El evento de Querétaro, la propaganda y la traición al espíritu de la Constitución

Uno de los más notorios rasgos del obradorismo es confundir teórica, práctica e ideológicamente los conceptos de Estado y gobierno. Como si siglos de teoría política no hubiesen servido, la autoproclamada 4T entremezcla nociones. Ellos se sienten, a pesar de no haber contado con todo el apoyo popular en las urnas, pues se recordará que apenas alcanzaron el 54% del total de los sufragios a la Cámara de Diputados en 2024, los dueños de una nación entera.

La presidenta Claudia Sheinbaum, a semejanza de su antecesor, lo ha hecho de nuevo. El día de ayer, en el marco de la ceremonia conmemorativa de un aniversario más de la promulgación de la Constitución de 1917, la jefa del Estado mexicano, actuando de nuevo como jefa de facción, no omitió las referencias a las 4T y a las innumerables “bendiciones” que este proyecto ha brindado. Si no fuese por el cambio de tono y solemnidad en la voz de la presidenta, sus palabras habrían resonado naturalmente como si se tratase de una conferencia matutina.

Hizo referencia a uno de los fraudes electorales más vulgares, vergonzosos y antidemocráticos de la historia de México: la elección judicial. El cual ha sido uno de los temas más controvertidos en la opinión pública, pues involucró no solo la utilización perversa de una mayoría espuria en la Cámara de Diputados y la coacción de la voluntad de un senador (Yunes), sino que también puso en escena un lamentable circo marcado por la circulación de acordeones que hicieron posible que se “eligiera” a un poder judicial dispuesto a bailar al ritmo de las directrices marcadas por los intereses del gobierno.

Sheinbaum hizo igualmente referencia a diversas reformas constitucionales que, lejos de haber aportado beneficios ostensibles para la nación mexicana (con la excepción, si se quiere, de los programas sociales que han mejorado los ingresos de los más pobres) han marcado un camino claro hacia un régimen de corte autoritario, que si bien ha mantenido por ahora intactas un número de libertades, continúa en su derrotero hacia la destrucción de la democracia liberal.

Sí, efectivamente, los cambios constitucionales hechos a la carta magna de 1917 han seguido los caminos institucionales marcados por el propio documento; de la misma forma que Victoriano Huerta asumió la presidencia de México tras el asesinato de Francisco I. Madero y la renuncia de Pedro Lascuráin. Se han seguido los canales jurídicos, pero en clara contravención de los propios principios del constitucionalismo mexicano. Han empleado procesos ilegítimos, auténticamente antidemocráticos y contrarios al espíritu mismo de los textos fundamentales.

En suma, el evento que tuvo lugar ayer en Querétaro, lejos de convidar a la unidad nacional y a la sanación de las heridas del pasado, el discurso de la presidenta confirmó lo que se sabe: el obradorismo actúa como si fuesen los dueños del Estado, de todos los poderes de la unión y de la voluntad de cada mexicano.

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