Trump y Morena lo hacen de nuevo en California y Coahuila
Este fin de semana han tenido lugar elecciones en los estados de California y Coahuila, en Estados Unidos y México, respectivamente. De acuerdo a los resultados de las elecciones en el primero, los demócratas gozan de considerable ventaja en las primarias para la alcaldía de Los Ángeles y para el gobierno del estado. En el caso mexicano, el PRI ha ganado la mayoría de los distritos locales, lo que ha confirmado que esa entidad del norte, a pesar de la expansión de los tentáculos morenistas, se rehúsa a caer ante el partido hegemónico.
Se ha señalado en numerosas ocasiones que el trumpismo y el obradorismo comparten rasgos. Uno de ellos es, desde luego, el desprecio por el Estado de derecho, pero sobre todo, en el contexto de estos comicios, el afán de negar la legitimidad de cualquier ejercicio democrático que no le resulte favorable.
Lo de AMLO es propio de su talante. Lo ha hecho sistemáticamente a lo largo de su vida; desde las elecciones en Tabasco en los años noventa, hasta sus derrotas en 2006 y 2012. Lo habría hecho de nuevo, si hubiese perdido, en 2018 y en 2024, si Claudia Sheinbaum hubiera sido batida en las urnas. Lo hará de nuevo si pierden en 2027. Ayer, ante la derrota de Coahuila, Ariadna Montiel salió a hablar sobre una supuesta compra de votos operada por el gobernador Manuel Jiménez en favor del PRI.
Trump, ante los resultados preliminares en California, ha igualmente apuntado hacia un supuesto fraude electoral, ante los repentinos cambios en las tendencias, repitiendo los eslóganes propios de aquella elección de 2020 cuando, según dice, ganó en realidad la elección contra Joe Biden, a pesar de la inexistencia de cualquier evidencia que sustentase sus acusaciones.
No es que Ariadna Montiel y los morenistas no comprendan que Coahuila continúa siendo un bastión priista (el único que les queda) ni que Trump acepte que California es un estado inmenso, complejo y diverso, sino que, fieles a su retórica populista maltrecha, optan por el discurso del fraude, en un afán de restar legitimidad a sus adversarios y de ganar terreno político, mismo que ello conlleva un nuevo golpe contra la democracia.