El rosa: símbolo de inclusión, escudo de solidaridad
El Día Internacional del Rosa no nació de una tendencia estética, sino de un acto de resistencia colectiva. Surgió cuando un estudiante fue agredido por usar una camiseta rosa y sus compañeras y compañeros decidieron apoyarle vistiendo el mismo color, dando un gran ejemplo de solidaridad que ha trascendido a lo largo de los años para acabar con el bullying. Este origen nos recuerda algo fundamental: la ropa que elegimos y los colores que nos gustan son expresiones de nuestra identidad y jamás deben ser motivo de acoso, burla o violencia.
Asignar géneros a los colores o juzgar a alguien por su apariencia es perpetuar prejuicios que limitan la libertad. Erradicar el acoso escolar y social requiere que dejemos de ser espectadores y espectadoras ante la injusticia. La verdadera inclusión ocurre cuando transformamos nuestros entornos en espacios seguros donde cada una, cada uno, sin importar cómo vista, a quién ame o cómo se identifique, pueda desarrollarse plenamente.
Quienes nos dedicamos a la política y al servicio público tenemos la obligación de elevar este compromiso. No basta con la empatía simbólica, nuestra responsabilidad es garantizar derechos a través de leyes, ser ejemplo de civismo en el debate público y asegurar que las instituciones cuenten con los recursos necesarios para prevenir la discriminación. Debemos ser quienes garanticen comunidades seguras, donde nadie se sienta fuera de lugar ni tenga que sufrir alguna agresión.
Que este rosa que hoy nos une sea el recordatorio de que la diversidad es nuestra mayor riqueza. Solo a través del reconocimiento y la acción política coherente podremos construir una convivencia real y duradera. Juntas y juntos impulsemos un mundo donde el respeto nos una.
Jennifer Islas. Política y conferencista.