Reconstruir el sindicalismo en México

Paradójicamente, uno de los más grandes retos que enfrenta el sindicalismo actual, lo representan las nuevas generaciones. El movimiento obrero surgió en México a principios del siglo pasado, con la finalidad de mejorar las condiciones laborales de los trabajadores, y fue precisamente la gente “joven” quien impulsó los cambios.

En la actualidad, cuando uno menciona la palabra “sindicato” a la juventud, las nuevas generaciones “su mente, en corto” (como dicen) visualiza a un grupo de viejitos que lo único que buscan es sacarles el dinero a estos jóvenes.

Y no es una idea gratuita; por un lado, conceptos como “estabilidad en el trabajo, prestaciones, antigüedad, jubilación” ya no son parte de su vocabulario. Por otro lado, de quienes consiguen tener una “base” en el empleo, la gran mayoría siente que los sindicatos están más bien alejados de sus propios agremiados, y que solamente están viendo por sus propios intereses, y de los de sus liderazgos sempiternos.

Por eso el sindicalismo es visto por la juventud actual como algo “vetusto e innecesario”. La famosa reforma laboral del 2019 pretendía renovar con sangre nueva el sindicalismo, pero se quedó en buenos deseos. El procedimiento de “legitimación de contratos” solo sirvió para la simulación de la vida democrática a lo interno de los sindicatos.

Hablaré del caso mi sindicato, la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México (ASSA). Ahí el ejemplo es muy claro, la reforma solamente sirvió para que la entonces secretaria general Ada Salazar Loza, creyera que podía deshacerse de los sobrecargos de Compañía Mexicana de Aviación y de Aerovías Caribe (Click), porque no “legitimamos” nuestros respectivos Contratos Colectivos de Trabajo (CCT’s), sin entender que la situación legal por la que estábamos -y seguimos- pasando es completamente irregular.

El limbo jurídico en el que estamos (más de 10 años con una sentencia de quierbra que a la fecha no se ha podido ejecutar) es la razón que debió de haber expuesto como “caso particular” ante las autoridades laborales del país, dejando clara la naturaleza de la quiebra fraudulenta, y la forzosa bajada de vuelo del grupo aeronáutico que tenía a cargo las líneas aéreas; eso independientemente que en el caso de Click, las compañeras sobrecargos estaban divididas en “base México y base Mérida”, por lo que el ejercicio de “legitimación” era imposible de ejecutar.

Cito números para mayor claridad: en los hechos, de los 1,300 sobrecargos activos, mas 600 jubilados de Mexicana y 300 compañeras de Click, cerca de 800 sobrecargos hoy prestan sus servicios en Aeroméxico.

Y del resto de compañeros, muchos se fueron a vivir al interior de la república, al ser más barato el costo de la vida y otra gran parte de plano emigraron al extranjero, a países como Estados Unidos, Canadá, España, Países Bajos, Austria, Alemania, Finlandia, Dubái, Vietnam, China, Singapur, solo por nombrar algunos países.

Resulta risible la creencia (porque es solo eso) de que al no “legitimar” el CCT, ASSA ya no era responsable de nosotros; la secretaria general les hizo creer a las nuevas generaciones que el sindicato solamente está integrado por los sobrecargos de Aeroméxico activos.

A esto le debemos añadir la nula formación de cuadros sindicales; es evidente que la gente joven no comprende del todo la importancia de tener un sindicato democrático que los represente.

Y se vuelve evidente cuando se habla del tema de las 40 horas; en el caso de mi sindicato es un tópico que ni siquiera se tomó en cuenta. Nuestro trabajo como sobrecargos está enmarcado en un capítulo especial de la Ley Federal del Trabajo: de los tripulantes de cabina, pero no consideraron siquiera abordar por encimita este tema, ni a lo interno, mucho menos hacia afuera.

Todos los “trabajos especiales” reconocidos en la ley tienen reglas distintas a las de un trabajador “normal”, por llamarlo de alguna manera. Pero si no explicamos a las nuevas generaciones de sobrecargos por qué su labor está en un “capítulo especial”, poco avanzamos. Además, estas disposiciones legales no han sido reformadas desde 1970; esto es, hoy los trabajadores de la aviación siguen laborando con las disposiciones laborales de hace más de 55 años.

La aviación ha cambiado infinitamente, y para las nuevas generaciones de sobrecargos son irrelevantes las diferencias entre empresa y sindicato. La línea que divide al patrón, de quién te defiende del mismo, está completamente desdibujada y ese será (ya es) un reto enorme para los nuevos representantes sindicales, principalmente de ASSA de México.

Es de capital importancia volver a establecer el juego de contrapesos, donde el sindicato sea el portavoz de los trabajadores, y no el vocero de la empresa. Deben marcarse nuevas reglas que dejen claro al agremiado, que defender la autonomía sindical y la democracia son parte fundamental del día a día.

No es nada más un mero discurso para gritarlo en la marcha del primero de mayo, sino que se debe de trabajar día con día para mantener los derechos adquiridos, y estar en la búsqueda de la mejora de las condiciones laborales.

Por eso le urge al sindicalismo voltear a ver a los jóvenes, y explicarles la importancia de tener sindicatos fuertes y democráticos. En el caso de tener dirigencias sempiternas, buscar la llegada de sangre nueva y exigir a las autoridades laborales que dejen atrás la simulación, pues al final perjudica a la clase trabajadora, que es la que mueve económicamente al país.

Aprovecho para exigir la aplicación irrestricta de las 40 horas ¡ya!, y que se dejen de buscar la manera de darle la vuelta al asunto. No se equivoquen, es un derecho comer durante la jornada laboral, así como lo es tener vida, más allá del trabajo. Por eso, empresarios, tengan en cuenta que un trabajador contento rinde mucho más que uno que es explotado.

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