Sheinbaum, Ebrard y General Motors

Hay que prestar mucha atención a los cambios que está experimentando el país en materia económica. Ahora que el camino comienza a iluminarse con proyecciones claras y programas de largo alcance, es indispensable reconocer la cadena de acontecimientos que está transformando nuestro entorno productivo: desde el aprovechamiento de los recursos naturales hasta el crecimiento del potencial industrial que México ha demostrado con la calidad de los productos que pone en el mercado. Esa dinámica responde, en buena medida, a la instrucción inmediata de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien no solo trazó prioridades, sino que delegó responsabilidades estratégicas para acelerar resultados. Y mientras esas encomiendas avanzan, hemos sido testigos de cómo la confianza vuelve a colocarse en el centro del debate público: inversionistas extranjeros están volteando la mirada hacia nuestro territorio con mucho interés. Este fenómeno ocupa un lugar especial en la agenda nacional, sobre todo ahora que el país atraviesa una reconfiguración profunda destinada a convertir las áreas de oportunidad en ventajas reales que, a la postre, mejoren la calidad de vida de miles de familias.

Para ello, obviamente, se reforzó la relación diplomática y los lazos de amistad. De hecho, eso ha permitido que la dinámica de inversión fluya porque hay enormes ventajas que propician ese dinamismo de inversión. Inclusive, debemos decir que todo eso, ahora que el Plan México es uno de nuestros grandes ejes y pilares, es lo que ha mostrado señales de despegue y una cadena de anuncios que conseguimos presumir son de gran envergadura. Eso, que podemos resumirlo en aspirar a más, nos ha catapultado a otras latitudes ahora que hay mecanismos de evaluación que miden ese desempeño. Podrían considerarse las cifras que han salido a la luz pública y que, como tal, evidencian que hemos alcanzado datos históricos en inversiones extranjeras. Eso, de suma relevancia, coadyuva para que se le inyecte al país capital y, por ende, para que los recursos tecnológicos y los instrumentos innovadores se adapten a las necesidades.

Y con esas buenas intenciones que siempre tiene la presidente de elevar nuestro nivel y competitividad dados los entornos globales a los que hay que adaptarse, podemos decir que atravesamos uno de los mejores momentos de nuestra estructura económica. Lo que más ha sobresalido, al menos en esta semana, fue el acuerdo de colaboración que se pondrá en marcha de parte de General Motors. El monto total de la inversión, en definitiva, habla de la capacidad de la que comentamos hace poco. Serán mil millones de dólares los que pondrá en operación para edificar un complejo manufacturero que, en sí, podemos puntualizar en la ensambladora que alcanzará una capacidad de 80,000 unidades por año.

Con esa capacidad y esos montos millonarios que se moverán, evidentemente, Sheinbaum da un paso importante. Se nota su mano, pero también su oficio en uno de los proyectos más ambiciosos de los tiempos contemporáneos. Y si a esas vamos, asimismo hay que destacar el papel de Marcelo Ebrard, que ha entablado puentes con Asia para jalar y captar las inversiones a México y, con ello, hacer exitoso el esquema de desafíos que se trazó desde que comenzó la construcción del segundo piso de la llamada cuarta transformación. Siendo así, hay un mensaje profundo que no debemos perder de vista. Uno de esos rasgos, que siempre ha insistido la presidenta, es la perseverancia, especialmente por las expectativas que se han depositado. De hecho, estamos en presencia de una oleada más avanzada que, a la postre, traerá más certidumbre, principalmente por el número sustancial en la generación de fuentes de empleo que, desde luego, propician el progreso y la transformación que ondea este gobierno.

Por último, debemos recalcar la importancia de fortalecer nuestras relaciones diplomáticas con el oficio y la seriedad que exige un país en transformación. La diplomacia económica —esa que se construye con diálogo y visión— está dando rendimientos visibles. Asia, por ejemplo, ha fijado la mirada hacia México, especialmente ahora con la inversión millonaria que General Motors pondrá en operación muy pronto. Cada vez que un anuncio de esta magnitud sale a la luz pública, pensamos inevitablemente en las miles de familias que se verán beneficiadas cuando estos proyectos se integren a las cadenas globales de producción en las que México participa de manera activa y dinámica.

Este escenario no es casualidad: responde a políticas públicas que impulsan tecnología, innovación y rentabilidad. En pocas palabras, Asia representa una oportunidad inmensa que México no está dispuesto a desaprovechar, sobre todo ahora que el Plan México —una de las plataformas más sólidas de los últimos años— sigue avanzando con expectativas altas y resultados tangibles. Y en el centro de esta estrategia se encuentra la presidenta Claudia Sheinbaum, quien en menos de dos años ha logrado consolidarse como una de las figuras con mayor peso político en el escenario internacional. Su liderazgo ha sido clave para que el país proyecte estabilidad, confianza y rumbo en un momento decisivo para nuestra economía.

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