La factura educativa de Morena y la CNTE

Las movilizaciones de la CNTE poco o nada tienen que ver con mejorar las condiciones laborales de los docentes o con elevar la calidad educativa. Detrás de sus protestas operan intereses políticos que usan la educación como moneda de cambio.

Pocas organizaciones han acumulado tanto poder con tan escasa rendición de cuentas como la coordinadora. En especial durante los gobiernos de la 4T, en los que no solo ha sido tolerada, sino fortalecida.

El resultado son miles de escuelas cerradas en Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Zacatecas; millones de horas de clase perdidas y generaciones de estudiantes afectados en nombre de una supuesta lucha magisterial.

El paro como herramienta política

El caos que genera la CNTE en la CDMX tiene al menos dos objetivos: apropiarse del espacio público en vísperas del Mundial para evitar que otras organizaciones visibilicen causas ignoradas por el gobierno y adelantar de facto el fin del ciclo escolar.

Aunque la propuesta de cancelar anticipadamente el calendario escolar no prosperó, la coordinadora decidió imponerla. Mientras el gobierno se hace de la vista gorda. Para quienes dicen defender la educación pública, los estudiantes parecen ser lo menos importante.

Pero, la CNTE nunca ha actuado sola. Ha contado siempre con respaldo de políticos vinculados al obradorismo y al viejo sindicalismo corporativo. A lo largo de los años, personajes como José Murat, René Bejarano, Félix Salgado Macedonio, Alberto Anaya y Manuel Bartlett han mantenido cercanía con sus causas.

De hecho, una de las primeras decisiones de Andrés Manuel López Obrador al llegar a la Presidencia fue abrogar la reforma educativa del sexenio de Enrique Peña Nieto, bajo el argumento de que pretendía someter al magisterio y abrir la puerta a la privatización.

Junto con ella desaparecieron mecanismos de evaluación docente, escuelas de tiempo completo y otros instrumentos orientados a elevar la calidad educativa.

En su lugar llegó el adoctrinamiento: nuevos libros de texto, cambios radicales en planes de estudio y una visión educativa ideologizada.

La crisis en datos

Las evaluaciones internacionales muestran que México se encuentra rezagado frente a países desarrollados y economías emergentes.

De acuerdo con la OCDE, México ocupa uno de los últimos lugares en desempeño académico entre los países miembros. En matemáticas, estudiantes mexicanos obtuvieron 395 puntos frente al promedio de 472 de la organización; en lectura, 415 frente a 476; y en ciencias, 410 frente a 485. Dos de cada tres alumnos no alcanzan siquiera los niveles básicos de aprendizaje en matemáticas.

En cuanto a inversión. De acuerdo con el informe Panorama de la Educación, México ocupa el último lugar de la OCDE en gasto anual por estudiante universitario con una inversión cercana a los 4,430 dólares, muy por debajo del promedio de 15,102 dólares de los países miembros.

La crisis educativa es tal, que la UNESCO ha ubicado a México en la categoría de “sin progreso” respecto al cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible relacionado con la educación, de hecho, sus informes señalan retrocesos en competencias básicas y graves carencias tecnológicas; aproximadamente siete de cada diez escuelas públicas carecen de acceso a internet o equipo de cómputo.

Lo trágico es que en lugar de enfrentar la problemática de fondo, Morena decidió reconstruir la alianza política con los sectores más radicales del sindicalismo magisterial.

Así, la educación que debería ser la herramienta más poderosa para combatir la desigualdad, terminó convertida en rehén de intereses político-electorales.

La deuda

La brecha educativa es cada vez más profunda. Familias con recursos para pagar escuelas privadas buscan proteger a sus hijos, pero, quienes no tienen esa posibilidad, quedan atrapados en un sistema donde los paros, bloqueos y los intereses de políticos pesan más que el aprendizaje.

Recientemente Aurelio Nuño escribió que, mientras gobierno, partido y liderazgos sindicales negocian lealtades y traiciones, la educación se desmorona. Una frase que describe con precisión lo que ocurre en México.

La CNTE podrá bloquear carreteras, paralizar ciudades y presionar gobiernos. Morena podrá justificar su pasividad argumentando que no reprime movimientos, cuando lo que en realidad hay, es conveniencia política.

Sin embargo, ni el gobierno ni la coordinadora podrán ocultar que cada día de clases perdido, cada escuela cerrada y cada alumno que abandona el sistema educativo representan un fracaso y una condena para el futuro del país.

Mientras políticos, funcionarios y líderes sindicales negocian cuotas de poder, México pierde lo único que realmente podría sacarlo del atraso: la educación de sus niños y jóvenes.

Es la factura más costosa de esta alianza, una deuda que ni la CNTE ni Morena podrán resarcir a las generaciones que tendrán que cargar con las consecuencias de un daño que no es difícil de prever, será irreversible.

X: @diaz_manuel

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