Sheinbaum abre la puerta: éxito táctico de ANTAC y FNRCM
El infierno es un empleo sin días de descanso. Pero no hay círculo del averno al que Dante Alighieri envíe a una presidenta obligada a entrarle a la chamba todos los días, sábados y domingos incluidos, y que ni siquiera puede sentarse en el sofá a ver la tele en Domingo de Resurrección, cuando prácticamente toda la humanidad occidental se entrega al ocio.
No es la primera vez que una crisis se presenta cuando Claudia Sheinbaum disfruta de sus escasas vacaciones. ¿Disfruta? Vaya palabra que el arte de gobernar borró del diccionario personal de la mandataria.
El sacrifico tiene premios. El de Sheinbaum está en la Divina Comedia, pero no en el infierno, sino más arriba. Tanto sacrificio merecerá algún día el sexto cielo, el de Júpiter, que es al que van a dar los y las gobernantes que actúan sin estridencia, sin vacaciones, con sabiduría y, sobre todo, con justicia.
Cualquier domingo es día de descanso. Un domingo que cae en fecha festiva es doble descanso. Pues bien, en el domingo de la Semana Santa nuestra cultura exige dedicarlo al ocio sí o sí… Pues no. Una amenaza creíble de bloqueos carreteros en todo el país seguramente interrumpió las vacaciones de buena parte del gabinete de Sheinbaum. Quedó claro en el comunicado de la Secretaría de Gobernación, en el que se abre la puerta a las personas inconformes para más diálogo en la búsqueda de soluciones al problemón de las carreteras y a los desequilibrios del campo. Soluciones, la mayoría de ellas, que será imposible implementar en el corto plazo, ya que se trata de situaciones complejas generadas hace tanto tiempo.
Antes de la fallida guerra de Felipe Calderón de 2006 —con la que intentó que se olvidara el fraude electoral que lo llevó al poder— podíamos con toda tranquilidad subir al coche y llevar a la familia a recorrer con suficiente seguridad cualquier rincón de México. Después de que Calderón entregara las instituciones responsables de combatir la violencia a un narco, Genaro García Luna, transitar por las carreteras se convirtió en una aventura que genera mucho miedo.
¿Que las carreteras están en malas condiciones? Así las dejaron los gobiernos anteriores a 1994. Recuerdo en los primeros meses de ese año a Luis Donaldo Colosio, en sus recorridos de campaña, llamar al entonces titular de Comunicaciones y Transportes, Emilio Gamboa, para reclamarle por el pésimo pavimento y aun por la existencia de no pocos caminos destruidos. Gamboa está vivo, no me dejará mentir. Inclusive, uno de sus hombres más cercanos trabaja ahora, me dicen, con algún secretario de Estado. Quizá supo de esas llamadas que, a pesar de la buena relación personal, no fueron ni podían ser ‘amistosas’ dado el destrozo de las vías.
¿Que los fertilizantes y el diésel están muy caros por la guerra en Irán? ¿Y qué puede hacer el gobierno de México para que estén en paz la nueva Roma imperial —una caricatura de aquella Roma antigua— y el siempre inconquistable territorio que antes, como Partia, puso en su lugar a los romanos que se creían invencibles?
“La suprema excelencia consiste en quebrar la resistencia del enemigo sin luchar”. Lo dice Sun Tzu en El arte de la guerra.
Sun Tzu enseña que lo verdaderamente inteligente es obtener el objetivo (en la crisis de los bloqueos, la atención del gobierno) sin pagar el precio de la confrontación física. El comunicado de Segob llamando a evitar los bloqueos ya es una victoria de quienes protestan. Ojalá no la conviertan en una derrota paralizando a un país que no aplaudiría acciones de ese tipo.
Si quienes organizan los bloqueos aplican esa frase entenderán que el éxito de la protesta ya ocurrió al momento de sentar al gobierno a negociar. Cualquier paso más allá, excepto un bloqueo simbólico que rápidamente se retire, será perjudicial para la justa causa de transportistas y productores agrícolas que, de esa manera, perderán base social.
Quien entiende a Sun Tzu sabe que el poder reside en tener la capacidad de actuar con fuerza, no necesariamente en el acto mismo de aplicarla. Quienes están inconformes sin duda pueden paralizar al país, por eso interrumpieron la Semana Santa de todo un gobierno. Y por eso lograron una inmediata respuesta de la presidenta Sheinbaum. Ganaron sin entrar en combate. Deben aceptar la victoria en esa batalla y trabajar con el gobierno, sin dañar a la sociedad, para diseñar soluciones y pactar presupuestos que las lleven a la práctica. Debe lograrse en la mesa de negociación, no en los caminos, que ya bastantes problemas tienen como para sumar el de la interrupción del tráfico.
Toda batalla —incluso la que se gana— implica mucho sufrimiento. Si para alcanzar un objetivo se generan peores problemas que el que se intenta resolver, se pueden perder buena parte de los beneficios de la victoria. Donald Trump no lo entendió y metió a su país, y al mundo, en un espantoso brete. La sabiduría del estratega consiste en obtener el resultado deseado con el mínimo daño a sus aliados, en este caso, a los distintos grupos sociales o empresariales que necesitan para sus actividades el libre tránsito por las carreteras.
La mayor demostración de fuerza no es el uso de la fuerza, sino la habilidad de saber reconocer los triunfos y administrarlos minimizando el desgaste. La mayor victoria es aquella que parece una negociación natural. Suspender voluntariamente el bloqueo, invocando responsabilidad hacia la sociedad, no debilita la causa; todo lo contrario, la eleva al demostrar que es justa.
La jugada maestra del Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano y de la Alianza Nacional de Transportistas será suspender los bloqueos con un voto de confianza condicionado: “Iremos al diálogo, pero si no hay resultados, las movilizaciones se reactivarán”. Y dar un plazo razonable para supervisar que las cosas se están haciendo antes de volver a la protesta.
Cualquier otra decisión será convertir una rápida victoria sin causar daño en una gran derrota muy perjudicial para todo México. La victoria ya ocurrió en el momento en que el gobierno reaccionó ante la amenaza. Convertir esa victoria en caos social sería un error, si no clásico, propio de estrategas ingenuos, como los de EEUU al analizar las capacidades bélicas de Irán.
Como enseña Sun Tzu, la gran inteligencia estratégica no consiste en demostrar fuerza, sino en administrarla de preferencia sin usarla. Hoy, no bloquear tomándole la palabra al gobierno es consolidar una victoria que, bien gestionada, mucho puede ayudar a mejorar las condiciones de las carreteras, lamentables en lo material desde que gobiernos como el de Carlos Salinas las abandonaron, y peligrosas desde que un político como Calderón, quien se robó las elecciones, entregó tanto poder al narco.