Mundial y Torito: Monsiváis, resucitado, dialoga con Rosa Icela y Luz Elena

Carlos Monsiváis decidió, en el más allá, que en 2026 nada podría estar más en la onda que un proceso de reconstrucción molecular inversa. Lo hizo arrepentido de haber acuñado aquel mote de literatura de la onda que terminó encasillando a tantos.

No es fácil resucitar años después de haber sido incinerado —porque a Monsi lo incineraron, ¿no?—, así que el cronista recurrió a la bio-impresión atómica, un concepto que la nanotecnología rescató de la ciencia ficción.

Monsiváis se las arregló para que su retorno fuera el primer gran hito de esa técnica: átomo por átomo, se introdujo en una impresora bio-atómica 4D de última generación —adquirida por la gerencia del Museo del Estanquillo— y, como ave fénix, se reconstruyó a partir de sus cenizas tras alimentar la máquina con carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, fósforo y mucho, muchísimo azufre.

Recuperó su cuerpo físico: el cabello como evidencia de su guerra perdida contra el peine, anteojos de pasta dura, corbata de rayas, camisa de cuadros y suéter de rombos. El renacido Monsiváis se presentó, con sus felinos de siempre, en la casa de Luz Elena González, secretaria de Energía. Lo hizo acompañado de Rosa Icela Rodríguez, de Gobernación —a esta la hizo venir con algún truco nanotecnológico digno de serie de Netflix—. Ambas son reconocidas entre las principales colaboradora de perfil técnico de la presidenta Claudia Sheinbaum. Monsi apareció de la nada, casi mágicamente, a las seis de la mañana del próximo domingo. Un viaje de volver al futuro en el que el cronista traía una tableta dotada de DisneyPlus para sintonizar ESPN. Invitó a Luz Elena y a Rosa Icela a ver la última etapa de la Tirreno-Adriático, carrera de gran prestigio en Italia que Isaac el Torito del Toro está por ganar.

A ellas no les impresionó el Monsi bio-impreso; académicamente bien preparadas, saben que la ciencia da para eso y más. Lo trataron con amabilidad:

—Siéntate, Carlos, no te quedes ahí como fantasma atolondrado, que no lo eres. ¿Qué traes en las manos? ¿Algo del más allá?

—Del más acá —respondió Monsiváis—. Es la final, en ESPN2, de la Carrera de los Dos Mares. Vengo a recordarles que ahí, en la bicicleta del Torito, está la salida al enfadoso tema del Mundial.

—¿Qué sabes tú de futbol? —inquirió la secretaria de Energía.

—Todo lo que sé se lo debo a Miguel de la Madrid en el Mundial México 86, y también, en el mismo evento, al Abuelo Cruz y a la cursilería de El Norte de Monterrey, padre de Reforma.

La secretaria de Gobernación escuchaba, convencida de que algún mensaje misterioso traía este emisario salido del limbo atómico. Monsiváis prosiguió:

—Antes de recordar la lección que, a punta de chiflidos, aprendió De la Madrid, les voy a contar del Tridente de Neptuno, el trofeo que ganará Isaac del Toro en un rato.

—¿Neptuno convertido en trofeo?

—Aquel dios no, amigas, sino nada más su tridente, una hermosa pieza de orfebrería frente a la cual la Copa FIFA es una bagatela de mercado callejero o un trofeillo de torneo de boliche en Falfurrias, Texas.

La experta en política interior interrumpió:

—Carlos, entiendo la belleza del tridente, pero México espera el Mundial. Debemos apoyar a la presidenta Sheinbaum, quien está concentrada en ese evento porque, bien lo sabes, sobran aliados de la CIA en la comentocracia local que desearían que no hubiera juegos aquí. Y están los problemas geopolíticos… ¿jugará Irán? La guerra en Medio Oriente lo complica todo.

Monsiváis defendió su tesis con pasión:

—Precisamente por eso, Luz Elena, Rosa Icela. La derecha trabaja para que el Mundial sea solo politiquería del espectáculo. Si le sale mal a México, mejor para la oposición. El Mundial será una arena de tensiones y, para colmo, a México lo eliminarán fácilmente. Pero el Tridente… ah, el Tridente es la soberanía del mexicano que viene del México verdadero, de los barrios de la clase media de Ensenada. Si la 4T, de Sheinbaum para abajo, felicita hoy a Del Toro, con la sobriedad y estatura de la la izquierda intelectual, se enviará el mensaje de que México no se reduce a once hombres persiguiendo un cuero y recibiendo más goles de los que anotan. El mensaje será que nuestro país es capaz de empuñar, triunfante, el arma de un dios antiguo en el corazón de Europa.

—Por bello que sea el Tridente, no se compara en relevancia social con la Copa FIFA —insistió la titular de Energía.

—¿No estás de acuerdo, estimada Luz Elena, en que Claudia tomó la mejor decisión al anunciar que no irá a la inauguración mundialista? —reviró Monsi—. Lo escribí en el 86: la rechifla expulsó para siempre del estadio a la política oportunista. El estadio dijo: con esta pasión no se metan ustedes. Sheinbaum es la excepción que aprende en cabeza ajena; ella ha hecho bien al preferir que el foco esté en el balón y no en el debate ideológico, que es un termómetro muy peligroso en eventos de tanta visibilidad global.

—Me alegra que coincidamos, Carlos. Pero, ¿qué tiene que ver con el Tridente?

—El futbol en México genera dosis riesgosas de esperanza que invariablemente terminan en frustración. Así ocurrirá el próximo verano; no lo digo por adivino, que sí soy, sino porque con esa Selección tan chafa, no hay de otra. Un triunfo deportivo de calidad global puede minimizar los efectos de la derrota futbolera. Aquí entra Del Toro. Este domingo ganará el Tridente; y ya fue tercero en la Strade Bianche, y campeón en los Emiratos. Su éxito permite pronosticar un gran papel en el Tour de Francia, cuyo arranque coincidirá, para nuestra fortuna estética, con la eliminación prematura de la Selección.

Rosa Icela Rodríguez sonrió con escepticismo:

—Creo que no eres el verdadero Monsi, sino un columnista de SDPNoticias fanatizado con el ciclismo.

—No inventes, secretaria: soy el Monsiváis que conociste en La Jornada, bio-impreso ahora, naturalmente, es decir, artificialmente, porque me preocupa que no encuentre la 4T opción a la frustración nacional. Un sustituto de la derrota siempre se aprecia. Al reconocer al único mexicano que triunfa en la élite del deporte con la bandera en el pecho, ustedes en la izquierda, sobre todo la presidenta Sheinbaum, desplazarán el foco: Del Toro es la antítesis del estancamiento deportivo.

—¿Ganará Torito el Tour de Francia?

—Probablemente trabaje para Tadej Pogačar, pero al Torito le sobra fuerza para estar en el top 5 y aun en el top 3, o pelear el campeonato si el líder falla. Eso será el colchón de resiliencia emocional para un pueblo otra vez defraudado por el futbol.

—Pareces articulista de SDPNoticias, tiene razón Rosa Icela —dijo un tanto enojada Luz Elena.

—Les demostraré quién soy —sentenció Monsi—. Ya mencioné la cursilería de Monterrey en el 86. Me burlé de aquella campaña de El Norte para que todos se vistieran de verde: píntate el puño, lleva tu toalla verde. Mamonería pura. El de SDPNoticias que mencionas escribía en ese diario y aportó lo que pudo a semejante sangronada. Intervinieron todos en Nuevo León: el rector de la UANL, el alcalde Luis M. Farías, Canales Clariond…, hasta el arzobispo oraba con gorra verde para que el Abuelo Cruz dejara la banca. Dios le hizo caso a medias: el Abuelo —hoy precandidato de Morena a lo que sea— dejó la banca, pero México, como siempre, perdió.

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