El neoliberalismo: la forma más nociva de estatismo

Sin duda, el neoliberalismo en México dio de sí, pero tristemente no ha muerto. Lo vemos en las constantes burlas al Estado mexicano de parte del magnate, criminal de cuello blanco Ricardo Salinas Pliego. El Estado (ya agotadas todas las instancias judiciales, luego además de 16 años, en los cuales dicho personaje “jineteó” a placer todos esos recursos malhabidos) no es capaz de ejecutar los multimillonarios cobros, derivados de esos mismos obscenos créditos fiscales.

Ya ni hablar del resto del mundo, donde en no pocos países, la doctrina liberal no tiene un dique, un freno, esto en detrimento del bienestar de miles de millones de seres humanos, en favor de unas cuantas familias, las cuales no sólo compran a la clase política al servicio se sus intereses, sino que financian sus campañas electorales (los elige ese puñado de potentados) para llegar a sus encargos de forma “democrática”.

En México, pues, el neoliberalismo dejó de ser ya dogma, que no es poco: se rompió con uno de sus principales paradigmas, el que rezaba que se debía mantener a las mayorías con sueldos de hambre para así ,y sólo así (en materia de políticas públicas de orden laboral), se evitará una hecatombe macroeconómica en lo general e inflacionaria en lo particular; mismo caso de los programas sociales universales para grupos vulnerables. Falso resultó que su consecuencia sería la quiebra de las arcas nacionales, como se afirmó con total desparpajo, en ambos casos, por dolorosas e indolentes décadas.

La paradoja del neoliberalismo, pues, es que demoniza al Estado, promueve su reducción a la mínima expresión, en cuanto a su injerencia en la economía; la ley de la selva y el darwinismo social, unos de sus principales mascarones de proa. Pero dicha reducción del Estado no es sino a conveniencia de una oligarquía que se confunde con crimen organizado, porque entre sus mantras velados están la condonación, al margen de la ley, de impuestos, la creación de una serie de organismos parapeto y simuladores (“autónomos”), onerosos además, que tienen como finalidad el legitimar la vileza, con la bandera (ya algo gastada, sigue ahora la de “la libertad”) de “la democracia”. Porque además, resulta que los principales beneficiarios de esa doctrina tóxica se valen, precisamente, y ahí es donde yace la paradoja, del Estado para sus fines más oscuros.

Ejemplos de esto último sobran, en el caso de el felón (magnate/criminal de cuello blanco) citado líneas arriba, se encuentra un caso paradigmático: el de la empresa estatal Agronitrogenados, privatizada a principios de los 90, y vuelta a vender al Estado, convertida ya en chatarra, a precios groseramente exorbitantes durante la administración de Enrique Peña Nieto. Costos que absorbió en su totalidad Pemex, y que obsequiaron cantidades, tanto ingentes como ilegitimas de dinero, al señor Salinas Pliego que, ahí sí, nunca se le escuchó decir que sus socios funcionarios públicos eran unos “gobiernícolas”, cuándo fueron parte de uno de los más escandalosos fraudes al Estado mexicano durante las últimas décadas y, ojo, que sólo es un botón de muestra, porque no solo es que sobren ejemplos, sino que es la esencia de funcionar del ya aquí multicitado modelo neoliberal.

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