Cuando los números hablan: Chiapas y el factor Eduardo Ramírez
Chiapas volvió a colocarse en el centro de la conversación nacional y no por una crisis, un conflicto o una tragedia, sino por un dato que en política pesa más que cualquier discurso: el nivel de aceptación ciudadana. Que el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar encabece una medición con 69.10% de aprobación no es menor en un país donde la desconfianza hacia los gobernantes suele ser la regla, no la excepción.
No se trata de una cifra aislada ni de un golpe de suerte demoscópico. La aprobación es, en buena medida, el reflejo de una percepción social que empieza a consolidarse: hay un gobierno activo, presente y con rumbo. En un estado históricamente marcado por el rezago, la inercia y la ausencia de autoridad, el contraste resulta evidente incluso para quienes no simpatizan políticamente con la actual administración.
El trabajo constante, ese que pocas veces hace ruido pero que se nota en el día a día, comienza a rendir frutos. Orden institucional, mayor presencia del gobierno en el territorio y decisiones que se traducen en hechos concretos son elementos que la ciudadanía percibe y evalúa. En política, la narrativa sin resultados se agota rápido; cuando los resultados existen, la narrativa se construye sola.
La comparación con otras entidades es inevitable. Mientras estados como Campeche o Zacatecas se hunden en niveles de aprobación inferiores al 40%, Chiapas aparece en la parte alta del tablero nacional. No por promesas espectaculares ni por campañas de imagen, sino porque hay una sensación de conducción y control que durante años estuvo ausente.
Esto no significa que todo esté resuelto ni que el camino sea sencillo. En política, la llamada “luna de miel” suele ser breve y los niveles de aprobación pueden evaporarse tan rápido como llegaron. El verdadero desafío para Eduardo Ramírez será sostener esta confianza, convertirla en políticas de largo plazo y evitar que el desgaste natural del poder diluya los avances logrados.
Por ahora, los datos son claros: Chiapas dejó de ser nota nacional por lo negativo y comenzó a serlo por resultados. En un país acostumbrado a gobiernos mediocres y expectativas bajas, que una entidad históricamente rezagada marque agenda y genere reconocimiento ya es un hecho político relevante. Falta camino por recorrer, pero hoy Chiapas, y su gobernador, juegan en las grandes ligas.
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