El caso Mahahual

LA POLÍTICA ES DE BRONCE

Si aún el gobierno morenista conserva algo de su discurso original, el proyecto del parque de diversiones en Mahahual, Quintana Roo, debe suspenderse definitivamente. Después de una intensa campaña en medios de comunicación, principalmente en redes sociales, promovida por asociaciones ambientalistas, de la recolección de firmas y de una intensa batalla legal de comunidades y pueblos originarios, el tema llegó a la mañanera, máxima tribuna de la nación, y la presidenta Claudia Sheinbaum pidió a Alicia Bárcena, secretaria de Medio Ambiente, revisar el tema.

El único resultado posible de esa revisión es la cancelación definitiva de este proyecto y el reforzamiento de medidas para declarar a Mahahual y sus zonas circundantes como reserva natural protegida. Sin duda, se trata de una victoria de la sociedad, aunque no hay duda de que esta empresa interpondrá recursos legales, intentará sobornar y hará una campaña exaltando los beneficios en materia de empleo, turismo e inversión que representa un proyecto de esta naturaleza.

Firmé la petición porque la consideré justa y porque creo que es necesario hacer todo lo posible para preservar el patrimonio natural de nuestro país. No soy ingenuo; la cancelación de este proyecto es una pequeña victoria, quizá pírrica, pero de una gran carga simbólica.

La verdad es que la devastación de la península de Yucatán inició desde el proceso de colonización y conquista; lo primero que se devastó fueron las comunidades y pueblos mayas, que fueron esclavizados y exterminados. Durante el virreinato y buena parte del siglo XIX, la península de Yucatán estuvo aislada del resto del país; la única vía de acceso era por barco, saliendo de Veracruz hasta Puerto Progreso. En buena medida, el aislamiento permitió la preservación de la península de Yucatán. En el porfiriato, el henequén se convirtió en el principal producto de exportación y las haciendas devastaron amplias porciones de la selva; lo mismo ocurrió con la llegada de la ganadería intensiva.

Después de la Segunda Guerra Mundial nació el turismo como lo conocemos. En los años cincuenta, durante el gobierno de Miguel Alemán, Acapulco y Puerto Vallarta se convirtieron en las aportaciones mexicanas al turismo.

En el gobierno de Echeverría Álvarez, Quintana Roo pasó a ser un estado de la República y se creó Cancún. Con Carlos Salinas de Gortari se consolidó el concepto de Riviera Maya y nacieron municipios como Solidaridad, que tienen tasas de crecimiento poblacional de hasta el 500 %. Aparecieron los grandes resorts, los “todo incluido”, los centros comerciales, la llegada del turismo europeo, el arribo de cientos de miles de migrantes que trabajan en condiciones deplorables y, más recientemente, la construcción del Tren Maya aportó su cuota de devastación.

El capitalismo, y su idea de progreso, avanza destruyendo la naturaleza. A lo más que podemos aspirar es a que no impere la barbarie, sino un proceso de cuidado relativo y preservación. Aquí surge una pregunta que rebasa la coyuntura de Mahahual: ¿cuál es la responsabilidad, como sociedad y como individuos, respecto a los otros seres sintientes y al medio en el que habitan?

En la respuesta a esta pregunta está buena parte del destino de Mahahual y de otras áreas que deben ser preservadas, resguardadas y protegidas en nuestro país.

Eso pienso yo. ¿Usted qué opina? La política es de bronce.

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