A favor del registro de líneas de teléfonos móviles

El registro de líneas de teléfonos celulares ha dado mucho de qué hablar y, como siempre, hay voces a favor y en contra.

Incluso quienes hemos sido víctimas de algún delito, como estafas, extorsiones o amenazas por parte de malandrines que se esconden en el anonimato de una línea telefónica sin registrar, analizamos si es bueno o no registrar nuestro teléfono móvil, ya que la delincuencia, por desgracia, siempre va un paso adelante que las autoridades.

Y es que pensamos, equivocadamente, que debemos ser archimillonarios o famosos para ser víctima de un secuestro exprés, extorsión o amenazas, y nada que ver.

Mi familia, por ejemplo, está muy lejos de aparecer en la lista de Forbes, o mínimo en la portada de revistas de la real socialité (siempre bromeamos diciendo que es más fácil que salgamos en la nota roja que en la revista Hola!), pero varios miembros hemos sido víctimas de extorsión telefónica y de amenazas por teléfono.

Quizá no se sepa lo fácil que es comprar un chip, instalarlo en un celular y comenzar a mandar mensajes intimidatorios o llamadas, y después de conseguir el propósito (depósito de dinero o, en el mejor de los casos, un susto) deshacerte del chip e incluso del teléfono móvil, prácticamente sin dejar rastros.

¿Cómo identificas a quien te llamó o mensajeó, te insultó o te pidió dinero, con un chip que compró en un oxxo y después se deshizo de él? Me dicen que la policía cibernética es muy hábil para ubicar estos mensajes, pero las veces que he tenido que denunciar extorsión y amenazas, si se hacen de diferentes números (los delincuentes compran chips a granel) y diferentes ubicaciones, la tarea no es nada sencilla, puede tardar meses en dar con los responsables, quizá nunca lo logren. Tan pesada es la espera, que si el acoso es constante, tú terminas cambiando tu número telefónico. Al fin ya sabemos lo fácil que es comprar uno o de plano que te lo regalen en los supermercados donde surtes tu despensa.

La extorsión es un fenómeno estructural que permea la vida económica y social de México, tal como lo demuestran tanto los resultados más recientes de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) correspondientes al cuarto trimestre de 2025, como la información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNP).

En el segundo semestre de 2025, el 32.3% de los hogares sufrió al menos un delito de robo, extorsión o fraude. Dentro de este grupo, la extorsión destaca por su crecimiento sostenido y su impacto especialmente nocivo en las economías locales. Las víctimas deben elegir entre seguir dando dinero a los extorsionadores o pagar salarios, surtir el negocio o de plano bajar la cortina por temor a represalias.

Por eso, en un nuevo intento de frenar este y otros delitos, el gobierno federal, junto con las compañías telefónicas, nos avisa que los casi 158 millones de usuarios debemos estar registrados, para que haya un nombre y apellido detrás de cada mensaje y cada llamada. La idea mala no es, pero las personas somos desconfiadas. ¿Quién tendrá nuestros datos? ¿Registrará algún delincuente un número a mi nombre? Y los turistas que nos visitan de otros países, ¿pueden usar sus móviles sin restricción? ¿Los que vienen a la Copa del Mundo tendrán que registrar sus líneas?

Esas creo que son algunas de las preguntas que muchos nos estamos haciendo, sobre todo porque tememos por la seguridad de nuestros datos. Quizá por ese temor el registro a la fecha, es muy pobre. De esos 158 millones de usuarios solo se han registrado 2.1. Demasiado pocos, y lo más seguro es que lo dejemos hasta el final. La esperanza muere al último, dicen, y quizá se esté esperando que se amplíe el plazo o que de plano el proyecto se eche para atrás.

En lo personal, apoyo la medida del registro de celulares. No lo he hecho, lo admito, pero lo haré.

El temor a que te roben tus datos, que se haga mal uso de ellos, que te responsabilicen por algún delito, siempre está latente. Nos pueden robar la identidad por medio de nuestro CURP, de nuestra credencial del INE, de nuestra licencia de conducir. Nuestros datos, los de todos, ya hace mucho que dejaron de ser un secreto. Creo que es peor que sigamos batallando contra estafadores y otra clase de delincuentes que nos roban la paz e incluso nuestros bienes.

Confiemos que el registro sea para bien. Eso lo sabremos hasta que se lleve a cabo.

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