo un tiempo en que la pregunta de un Mundial era si Brasil volvería a levantar la copa, si Argentina sobreviviría a la fase de grupos o si Inglaterra conseguiría, por fin, dejar de recordar 1966.
Ahora también nos preguntamos otra cosa. ¿Dónde están las árbitras?
En cuanto comenzó el Mundial de 2026 aparecieron las búsquedas, las notas, las publicaciones y los comentarios. La ausencia femenina en el arbitraje del torneo llamó la atención precisamente porque hace cuatro años sí hubo mujeres “impartiendo justicia” en la cancha.
Y resulta curioso. Durante décadas nadie se preguntó cuántos árbitros eran ingenieros, zurdos, divorciados o nacidos en septiembre. Eran árbitros y punto. Ahora vivimos en una época que cuenta y clasifica prácticamente todo.
No basta con que exista un torneo. También hacemos inventario. Cuántos jóvenes. Cuántos veteranos. Cuántos europeos. Cuántos latinoamericanos. Cuántas… mujeres.
La representación se ha convertido en una especie de marcador paralelo.
No es una crítica. Es una observación, qué conste.
La sociedad contemporánea desarrolló un extraordinario talento para detectar ausencias. Entramos a una sala y ya no solo vemos quién está. También advertimos quién falta. Y quizá eso explique por qué el asunto de las árbitras terminó convirtiéndose en conversación mundial.
El antecedente de Qatar 2022 modificó las expectativas. Una vez que algo sucede por primera vez deja de percibirse como excepción y pasa a formar parte del paisaje esperado. Como las filas de carga para teléfonos en los aeropuertos o el wifi gratuito en los hoteles. Después de verlo, uno asume que seguirá allí.
Por eso la ausencia desconcierta. No necesariamente indigna. Desconcierta. Al menos a mí.
La conversación alrededor del arbitraje femenino dice tanto sobre el futbol como sobre nosotros mismos. Revela nuestra creciente necesidad de ver el progreso materializado en imágenes concretas. Necesitamos símbolos. Señales. Evidencias visibles de que las cosas avanzan.
Las fotografías importan, ya lo he dicho antes. Las presencias importan. Las ausencias también.
Y quizá por eso una árbitra en una cancha mundialista representa mucho más que una designación arbitral. Representa una narrativa. La historia de barreras que se rompen, espacios que se abren y cambios que se vuelven visibles.
Aunque, pensándolo bien, la paradoja es que el verdadero éxito de cualquier incorporación llega cuando deja de llamar la atención. Cuando ya nadie se pregunta si el médico es hombre o mujer. Cuando nadie se sorprende de que una piloto aterrice un avión. Cuando el dato deja de ser noticia. Tal vez algún día ocurra también con el arbitraje del soccer.
Mientras tanto, aquí estamos. En pleno Mundial. Con partidos, goles, pronósticos, quinielas y tablas de posiciones. Y con millones de personas haciéndose una pregunta que hace apenas unos años ni siquiera habría aparecido en la conversación: ¿dónde están las árbitras?
A veces las sociedades cambian de manera tan silenciosa que uno no lo nota por las cosas nuevas que aparecen. Lo nota por las ausencias que, de pronto, ya no pasan desapercibidas.