Siguiente gran reto de México: ¿un terrible Niño Godzilla o un falso Niño Chabelo?
La posible llegada de un nuevo episodio de El Niño en el Océano Pacífico alarma a meteorólogos y autoridades de todo el mundo. ¿Estamos ante la posibilidad cercanísima de un auténtico Niño Godzilla, capaz de alterar el clima del planeta durante meses, o más bien se trata de un Niño Chabelo; esto es, una mala imitación que quedará solo en gran susto?
Lo que sea, en la actualidad cualquier fenómeno climático opera sobre un planeta cada día más caliente. Los océanos registran temperaturas históricas que son energía adicional que puede amplificar lluvias, sequías y huracanes, inclusive si El Niño no crece tanto como el legendario Godzilla.
Según he leído, el Pacífico mexicano podría enfrentar una temporada de ciclones particularmente activa, con huracanes capaces de fortalecerse rápidamente antes de tocar tierra. Con las lluvias de estos días no sé si ya estamos ante tal situación. El Atlántico y el Golfo de México parecen más tranquilos y así seguirán este año de acuerdo con los pronósticos más confiables.
Ya conocemos la historia: con alta probabilidad habrá regiones agrícolas del país atravesando periodos de escasez de lluvia, mientras otras zonas enfrentarán aguaceros intensos muy dañinos para las infraestructuras públicas.
Lo más importante que ya hace la administración de Claudia Sheinbaum frente a esta situación ha sido convertir la gestión del agua en una prioridad de seguridad nacional. El Plan Nacional Hídrico, impulsado por el director de la Conagua, Efraín Morales, ofrece una ruta para avanzar en la modernización de los sistemas de riego —responsables del mayor consumo ¡y desperdicio! de agua del país—; también, hasta donde entiendo, se han desarrollado herramientas de pronóstico para administrar las presas con anticipación.
La 4T tendrá que trabajar bastante en la antes ignorada lógica de la prevención, esto es, la de hacer lo que sea posible realizar para que cuando lleguen los fenómenos meteorológicos la gente sepa cómo reaccionar. Mucho trabajo tendrá el área de protección civil, que dirige Laura Velázquez: su papel será fundamental en la consolidación de sistemas de alerta temprana más precisos, oportunos y accesibles para la población, así como en la preparación preventiva de las zonas más vulnerables a inundaciones y deslaves.
La Secretaría de Agricultura, encabezada por Columba López, enfrenta el desafío de fortalecer la producción alimentaria mediante prácticas de conservación de suelos, un uso más eficiente del agua y el impulso temporal a cultivos mejor adaptados a condiciones de sequía. El reto es producir con mayor capacidad de adaptación frente a un clima cada vez más impredecible.
Las grandes áreas metropolitanas deberán hacer su parte. ¿Cumplirán las autoridades de la CDMX, Monterrey y Guadalajara, entre otras? La presidenta Sheinbaum deberá llamarles a cuentas. ¿Han reducido las fugas en las redes urbanas de agua? ¿Tienen proyectos alternativos de abastecimiento? ¿Administran con verdadero rigor las concesiones en regiones con estrés hídrico? En algunas ciudades se pierde todavía una proporción alarmante del agua potable antes de llegar a los hogares, y esto es criminal en un contexto climático en crisis.
El Ejército seguirá siendo una pieza fundamental en la respuesta del Estado mexicano. Es una institución que sabrá hacer la tarea porque la ha hecho muchas veces antes. Hay consenso acerca de que el experimentado secretario de la Defensa Nacional, general Ricardo Trevilla Trejo, ha demostrado durante décadas su eficacia en situaciones de emergencia.
El nuevo desafío climático exigirá al ejército participar también en labores de prevención junto a las autoridades civiles. La experiencia acumulada por los ingenieros militares, las unidades logísticas y los equipos de apoyo comunitario puede ser decisiva para anticipar riesgos, instalar infraestructura temporal, distribuir agua potable y mantener abiertas las comunicaciones en regiones afectadas por inundaciones, huracanes o sequías severas.
Un Mundial pasado por agua
Los efectos climáticos ya los sentimos. La temporada de lluvias ha sido particularmente intensa en el centro y occidente de México. No sorprende, entonces, la atención especial sobre los pronósticos meteorológicos para la inauguración del Mundial de la FIFA en el Estadio Azteca —imposible llamarlo Estadio Banorte, ¡qué insulto a la tradición su nuevo nombre!—. Si las previsiones se mantienen, el agua caída del cielo será protagonista muy importante de una jornada histórica para el futbol mexicano. ¿Esto ayudará o perjudicará a la Selección?
Más allá de lo que termine siendo el posible Niño de 2026 —un terrible Niño Godzilla o un inofensivo Niño Chabelo—, debemos pensar mucho más en el hecho de que el país, con el resto del mundo, ha entrado en una nueva etapa climática, que urge atender con seriedad y responsabilidad.