Manipula Castañeda malas encuestas para justificar una intervención de EEUU en México

El análisis de Jorge G. Castañeda publicado hoy en El Universal —“El soberanismo de Sheinbaum y los sentimientos de la gente”— es una espectacular maroma sofista, que él se atreve a intentar a pesar del enorme riesgo de quedar evidenciado como un analista carente de objetividad, seguramente porque le interesa justificar de cualquier manera una intervención de Estados Unidos en México.

No me atrevo a decir que El Güero Castañeda perdió la razón, pero pareciera ya no estar en sus cabales al equiparar los resultados de una encuesta telefónica coyuntural —de muy pocos casos, lo que metodológicamente es una falta grave— con los sentimientos de la nación; ¡sí, se atrevió a usar tan memorable expresión de José María Morelos y Pavón, quien redactó sus Sentimientos de la Nación con el propósito, eminentemente patriótico, de declarar la absoluta independencia de la América Mexicana de cualquier potencia extranjera, abolir la esclavitud y establecer que la soberanía dimana esencialmente del pueblo!

Vayamos al artículo de Castañeda: el sesgo metodológico de los 400

El Güero arranca reconociendo que una muestra de 400 casos no revela una tendencia, pero inmediatamente después se contradice y sugiere que si en estudios demoscópicos tan deficientes se dio un salto de 16 puntos a favor del apoyo a la intervención militar de EEUU en México —en comparación con el sondeo anterior—, ello debe significar una clara evidencia de un cambio cultural profundo en ese sentido.

No ignora Jorge Castañeda que una muestra de 400 personas a nivel nacional tiene un margen de error estadístico muy alto. Así que un brinco tan abrupto en pocos meses se debe más al ruido estadístico que a un cambio ideológico. Si eso lo sabe El Güero, quien durante muchos años ha estudiado encuestas de todo tipo, ¿por qué insiste en utilizar encuestas tan pequeñas y poco confiables para decir que hay un cambio en la tendencia y que cada día más gente en México quiere una intervención? La única respuesta que se me ocurre es que quien anhela la intervención es él, y no el pueblo de México.

El texto de Castañeda asume que el treinta y tantos por ciento que pide ayuda de EEUU, en encuestas de 400 casos, para combatir al narco, comparte la visión de los intelectuales o políticos de oposición —como el propio Güero— de que la soberanía es un concepto obsoleto. No es así.

En las elecciones de 2027 sabremos lo que opina la mayoría acerca de la soberanía. Las urnas el próximo año serán el verdadero termómetro de qué tan nacionalista o entreguista es la sociedad mexicana.

Con votos se medirá realmente el respaldo popular al proyecto nacionalista y soberanista de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Si en las elecciones federales intermedias de 2027 la mayoría vota por mantener la continuidad de Morena y sus aliados, se confirmará que la narrativa del nacionalismo y la soberanía sigue siendo el ideal de la mayoría del país, invalidando la tesis de Jorge Castañeda de que el soberanismo de Sheinbaum se quedó, por obsoleto, sin base social.

Si ocurriera lo contrario —esto es, que ganaran las elecciones las fuerzas políticas entreguistas que Castañeda defiende o asesora: el PAN de toda la vida, el PRI actual y Somos México—, entonces significaría que la soberanía habría dejado de ser un valor compartido por la mayoría del pueblo.

En resumidas cuentas, lo que ha hecho Jorge Castañeda es utilizar datos estadísticos frágiles para construir una narrativa que justifique su propia postura ideológica, demasiado entreguista en relación con Estados Unidos.

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