Tregua ilusoria
El Mundial de futbol plantea la tesis de que el país se domicilió en una tregua, una pausa a los problemas, presiones y conflictos; un bálsamo para las autoridades en un difícil momento ante una sociedad distraída por el divertimento futbolístico. Las preocupaciones cambian de rumbo y, con un buen inicio de la Selección Nacional, el optimismo y la alegría de muchos conducen al espejismo de la anhelada felicidad colectiva. Hasta los críticos de siempre se sienten obligados a moderar su juicio para dar curso y sumarse al júbilo compartido que motiva el futbol. Los boicoteadores de la CNTE fueron derrotados por las autoridades, y más que todo por la determinación de la afición de no permitir que se malograra la esperada fiesta. México 2, provocación 0.
Las dificultades persisten a pesar del Mundial. Si Trump no asistió al evento de inauguración fue por desdén, no por miedo al rechazo del público; mucho menos habría de posponer su animadversión contra el mundo y sus enemigos imaginarios y no imaginarios, privilegiadamente los narcotraficantes, ahora terroristas. La guerra que ha declarado al narcoterrorismo no admite tregua, salvo la que a él mismo convenga. De él y de los suyos todo hay que esperar; lo peor, si los duros toman la iniciativa y desplazan al Departamento de Estado, ocupado en la estrategia legal. La civilidad puede ser desplazada si los arrebatos de Trump así lo resuelven y puede ocurrir en cualquier momento.
Su postura respecto al acuerdo comercial con México y Canadá es baladronada que a nadie engaña; una manera de intimidar a sus interlocutores. Los beneficiarios del acuerdo comercial son los tres países y, desde el plano empresarial, son más las firmas de origen norteamericano. Tampoco sus amenazas de un ataque por tierra pueden tomarse literalmente, aunque no deben desdeñarse porque es abrumadora la presencia de agentes, tanto la acordada como la encubierta. Precisamente esto indica que la opción legal de demandar la extradición de presuntos narcopolíticos mexicanos y una eventual declaratoria de Morena como organización terrorista internacional deben estar presentes como posibilidades, quizá remotas, pero probables.
El régimen político ha hecho valer, en el discurso presidencial y en la misiva del líder fundacional, su determinación de no proceder a la detención y eventual extradición de cualquier político imputado por su connivencia con el crimen organizado. No hay marcha atrás y al parecer, están resueltos a afrontar las consecuencias. EU tiene los instrumentos, recursos y argumentos legales para imponerse y, de ser el caso, desentenderse de la vía diplomática y proceder a acciones unilaterales más agresivas en el marco legal que le confiere la lucha contra el terrorismo. Morena sería objetivo y no habría institución bancaria mexicana que se desentendiera de una declaratoria de la FinCEN para congelar sus cuentas y suspender operaciones financieras.
La postura del régimen deja expuesto al país a una crisis de mayores proporciones al optar por la vía política en lugar de asumir la causa legal con los recursos que ésta provee. La dificultad mayor es que este curso de acción necesariamente implica acabar con el pacto de impunidad, decisión, al parecer, insostenible para el régimen político.
Es evidente que los mercados y las élites no tienen presente la idea de una crisis mayor. Suscriben, hasta el momento, condiciones de normalidad como si no se viviera en campo minado por el desafío de las autoridades al imperio de la ley. Debe decirse que, internamente, la postura del gobierno tampoco da resultado. No es creíble la prédica soberanista frente a la ostensible impunidad hacia los suyos.
Lo peor de todo es que no hay político de relieve sacrificable porque, como bien ha dicho el gobernador de Sinaloa, si cae uno, caen todos. En medio del júbilo por el mundial de futbol, el régimen transita sin vacilación hacia una posible debacle, porque la impunidad es su condición de existencia y, a su vez, su mayor fragilidad dentro y fuera.
Más allá de la fiesta deportiva y del entusiasmo que acompaña el buen inicio de la Selección Nacional, la realidad se impone y, aunque de distinto modo y actitud, se hace sentir en lo bueno, malo y lo muy malo. Los problemas o las dificultades individuales o colectivas no desaparecen, alivian ni se disuelven. Se vive una ilusoria tregua y en algún momento vendrá un despertar ante una abrupta y trágica realidad. La resaca después de la fiesta o quizás antes.