Del árbitro ciudadano al INE de Morena

El INE, antes IFE, surgió de una larga lucha ciudadana y de la presión de los partidos de oposición ante la necesidad de construir instituciones capaces de garantizar elecciones limpias y creíbles, luego de los fraudes del viejo sistema priista, particularmente el de 1988, encabezado desde la Secretaría de Gobernación por Manuel Bartlett.

El organismo tardó décadas en construirse y consolidarse como uno de los mayores avances democráticos del país, al convertirse en un árbitro electoral con autonomía frente al poder presidencial y con capacidad para generar confianza ciudadana en los procesos electorales.

Sin embargo, hoy atraviesa una de sus etapas más delicadas. Voces críticas advierten que dejó de ser un símbolo de autonomía y contrapeso institucional para convertirse en un órgano cada vez más alineado con los intereses de Morena y del gobierno federal.

La conquista democrática que se desmorona

José Woldenberg fue el primer presidente ciudadano del instituto. Bajo su conducción se consolidó la autonomía electoral y se generaron las condiciones para la transición democrática del año 2000 que permitió el arribo del PAN a la presidencia y la derrota del PRI tras más de siete décadas en el poder.

Después vinieron las presidencias de Luis Carlos Ugalde, Leonardo Valdés Zurita y Lorenzo Córdova. Todos enfrentaron presiones políticas, pero el principio de autonomía se mantuvo.

Lorenzo Córdova resistió durante años el asedio permanente de Andrés Manuel López Obrador, que veía a la autoridad electoral independiente como uno de los principales contrapesos frente al poder presidencial que pretendía ejercer.

De hecho, la frase “El INE no se toca” terminó siendo la consigna de amplios sectores de la sociedad que percibían lo que Morena buscaba: debilitar y controlar al árbitro electoral.

La captura política

La llegada de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE marcó un punto de quiebre. Desde su nombramiento, su cercanía política y familiar con figuras vinculadas a Morena generó cuestionamientos. Y el problema no ha sido solamente ella, otros consejeros han sido señalados por votar de manera alineada con el oficialismo o por mantener cercanía con personajes del gobierno.

El resultado es un Consejo General que, para muchos, dejó de actuar como contrapeso institucional para operar bajo una lógica de obediencia política.

Después del revés que Morena sufrió en 2021, cuando perdió espacios clave como la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y varias alcaldías de la Ciudad de México, López Obrador intensificó su ofensiva contra Lorenzo Córdova y contra el INE.

El primer gran aviso de lo que significa un árbitro debilitado fueron las elecciones de 2024, lo que ocurrió sigue generando dudas entre sectores de la oposición. El PREP registró retrasos, caídas y problemas técnicos en distintas entidades. En la Ciudad de México el flujo de información se paralizó durante horas y los resultados comenzaron a actualizarse hasta entrada la madrugada.

A pesar de todo, y con un conteo parcial e incidencias técnicas relevantes, López Obrador salió a declarar la victoria de Claudia Sheinbaum con una ventaja aplastante y anticipó el control legislativo de Morena y sus aliados. Una situación que millones de personas interpretaron como que el resultado estaba decidido desde antes de concluir el conteo.

El regreso al control

La reforma electoral impulsada desde Palacio terminó por consolidar la captura institucional. Bajo el argumento de “abaratar la democracia” y “combatir privilegios”, Morena y aliados desmontaron mecanismos técnicos y debilitaron estructuras de funcionarios de carrera.

Hemos sido testigos de cómo gradualmente regresa el control gubernamental sobre los procesos electorales y de todo aquello que México intentó desterrar después de décadas de fraudes y simulaciones.

Lo que viene podría ser peor que 1988 y aquel fraude visible y escandaloso con la famosa “caída del sistema” que quedó marcada como símbolo de manipulación electoral.

Ahora sobreviven las instituciones, se mantienen las elecciones y el discurso democrático, pero con un aparato electoral que ya comenzó a responder a los intereses del poder político.

Y eso es lo más preocupante. El deterioro de la democracia y de instituciones que dejan de servir a los ciudadanos para servir al gobierno.

X: @diaz_manuel

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