El pueblo pone y el pueblo quita; la prueba de fuego fue Oaxaca
En el debate público siempre prevalecerán las frases que patentó Andrés Manuel López Obrador. Todavía, de hecho, su narrativa es parte fundamental de las mesas de análisis y hasta de la propia opinión de los columnistas conservadores que, sin pruebas, dicen que Claudia Sheinbaum sigue bajo la sombra de los designios de AMLO. Eso no es concluyente ni mucho menos una lingüística consistente, sobre todo ahora que la presidenta ha dejado muy claro que su gestión tiene plena libertad para tomar decisiones que benefician al país. Lo que sucede realmente, se nota, es la irritación que proyecta la derecha de saber que una mujer es, ni más ni menos, la figura más importante del país, especialmente ahora que su abrumador respaldo ha llegado a romper todos los paradigmas. Eso habla de que Claudia está haciendo lo propio y, mejor aún, superando cifras. De ese modo, no faltan las especulaciones y la intriga, que lo único que queda es ignorar por completo.
Sabemos que no es nada fácil llevar las riendas de una nación; sin embargo, Claudia Sheinbaum, pese a las enormes diferencias que existen con la derecha, gobierna para todos y todas. Tomemos como ejemplo el respaldo que la mayoría de las encuestas le dan a favor un inmenso margen. No hablamos de cualquier proporción, sino de una cifra que ha superado lo inimaginable a estas alturas, donde la jefa de Estado ha rebasado más de un año de labores ininterrumpidas. Es, en efecto, una proporción muy elevada que ronda entre el 74 y 78 por ciento. Si hoy fueran las elecciones, de hecho, la sociedad volvería a apostar por el proyecto de transformación. Todo eso llegará en su momento. La primera prueba de fuego la tendrá en el referéndum constitucional, que habrá de celebrarse en verano del 2027; es decir, a la mitad del camino. De mantener este ritmo, evidentemente, Sheinbaum arrasará en las urnas y, de paso, no tendrá problema alguno en legitimar su administración con la decisión del grueso de la población a su favor.
Lo que provoca Sheinbaum, de movilización y activismo, no lo tiene ni la propia oposición aglutinada. Es mucho más difícil para la derecha saber que Sheinbaum tendrá un ejercicio democrático como lo es la revocación del mandato. Quizá las condiciones cambien un poco ahora que se conozca el contenido de la reforma electoral. Más allá de eso, la representación popular que encabeza la mandataria llega a latitudes inalcanzables para el conservadurismo. Seguramente arrasará en las urnas. La lupa del escrutinio público sabe a la perfección lo compatible que es el andamiaje de ideas que se han puesto en operación. El Plan México y los Polos de Desarrollo, solo para mencionar un ejemplo, son punta de lanza para el desarrollo y crecimiento de nuestra estructura económica.
He ahí la diferencia entre un proyecto de nación y otro. De ese modo, es tan fundamental que existan ejercicios democráticos como el plebiscito para medir qué tanto han sido fructíferas las políticas de Estado, así como la atención a las causas que más apremian. No es, de hecho, algo espontáneo ni mucho menos una ocurrencia: el referéndum constitucional es el mejor termómetro para conocer a detalle qué tan cercano son los gobiernos, sobre todo con las causas que aquejan a la gente. Eso, por supuesto, se vivió con la jornada histórica que se llevó a cabo en Oaxaca. Sin más preámbulos, Salomón Jara se sometió a la revocación del mandato y ganó con amplia ventaja. Cerca del 60% de los ciudadanos han decidido que la continuidad sigue por el camino que se ha trazado. En términos más simples, alcanzó los objetivos que se trazó en una jornada donde reinó la tranquilidad y la voluntad de las mayorías.
Qué bueno que la iniciativa comenzó con un gobierno estatal de Morena. De hecho, ha trascendido que Chiapas tendrá su referéndum en 2027. El gobierno estatal de ese enclave, recordemos, llegó con una votación monumental de casi el 80 por ciento. Las propias encuestas, en aquel entonces, se quedaron cortas en los pronósticos luego de que la población se desbordara en las urnas. El punto es que, con ello, la gestión del gobernador estará sujeta al escrutinio de la gente. Seguramente tendrá una cobertura preponderante ahora que la 4T continúa expandiendo su visión de proyecto, especialmente en el sur del territorio nacional. De entrada, se considerará qué tan factible y viables han sido las políticas públicas que se han concretado; a su vez, queda claro, habrá una minuciosa revisión de la labor que han llevado a cabo las instituciones.
Y qué decir de Claudia Sheinbaum. De hecho, la oposición tiene pavor de que esa fecha llegue porque sabe que la presidenta, líder moral de la 4T, movilizará al grueso de la población que le ratificó su amor y cariño. En resumidas cuentas, será un ejercicio que sí influya en el ánimo de la población, sobre todo, cuando está en puerta la renovación de 17 gubernaturas. Eso, como es sabido, será dominado de pies a cabeza por la coalición Seguimos Haciendo Historia, pues el pueblo bueno y sabio, pone y quita a sus representantes.