Félix Salgado: el zángano “nepote”

De los 17 estados que renovarán gubernatura, al menos nueve —Guerrero, Zacatecas, San Luis Potosí, Baja California, Campeche, Quintana Roo, Nayarit, Michoacán, Colima y Sinaloa— anticipan conflictos internos que parecen auténticos choques de trenes.

Un partido sin árbitro

Los enfrentamientos tienen como origen la ausencia de un liderazgo que ordene. Andrés Manuel López Obrador, el gran articulador del movimiento, está fuera de la escena pública, encerrado en su jaula de oro y la presidenta Claudia Sheinbaum no ha logrado —o no ha podido— contener a los grupos internos que disputan el control político y territorial del partido.

A ello se suma la presión de los “aliados”, el PT y el PVEM, que también exigen espacios y candidaturas, poniendo en riesgo coaliciones locales. El resultado son disputas simultáneas donde cada grupo juega por sus propios intereses.

De ahí, la decadencia. Morena ya no opera como un movimiento unificado, sino como una suma de intereses, y, cuando las reglas no son claras, los equilibrios son frágiles y la lucha por el poder se dispara.

Tanto Morena como el proyecto de AMLO tuvieron como base una estrategia caciquil y de nepotismo.

AMLO creó su partido y al retirarse a su rancho dejó a su hijo Andrés López Beltrán como secretario de Organización. Una posición que debería servirle como plataforma para ocupar puestos de mayor poder.

También dejó a María Luisa Alcalde, otro producto del nepotismo. Su padre fue asesor de López Obrador y su madre presidenta del Consejo de Morena y funcionaria de su gobierno. La familia de la presidenta morenista, hermanas, primas y hasta cuñados, todos están insertos en la nómina gubernamental.

Sin embargo, el control vertical del lopezobradorismo está siendo sustituido por una lógica de reparto de cuotas familiares y políticas.

Guerrero, ejemplo de nepotismo

Si hay un caso que sintetiza esta crisis, es Guerrero. El experredista Félix Salgado Macedonio pasó de personaje incómodo a factor de confrontación con la dirigencia nacional de Morena e incluso con la presidenta Claudia Sheinbaum. Su insistencia en volver a competir por la candidatura a la gubernatura reabre fisuras internas y desafía cualquier intento de ordenar los tiempos políticos.

Pero el problema no es solo su ambición. Es el entramado familiar que domina el poder estatal: su hija, Evelyn Salgado, funge como gobernadora en un caso que desde el principio fue señalado como sustitución política. La estructura gubernamental en Guerrero muestra una gravísima concentración de poder familiar, la lista es larga y el patrón evidente: hermanos, cuñados, parejas y operadores cercanos ocupan espacios legislativos y posiciones clave en la administración estatal.

Paradójicamente, y mordiéndose la lengua, el propio Salgado ha acusado de nepotismo a la dirigencia nacional de Morena, en particular a María Luisa Alcalde, y a los partidos aliados PVEM y PT, los considera unos “zánganos”.

El poder como moneda

Acostumbrado a protagonizar escándalos, lejos de moderar su postura, Salgado Macedonio ha elevado el tono y, con una lógica amenazante, ha advertido sobre el peso de su voto en el Senado: “Soy un voto que hace la mayoría calificada. Mi voto puede hacer la diferencia”.

Lo mismo ocurre en otros estados: los Monreal en Zacatecas, las tensiones en Baja California entre la gobernadora María del Pilar y el exgobernador Bonilla; Ricardo Gallardo y su esposa en San Luis Potosí, son ejemplos destacados de cómo el poder se convierte en patrimonio familiar.

Morena, construido bajo la narrativa de combatir los privilegios y del “no somos iguales” enfrenta su propia versión de nepotismo, cacicazgos y luchas internas que lo van erosionando desde dentro.

La pregunta de si habrá conflicto rumbo a 2027, ya no viene al caso, la verdadera interrogante es si el partido lo sobrevivirá.

X; @diaz_manuel

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