Manifiesto por la soberanía y el derecho a una vida mejor
La historia constitucional de México puede sintetizarse en la lucha por la soberanía y el derecho a vivir mejor para el mayor número posible de habitantes de nuestra tierra.
En el amanecer del México independiente fueron los Sentimientos se la Nación y la Constitución de 1814 en donde se plasmó el proyecto de la soberanía nacional y los derechos básicos que el gobierno debería concretar para la felicidad de todos.
En la Constitución de 1824 y las 19 constituciones locales de ese tiempo se proclamó la soberanía y el compromiso con principios que permitieran mantener la integridad del naciente país y el derecho a la autodeterminación y la emancipación social.
La división interna condujo a los mexicanos de entonces a ver aterrados como se perdía la mitad del territorio nacional y, peor aún, la capacidad de vivir mejor frente a la opresión y explotación de poderes corporativos internos y potencias externas.
De allí que la generación de la Reforma enarbolara la bandera vanguarsiata del liberalismo hasta sacudirse el yugo del pasado colonial y transitar hacia una república respetada y viable en la que deberían caber todos, incluidos los 23 estados que aprobaron sus respectivas constituciones liberales.
Nuevamente, la polarización politíca y social ahora del porfiriato tardío condujo a la vulnerabilidad que provocó la interferencia extranjera y la revolución popular en busca de recobrar soberanía y bienestar para las mayorías populares excluidas del goce de derechos y bienes sociales esenciales.
La mejor época del país en el siglo XX se dio cuando fuimos fieles a los compromisos sociales de la Constitución de 1917 y las 32 cartas constitucionales locales ayudaron a construir un primer Estado fuerte para el bienestar de la mayoría.
Cuando, según se intentó desde los años ochenta, durante casi 40 años se incentivó el individualismo, la competencia desregulada y el Estado mínimo, la polarización resurgió para hacernos más vulnerables ante todo tipo de poderes formales, informales y salvajes, dentro y fuera del propio aparato estatal.
Ahora bien, los valiosos esfuerzos para remontar ese lamentable legado no deben incurrir en las prácticas que pretenden desterrar, pues la fragilidad se agudiza y la capacidad de emancipación se reduce..
Las dos grandes palancas de la exitosa trayectoria del México contemporáneo son soberanía y bienestar de la mayoría en la pluralidad y la diversidad.
La historia de nuestra patria es la historia de su soberanía, pero también un manifiesto y reclamo recurrente por la integridad y la lealtad a nuestras mejores tradiciones en verdad sabida: no mentir, no robar y traicionar.
Esto último signfica no defraudar la esperanza dentro de un mundo con tanta incertidumbre en su porvenir y con tan pocas garantías para vivir mejor.