Educar para cuidar: cuando el futuro empieza en las aulas

Agradezco a Federico Arreola por el espacio semanal y la oportunidad de reflexionar con las y los lectores sobre temas que no solo importan hoy, sino que definen el mañana que estamos construyendo.

Hablar de medio ambiente ya no es una conversación lejana ni exclusiva de especialistas. Es hablar de nuestra vida diaria, del aire que respiramos, del agua que tomamos, del territorio que habitamos y del futuro que heredaremos a las nuevas generaciones. El cambio climático dejó de ser una advertencia para convertirse en una realidad que ya toca nuestras puertas, y frente a eso, no podemos seguir mirando hacia otro lado.

En este contexto, la educación se vuelve una de las herramientas más poderosas para transformar la realidad. No desde la imposición, sino desde la conciencia. Por ello, el grupo parlamentario del Partido Verde presentó una iniciativa para reformar la Ley General de Educación con un objetivo muy claro: que la educación ambiental para la sustentabilidad sea obligatoria en todos los niveles educativos y en todas sus modalidades.

Esta propuesta parte de una convicción profunda: si queremos un país más justo, más responsable y más preparado para enfrentar los retos del futuro, debemos empezar desde las aulas. Las juventudes no solo son el relevo generacional, son protagonistas del presente. Dotarlas de herramientas para comprender su entorno, el impacto de sus decisiones y su capacidad de incidir positivamente en su comunidad es apostar por un cambio real y duradero.

La iniciativa fortalece los contenidos educativos para que incluyan de manera formal temas como las ciencias ambientales, el desarrollo sostenible, la prevención y el combate al cambio climático, así como la conservación y el uso responsable de los recursos naturales. Pero va más allá del conocimiento técnico: busca formar conciencia, sensibilidad y participación social.

Educar ambientalmente es sembrar valores. Es enseñar que cada acción cuenta, que cuidar el entorno no es una moda, sino una responsabilidad colectiva. Es formar jóvenes críticos, informados y comprometidos, capaces de cuestionar, proponer y actuar frente a los desafíos ambientales que ya están marcando su presente y su futuro.

Este enfoque cobra especial relevancia en una región como la nuestra. América Latina y México enfrentan de manera directa los efectos del cambio climático, y son las juventudes quienes cargarán con las consecuencias si hoy no actuamos con responsabilidad. Por eso, pensar en educación ambiental es pensar en prevención, en justicia social y en bienestar a largo plazo.

Cuando la política se pone al servicio de las nuevas generaciones, cuando la educación se entiende como motor de transformación y cuando el cuidado del medio ambiente se asume como una causa común, es cuando el cambio deja de ser discurso y se convierte en acción.

Así se construye un futuro con conciencia, con responsabilidad y con esperanza.

¡Así es como se vive y se impulsa la 4T a la queretana!

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