¿Qué celebra el PRI?; la coalición sigue firme

Hace unos días, en medio de una discusión por el Plan B, el PRI saltaba de algarabía. Mientras eso sucedía, vitoreaban frases en alusión a una derrota para el oficialismo. Algunos de ellos, inclusive, se apresuraron a gritar “sí se pudo”, mientras el dictamen se avalaba en mayoría calificada. Sus razones, de fondo, la reserva al artículo 35 de la Constitución, que, por completo, excluye la revocación de mandato para las elecciones intermedias del 2027. Entonces comenzó el espectáculo del PRI. En la medida en que los minutos transcurrían, queda claro, buscaron generar una atmósfera confusa. Podemos decir que hicieron lo suyo como oposición; sin embargo, de manera paralela, los legisladores de la coalición mostraban signos de alegría porque se confirmó el fin de los privilegios para algunos funcionarios públicos en las entidades con la reducción de los excesivos techos presupuestales para operar la labor de los diputados. Podemos señalar, en cierta forma, que la esencia o la piedra angular del proyecto se cumplió al pie de la letra.

A veces pienso que la estrategia del PRI es la que está acelerando su decadencia. Esa es la misma dinámica, inclusive, que propagó el PRD antes de perder la civilidad. Desde luego que el PRI jamás reconocerá que está actuando de manera desesperada. No es extraño el comportamiento que tienen, a sabiendas de que están un paso de perder el propio registro ante el éxodo de militantes y simpatizantes a otras expresiones. Ya no hay una relación entre la gente y el Revolucionario Institucional. Es más, tiene años que ese contacto no ha existido. Por eso vemos que el PRI muestra un cierto grado de pesimismo, porque no tiene, desde la dirigencia, un verdadero líder que los guíe en esta tempestad. Están solos. No necesitamos ser muy sabios para saber que, dentro de muy poco, quedará un enorme vacío de aquella maquinaria que aglutinó a todos los sectores sociales, pero que se infectó de soberbia, corrupción y podredumbre al interior de sus filas.

El PRI no tiene nada que celebrar. Lo del Senado de la República fue un show que montaron para tratar de persuadir a la población civil. No vimos la misma sensación con el PAN, que actuaron más civilizados a sabiendas de que no es, por ningún lado que busquen ver la realidad, una derrota para la presidenta con más aprobación en México y América Latina. Ella, inclusive, no se equivocó en decir que el pueblo será quien determine el rumbo del país. Por eso no le otorgamos tanta importancia al espectáculo que montó el Revolucionario Institucional. Y ellos, en lugar de concentrarse en buscar formas para no desaparecer, continúan mostrando signos de debilidad en su sistema, donde existe una diferencia abismal entre un proyecto y el otro. El PRI, por ejemplo, ofrece miserias y migajas; los vestigios que le quedan son muy inferiores al dominante paso de Morena.

¿Qué celebra el PRI? Es verdaderamente patético y penoso ver la forma en cómo se denigra al Revolucionario Institucional. Su desmoronamiento es inminente. De ese modo, Morena debe actuar estratégicamente en consecuencia. Sé que muchos personajes se sienten traicionados por el posicionamiento de los partidos aliados. No lo llamaría una traición ahora que se ha enraizado ese derecho sagrado a disentir. Hay que pensar con la cabeza y hacer cálculo de lo que viene en puerta. En este escenario venidero, por ejemplo, está en juego la mayoría calificada de la próxima legislatura. Ahora debemos decir, por la relevancia que tiene, que 17 gubernaturas están en los planes de la izquierda, incluyendo Chihuahua y Querétaro. Me enteré de que en algunas entidades se romperá la coalición. Veo que están actuando más por instinto que por estrategia. En una ardua competencia como la que viene, se requiere pensar quirúrgicamente. Cada voto puede marcar la pauta y la diferencia, mucho más ahora que la oposición, desesperada, puede aglutinarse nuevamente en bloque.

Antes de que sea demasiado tarde, Morena debe refrendar su coalición con los partidos aliados. El fin, sobra decir, el futuro de una agenda legislativa a la que todavía le queda mucha cuerda. No tengo ninguna duda de que la coalición de la izquierda sigue afianzada y firme, y no está sujeta a revanchismos por las reservas que se dieron en el Senado de la República. De hecho, la idea de la presidenta se llama expansión de más territorios. En ese orden de prioridades está, sin duda, la entidad de Chihuahua y Querétaro, que comienza a soplar aires de cambio.

Lo más importante de todo, que nos hemos dado cuenta con datos oficiales, es la eficiencia de los gobiernos estatales emanados de Morena. Por todo esto, es relevante darles el reconocimiento y el mérito a quienes trabajan arduamente por construir mejores condiciones de paz. Hace poco, efectivamente, el Secretariado de Seguridad Nacional mostró datos muy alentadores en la reducción de feminicidios a nivel nacional. De enero a febrero del 2026, por ejemplo, las entidades que menos promediaron esos delitos fueron Yucatán, Tlaxcala, Colima y Baja California. Ellos cuatro, de hecho, promediaron 0.0; es decir, no padecieron de ese fenómeno que ha comenzado a erradicarse con la puesta en marcha de programas sociales y la presencia crucial de más elementos de seguridad. De ese mismo modo, ahora que vimos hasta el más mínimo detalle, supimos que Michoacán, Guerrero y Puebla le siguen con la ponderación a la baja en una estimación del 0.4.

Todo eso significa que están presentes en todas las acciones que se están llevando a cabo. De hecho, muchas de las entidades tienen dos elementos en común. El primero, está claro, está gobernado por Morena. Y el segundo, de la misma relevancia, es que la mayoría tendrá procesos de participación social en las urnas. Al llegar a ese día, en definitiva, veremos la ratificación a favor de la causa de la 4T.

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