Claudia Sheinbaum, presidenta constitucional de México
La decisión del pueblo de México fue muy clara: elegir a Claudia Sheinbaum como futura presidenta de México. Eso, además de dejar claro el voto de confianza que depositó la sociedad en la 4T, es una señal clara de que las acciones que han llevado a cabo han tenido repercusiones positivas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Al referirnos a ello, no debemos perder de vista la importancia que tienen los programas sociales que, desde luego, impulsó el presidente López Obrador. De hecho, fueron los mecanismos legislativos lo que elevaron a rango constitucional esa base de apoyo. En ese sentido, siempre ha existido voluntad de la causa lopezobradorista para seguir mejorando las condiciones.
Por eso y por muchas razones, hay una diferencia abrumadora entre un proyecto y otro. La derecha, por ejemplo, jamás tuvo el mínimo interés en promover un programa social como el que ahora predomina a lo largo y ancho del país. La misma Xóchitl Gálvez, en varias entrevistas, deslizó no estar a favor de ese tipo de apoyo. Lo mismo el expresidente Vicente Fox, ideólogo de la excandidata presidencial. Inclusive, todo comenzó con la narrativa que ambos divulgaron ante la opinión pública. Lo peor de todo, evidentemente, fue el lenguaje inapropiado que utilizaban para denostar a quienes —por su situación de vulnerabilidad— tienen algunas complicaciones económicas. Por supuesto, al observar ese tipo de actitudes es natural que los votantes muestren el rechazo. Ciertamente, ese fue uno de los componentes que permeó en la elección del pasado dos de junio.
Desde luego, el merecimiento de haber obtenido un triunfo abrumador, como el que promedió Claudia Sheinbaum, es mérito de los años y años de lucha social por la democracia en México, especialmente al conducirse con apego a la legalidad y a los principios intrínsecos del movimiento lopezobradorista. Fue, ni más ni menos, un síntoma de lo que actualmente vivimos en el territorio nacional. Solo para poner un ejemplo, López Obrador, en el ocaso de su sexenio, cerrará con más del 75% de aprobación, pese a la guerra sucia que, una vez más, ha intentado escalar la oposición a través de los grupos conservadores. Aun así, AMLO se sobrepuso a cualquier tipo de adversidad, eso sí, tomando decisiones como un estratega clave.
Por eso hay muchas razones que nos llevan a visualizar un futuro más próspero con la llegada de Claudia Sheinbaum a Palacio Nacional. Ayer, de hecho, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación formalizó el triunfo abrumador de Morena. Gran parte de esa población, evidentemente, es la que ha llenado explanadas y espacios públicos para acompañar el proceso de transformación. Inclusive, se puede sentir, en unas semanas más, el fervor que se vivirá en la plancha del Zócalo de la Ciudad de México cuando Sheinbaum reciba la banda presidencial. A partir de ese momento, y durante los próximos seis años, gobernará los destinos del territorio nacional, una mujer que, con méritos propios, llegó al escalón más alto del poder institucional en el país.
Y con un pueblo de México volcado al proyecto de la llamada Cuarta Transformación, se aprovechará al máximo toda la capacidad económica del Estado para continuar transformando la vida pública de México. Por un lado, hay grandes expectativas para fortalecer la democracia luego de las iniciativas que, hace unos meses, presentó el mandatario federal. Como sabemos, es un paquete de veinte proyectos de modificación al marco constitucional. Son muchas propuestas que, sin lugar a dudas, vendrán a democratizar el devenir sociopolítico. De hecho, nos hemos percatado, gracias a las evaluaciones de credibilidad y confianza, que la inmensa mayoría de los ciudadanos están de acuerdo en los cambios que se han puesto sobre la mesa.
Ante el inmejorable panorama que tendrá el legislativo federal, el proyecto presidencial de Claudia Sheinbaum, al igual que pasó con AMLO, se irá fortaleciendo con el paso de los meses. Coincidimos en que ese escenario sea de esa forma, pues las propias condiciones son propicias para llevar a cabo el plan sexenal. Para tal efecto, Claudia ha ido nutriendo el gabinete de actores que, a la perfección, dominan cada una de las secretarías. De igual manera, el equipo de trabajo que opera en la casa de transición, tiene la capacidad plena para manejar los asuntos delegados por la ganadora de los comicios.
La evidencia de ello, desde luego, es la organización y la planeación que lleva a cabo la presidenta electa de México. Ella, dentro de muy pronto, se convertirá en presidenta constitucional al ganar las elecciones por la vía democrática. Es decir, llegará al poder con legitimidad y, por supuesto, con el apoyo incondicional del pueblo. Con ese respaldo, la mejor manera de responder es dando resultados. Claudia, en ese sentido, está más que preparada para enfrentar el reto más grande de su carrera política. El hecho es que, para ello, se prepara de la mejor forma posible. Tiene la capacidad y, con ello, hay voluntad de seguir transformando las políticas.
Y como no hubo motivos ni razones para impugnar la elección, Claudia Sheinbaum, de manera oficial, será la próxima presidenta constitucional de México.