Nuevo León y el voto útil
A poco más de un año de la elección por la gubernatura, en Nuevo León la discusión ya no gira sólo en torno a quién encabeza las encuestas, sino a dónde tiene sentido poner el voto. Y en ese terreno, los números empiezan a ordenar la conversación con amplio margen y bastante claridad.
Movimiento Ciudadano no únicamente aparece arriba. Aparece con gran ventaja. Mariana Rodríguez ronda entre 45 y 47 puntos, mientras Luis Donaldo Colosio se mueve entre 42 y 44. El resultado no es una diferencia marginal, ni una radiografía engañosa. Es una brecha que empieza a tener consecuencias políticas, porque cuando la distancia se acerca a los 15 o 20 puntos, la elección deja de ser una competencia abierta y empieza a convertirse en una decisión estratégica para el electorado. Ahí es donde entra el concepto que muchos evitan decir en voz alta, pero que ya se empieza a notar en la calle: el voto útil.
Y el voto útil no es romántico. No es ideológico. Es práctico. Se trata de elegir la opción que realmente puede ganar y, sobre todo, la que puede evitar un escenario que el votante considera peor. En ese sentido, la elección en Nuevo León empieza a perfilarse como una decisión de contención y no sólo de afinidad.
De un lado, el PRIAN carga con un historial demasiado conocido. Casos recientes de corrupción, figuras recicladas, decisiones que han golpeado el bolsillo ciudadano —como el predialazo en Monterrey— y una percepción de que el poder se ha usado más para repartir cuotas que para resolver problemas. No es una narrativa nueva. Es una memoria viva para muchos ciudadanos.
Del otro lado, Morena enfrenta un desgaste distinto, pero igual de delicado. Los señalamientos de vínculos con el crimen organizado en estados como Sinaloa han empezado a contaminar su marca nacional. Y en política, el silencio también comunica. La falta de respuestas claras, las evasivas y los momentos incómodos en territorio —como el episodio reciente de Tatiana Clouthier en Nuevo León— pesan más de lo que parece.
Tatiana, que en otro momento sonaba como una candidata competitiva por su trayectoria y cercanía con Andrés Manuel López Obrador, hoy enfrenta un problema distinto, falta de credibilidad en temas sensibles. Porque una cosa es ser crítica en espacios controlados y otra muy distinta es responder en la calle, cuando el ciudadano pregunta sin filtro. Ahí es donde Movimiento Ciudadano encuentra su ventaja.
No porque sea perfecto ni porque no tenga pendientes, sino porque hoy concentra algo que en política es determinante, la viabilidad real de ganar. Y cuando los otros bloques aparecen debilitados, fragmentados o cargando pasivos pesados, esa viabilidad se convierte en un imán para el voto útil.
La lógica oficialista de dividir el voto entre opciones que no alcanzan a competir sólo abre la puerta a escenarios que muchos electores prefieren evitar. Por eso, cada vez más ciudadanos empiezan a ver la elección no como un ejercicio de simpatía, sino como una decisión de rumbo. No se trata sólo de quién gusta más. Se trata de quién puede evitar un retroceso o sostener el rumbo actual.
Y en ese cálculo, la ventaja de Movimiento Ciudadano deja de ser únicamente numérica y se vuelve política. Porque cuando el riesgo se percibe alto —ya sea por corrupción acumulada o por vínculos incómodos con el crimen— el voto útil se ordena casi por inercia. No por entusiasmo, sino por prevención.
Al final, las elecciones no siempre se ganan con aplausos. Muchas veces se ganan con decisiones frías. Y hoy, en Nuevo León, todo indica que esa decisión ya empezó a tomar forma.