No me mires, no me mires…. Que no me he puesto el maquillaje

Fue inevitable recordar la canción de Mecano antes de escribir estas líneas. Si usted es muy joven, quizá no la recuerde, iniciaba más o menos así:

“No me mires, no me mires, déjalo ya, que hoy no me he puesto el maquillaje y mi aspecto externo es demasiado vulgar para que te pueda gustar”. Una letra muy simple, con estribillo pegajoso, que nos hablaba de la importancia del maquillaje para que una mujer se viera hermosa, al menos más agraciada, “menos vulgar”, con una connotación incluso clasista y hasta discriminatoria.

Le cuento esto porque en días pasados, como si no hubiera temas de mayor importancia en nuestro país y a nivel global, estamos escandalizados porque dentro del Senado de la República hay una estética o salón de belleza, donde las senadoras se peinan, retocan el tinte, se arreglan las uñas o lo que ellas consideren necesario, servicios que, por cierto, pagan de su salario.

Los medios de comunicación se han dado vuelo con la nota, como si el negocio de belleza se hubiera inaugurado ayer y lo pagáramos usted y yo de nuestra bolsa. Su ignorancia y pereza mental les impide averiguar, aunque sea de pasadita, que existía desde 2017 y, por cierto, era gratuito para las y los legisladores y ese sí, lo pagábamos los ciudadanos con los impuestos.

En esa época, también hay que decirlo, no estaba Morena en el poder, de hecho en 2018, cuando llega Andrés Manuel a la Presidencia, el entonces coordinador de la Jucopo, Richard Monreal, la mandó a cerrar y fue reabierta no hace mucho.

Este escándalo, hiperbolizado desde mi punto de vista, tiene además de mala leche por parte de muchos comentócratas, una alta dosis de machismo.

Los detractores argumentan que contar con un espacio dedicado al cuidado personal dentro del Senado es una “pérdida de recursos públicos”. Desde esta mirada machista, se asume que las mujeres en cargos políticos deberían centrarse únicamente en sus funciones legislativas, y que cualquier preocupación por su apariencia física es superflua o incluso una distracción del trabajo que deben realizar. Se plantea la idea de que invertir en este tipo de servicios y productos es un gasto que no justifica su utilidad, bajo el prejuicio de que la imagen de una mujer política no debería ser un aspecto relevante.

Recordé, al leer tantos comentarios fuera de tono, que hace muchos años el director de una preparatoria donde trabajaba me dijo que era joven, bonita, inteligente y demasiado arreglada para ser maestra de taller de redacción. Supongo que este patán esperaba verme mal peinada o con ropa deshilachada para ser digna representante del gremio magisterial.

Esto ocurre en todos lados, la política no es la excepción.

En el ámbito profesional, tanto hombres como mujeres se preocupan por su apariencia y existen recursos para el cuidado personal de los funcionarios masculinos, como servicios de barbería, que raramente son cuestionados de la misma manera. El salón de belleza en el Senado es un espacio que busca garantizar condiciones equitativas para que las senadoras puedan desarrollar su labor con comodidad y profesionalismo, al igual que sus pares masculinos.

Además, el uso de maquillaje en entornos donde se realizan intervenciones públicas, grabaciones y eventos formales es un aspecto común de la presentación profesional en muchos campos, no solo en la política, y no debería ser motivo de crítica diferenciada por género.

Y es que además del escándalo por el salón de belleza hubo otro: el uso de maquillaje de una reconocida marca, utilizada incluso por personalidades del mundo del espectáculo.

La polémica surgió cuando se hizo público que se habían realizado compras significativas de artículos de maquillaje profesional, lo que generó diversas interpretaciones en medios de comunicación y entre los cibernautas, quienes cuestionaron si el gasto estaba destinado a un espacio de belleza para funcionarios o autoridades del Senado. Sin embargo, los registros presentados demuestran que esta hipótesis estaba muy alejada de la realidad.

Según los documentos oficiales, cada una de las piezas adquiridas –que incluyen bases, paletas de sombras, pinturas labiales, productos de corrección y herramientas de maquillaje profesional de la reconocida marca MAC– fue registrada y asignada exclusivamente al área de maquillaje del Canal del Congreso. Este espacio forma parte del equipo técnico encargado de las producciones televisivas que transmiten las sesiones legislativas, entrevistas, debates y otros contenidos generados por el Poder Legislativo.

El Canal del Congreso requiere de equipos y materiales de alta calidad para garantizar que la imagen de los participantes en sus producciones sea adecuada desde el punto de vista técnico televisivo.

La marca MAC, al igual que otras marcas de cosméticos, ofrece productos diseñados para durar en condiciones de iluminación intensa y uso prolongado, lo que es relevante para las actividades que desarrollan las senadoras. El costo de los productos se justifica por su calidad y funcionalidad en contextos profesionales, y no representa un gasto desmedido, aunque muchos quieran hacer parecer lo contrario.

El monto total de la adquisición, que ronda los 200 mil pesos mexicanos, incluye una amplia gama de productos que serán utilizados de manera gradual en las diferentes producciones del canal a lo largo del año. Los documentos también detallan que las compras se realizaron mediante procedimientos oficiales y cumplen con los lineamientos establecidos para la contratación de bienes por parte de las instituciones públicas.

Como dije más arriba el escándalo del salón de belleza o la compra de maquillaje para el Canal del Congreso es una puntada más de aquellos que, dijera el clásico, “ningún chile les embona”.

Me imagino que si las senadoras fueran desaliñadas al recinto también las iban a criticar y quizá con más fuerza. No está mal que exista una estética dentro del Senado, es uno de los muchos negocios que existen dentro del recinto, como cafeterías o restaurantes, y en eso nadie repara.

¿Es incorrecto que se peinen o retoquen el tinte en horario de sesiones? Sí, como tampoco deberían comer o dormir en plena sesión, y vaya que lo hacen.

En definitiva, la polémica alrededor del salón de belleza y el maquillaje MAC en el Senado no es más que una manifestación de la desigualdad de género que aún persiste en nuestros espacios públicos. Desmontar esta lógica machista implica reconocer que las mujeres en política tienen derecho a cuidar su presentación profesional sin ser juzgadas o estigmatizadas, y que la equidad requiere que se brinden los mismos recursos y oportunidades a todas las personas, independientemente de su género.

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