México, frente a los extremismos, ganar el Mundial de la Democracia

Hemos ganado y perdido finales en la contienda que más importa. En efecto, triunfamos en el Mundial de la Democracia del año 2000 cuando, después de décadas de ejercer el poder de forma autoritaria, la sociedad mexicana pudo echar fuera del gobierno al viejo PRI.

Tristemente, seis años después perdimos —nos hundimos en el último lugar de la liga democrática— por el fraude electoral de 2006, que se dio, como los menús de los restaurantes fifís, en cuatro tiempos:

Primer tiempo: En 2004, campaña mediática de enorme perversidad contra Andrés Manuel López Obrador, conocida como los videoescándalos, ampliamente difundidos en TV nacional y el resto de los medios por presiones del gobierno panista.

Segundo tiempo: También en 2004, el desafuero del entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, AMLO.

Tercer tiempo: En 2006, durante el proceso electoral de ese año, otra campaña de propaganda televisiva, asquerosa y abiertamente financiada por la clase empresarial, para hacer de López Obrador “un peligro para México”.

Cuarto y último tiempo: Votaciones de 2006. Espantosa manipulación electoral para el robo de votos en las urnas y en las actas de cómputo.

Campa, el único priista democrático

Un priista, uno solo, Roberto Campa Cifrián —hoy funcionario de FEMSA—, intentó evitar el terrible golpe a la democracia que fue el desafuero. Lo hizo como integrante de aquella Cámara de Diputados y diputadas convertida en patíbulo. Fracasó, pero demuestra que siempre hay patriotas decididos a no apoyar los proyectos de los grupos extremistas, de derecha y de izquierda, que pretenden quitarle al pueblo su capacidad para decidir.

Cito a Campa:

“Estoy plenamente convencido de que este juicio (de desafuero) tiene una razón y una motivación política”. “Se utiliza la ley para eliminar a un adversario”. “Insistir en que un buen día un juez descubrió que el jefe de gobierno era un peligroso delincuente y eso detonó todo es faltarnos al respeto”.

“El origen de todo no es que López Obrador sea un delincuente peligroso, es que es un candidato peligroso”. “Comparto plenamente la percepción de que López Obrador está muy lejos de tener los atributos que reclama un estadista. Pero en la democracia esas características las califica el voto popular, no el voto de calidad que se pretende imponer”.

“Un presidente (Vicente Fox) que no fue capaz de aprovechar la oportunidad que le dio la historia y dilapidó en frivolidades la enorme fuerza democrática de su mandato”.

Dejo aquí el video del gran discurso de Roberto Campa:

En 2018 y 2024, México doble campeón en el Mundial de la Democracia

Por fortuna, nuestra nación pudo volver a las finales mundialistas democráticas, y venció de forma aplastante en 2018 cuando, al fin, nada impidió la llegada de la izquierda al poder.

El bicampeonato democrático resultó asombroso porque quedó claro que era posible, por primera vez en la historia, lograr pacíficamente —esto es, en las urnas— una profunda transformación social, económica y cultural hacia la izquierda; algo que Epigmenio Ibarra ha teorizado en sus columnas periodísticas y en redes sociales.

El Mundial 2026, no el de futbol, sino el del reto planteado por dos extremismos: el de derecha y el de izquierda

Aunque México es campeón desde 2024 y lo será por lo menos hasta 2030, cuando en lógica pacífica de calendario electoral se celebrará la siguiente contienda, está ocurriendo algo tan extraordinario como lamentable: hay un proyecto de grupos radicales de izquierda y derecha para derrotar, a la mala, a la 4T.

Desde las invasiones extranjeras del siglo XIX, nunca un gobierno mexicano había sido tan agredido por grupos conservadores foráneos y locales. Es la mala noticia. La buena, que tenemos al frente del equipo tricolor a la persona más calificada para enfrentar tan desalentadora circunstancia: Claudia Sheinbaum.

Dos extremismos violentos retan a la presidenta de México con la obvia intención de golpearla. Ha sucedido así desde hace meses, pero han estado particularmente agresivos en los días previos al arranque del Mundial de la FIFA en el Estadio Azteca.

La ultraderecha, apoyada por grupos conservadores de Estados Unidos, alentada y hasta financiada por un multimillonario mexicano con medios de comunicación, Ricardo Salinas Pliego, recurre a la estridencia, es decir, al sabotaje propagandístico para presentar a México, ante el mundo, como una nación casi en la ingobernabilidad. Su propósito es espantar al turismo, complicar las negociaciones comerciales con Estados Unidos y Canadá y desalentar inversiones.

¡Cosas veredes! A la ultraderecha la apoya la ultraizquierda, cuya estrategia es romper la institucionalidad y las reglas del juego democrático. Sus representantes, con manifestaciones callejeras nada pacíficas, buscan imponer, sin votos, una ideología que consideran progresista, pero que es absolutamente reaccionaria.

La presidenta Claudia Sheinbaum dijo ayer que los extremos se juntan. Y es verdad: hoy la ultraderecha y la ultraizquierda se coordinan para que el Mundial de la FIFA sea un fracaso.

La camiseta verde de la jefa del Estado

La presidenta de México vencerá a los grupos radicales y continuará en el circuito de las naciones maduras y democráticas, pero, a diferencia de muchas otras, con una visión de izquierda que pone el acento en algo que no preocupa en las sociedades más prósperas: la pobreza, cuya erradicación es la prioridad de la 4T.

¿Dónde verá Claudia Sheinbaum el juego inaugural de México? ¿Se pondrá la camiseta verde? No ha decidido si estará en la plaza pública con la gente, en una sala de Palacio Nacional —espero que acompañada no de la élite burocrática, sino de personas del verdadero pueblo mexicano a quienes podría invitar— o en la intimidad de su casa con su marido, tal vez su hijo y su nieto. Lo sabremos mañana.

¿Se pondrá la verde la presidenta Sheinbaum? De todo corazón deseo que sí lo haga. Si no lo viste, no pasará nada malo, pero que esa camiseta mañana será la de millones de mexicanos y mexicanas, de todas las ideologías y de todos los estratos socioeconómicos. Valdría mucho la pena la verde presidencial.

Ya si en el futbol se gana o se pierde, será un asunto estrictamente deportivo. El que debemos ganar sí o sí, y con la verde bien puesta, es el reto de los extremismos que pretenden acabar con el desarrollo democrático de México solo porque no les gusta que la 4T gobierne gracias al voto de la mayoría.

Mañana la verde será símbolo de nacionalidad, reafirmación de que, cuando ha sido necesario, México ha resistido todas las traiciones y todas las presiones externas. Y las resistirá de nuevo para volver a ganar el Mundial de la Democracia.

Es la hora de dar otra lección a tantas personas que, en nuestro país y en el extranjero, ven a una nación en crisis por culpa de dos fanatismos: el de la ultraderecha y el de la izquierda radical.

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