Ricardo Monreal, los reformadores y la reforma electoral
En poco más de cinco décadas de vida que el suscrito cuenta, ha podido conocer a muchos y muy singulares personajes de la vida pública y la alta burocracia de este país, gracias a las actividades en que se ha desempeñado.
En el ejercicio del derecho como un postulante embrionario; en el servicio público, en los ámbitos de la seguridad pública y la inteligencia policial -aunque a niveles modestos- y gracias a la incipiente irrupción en el periodismo en el rubro de opinión, le han permitido conocer de manera personal y profesional, a numerosos protagonistas del poder político en México sobre quienes, si el suscrito quisiera, podría escribir historias dispares y anecdóticas dignas de esbozar una sonrisa ligera o hasta una lágrima amarga de parte de sus amables lectores.
Aunque hay un personaje central sobre el que hoy haremos un modesto análisis, que viene dado al lector con la crónica resultante de su contexto, aun cuando el fin del texto esta mañana es otro:
Hoy nos proponemos resaltar la manera puntual y quirúrgica en que fue llevado en términos mediáticos, uno de los muchos temas-asignatura aún pendientes en la gran agenda nacional y que, por razón de su naturaleza como autoridad formalmente constituida, son de la peculiar responsabilidad del gobierno encabezado por la actual mandataria mexicana Claudia Sheinbaum Pardo y su gobierno emanado de Morena, el gran movimiento -partido que da sentido a sus afanes de transformación nacional-.
Sí, la reforma electoral en ciernes que, desde la Cámara de Diputados ha venido ministrando y diseñando el Gobierno de la República, con la singular dirección y asombroso toque de sigilo como de prudencia, del líder de la bancada morenista en ese órgano legislativo y, a la vez, presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo), el diputado Ricardo Monreal Ávila.
Sobre el particular, se debe empezar señalando que el político zacatecano ha seguido ‘por nota’ las instrucciones y el interés de la presidenta de México y ha mostrado un asombroso despliegue de ingenierías, tanto política como mediática, para ir paulatinamente hasta la cresta de la ola noticiosa y con el tema ‘a cuestas’, no obstante que hubo por lo menos otro gran tema de impacto noticioso en el país, como lo fue el ‘abatimiento’ de “El Mencho” durante maniobras para su captura, por parte de elementos de las fuerzas militares y de seguridad mexicanas.
Se puede afirmar incluso con toda franqueza, que gracias a Monreal y su experiencia, la presidenta Sheinbaum ha podido traducir y hasta materializar sus genuinos como bien intencionados planes de ofrecer a la sociedad mexicana, una ley electoral de avanzada que sea congruente con las necesidades de austeridad y racionalidad en el ejercicio del gasto público en el país hoy día.
Monreal ha sabido llevar el mensaje ‘oficial’ del gobierno de Sheinbaum (en materia de reforma electoral) expresado en voz propia de la presidenta; ha sabido ir del significado “puro” y léxico de las declaraciones en la ‘mañanera’ a revelar la intencionalidad de Sheinbaum, quizá más atenuada y asequible para el auditorio.
El líder de San Lázaro ha podido ayudar a construir, sobre la marcha y en función de la propia demanda informativa de la población de los últimos días sobre el tema de la reforma en particular, que la propuesta de reforma que parte de la presidenta Sheinbaum, se haya venido ‘modulando’ y adecuando a la realidad que demanda el país.
Monreal Ávila ha sabido mantener la esencia pragmática del discurso, por sobre la semántica misma de las frases de los textos políticos y las declaraciones oficiosas. Y ha incidido de algún modo en la presidenta Sheinbaum para que su propuesta se empiece a modular y a ser un tanto más posible de acuerdo a la realidad nacional y del mundo.
El exgobernador zacatecano, como excelente jurista que es, conocedor de la teoría Emmanuel Kant, sabe de la naturaleza intersubjetiva del poder y del Derecho en sí, por lo que puede reconocer que toda relación de poder, entre autoridades y gobernados, debe constituirse en una relación entre dos arbitrios… y no entre el arbitrio de uno y el simple deseo del otro.
Si al inicio de la discusión pública, Sheinbaum Pardo habría propuesto la eliminación radical de todos los diputados que llegaran por la vía plurinominal, hoy, lo que se escucha en los pasillos y desde la rumorología, es que la propuesta final que habrá de conocerse en los próximos días, será la de que de los doscientos diputados federales que originalmente llegaban por la vía de la representación proporcional, ocho serán las curules asignadas a mexicanos representantes de nuestra población en el extranjero, noventa siete diputaciones se obtendrán de aplicar una especie de “regla” para que llegue el mejor segundo lugar en número de votos obtenidos, proveniente de un listado dado por los partidos, pero cuyos candidatos tendrán que hacer campaña en el terreno; y los otros noventa y cinco restantes, según lo que se escuchan se reitera, serán sometidos a la votación directa y universal de los electores.
Aquí ya se distingue una sensible modificación a la propuesta; por lo menos 97 de doscientos, serán diputados propuestos por las voces institucionales que pueden garantizar calidad en el debate parlamentario y sobre todo, equilibrio de fuerzas.
Sobre el tema financiero, merece mención aparte, pues hay mucho qué discutir y poner sobre la tela de juicio en ese rubro.
Lo que sí es perfectamente comprensible, es que, simultáneamente, Sheinbaum y su gobierno pretendan una genuina reforma electoral que sea adecuada a las necesidades del país pero, que sea a la vez lo suficientemente funcional para que siga siendo aplicada armónicamente en subsecuentes ejercicios electorales nacionales y, claro, ya de paso y si se pudiese, que le “cuadre” a ella y a los principales estrategas y dirigentes de su partido -incluido el que radica en Palenque, Chiapas- como para seguir obteniendo buenos resultados en los próximos años y que su tendencia a mantener la hegemonía electoral perdure por el mayor tiempo posible.
¡Es lógico!… y legítimo también, por supuesto. Estamos frente a una lideresa genuina de su partido-movimiento; de frente también a una política profesional que tiene conciencia sobre lo arduo que fue el camino para llegar al poder que han recorrido ella y sus correligionarios y que, por nada del mundo está dispuesta a olvidar y “echar por la borda”.
Pero que, por otro lado, debe asumir con madurez, como la jefa del gran Estado que es y simultáneamente como la gran jefa de Gobierno que también es, por la naturaleza del poder constituido en México, con un sistema presidencialista, que debe hacer prevalecer las condiciones evolutivas del poder mismo en nuestro país, a lo largo de su historia reciente.
Y es que, durante el largo proceso evolutivo de nuestro país hacia un régimen democrático a lo largo del siglo XX, el germen de oposición emergente frente al régimen hegemónico imperante en ese lapso (la revolución institucionalizada), luchó genuina y fervorosamente por lograr la apertura del poder y el acceso a la discusión de las grandes decisiones del Poder Ejecutivo.
En ese tiempo, los políticos de izquierda tenían que hacer política desde las universidades públicas, los centros de trabajo, las grandes plazas y plazuelas. Cuando no era desde la clandestinidad misma, en el peor de los casos.
La población mexicana no desea que se repita ese deplorable espectáculo. Todos los mexicanos merecen ser escuchados en igualdad de circunstancias y merecen votar y ser votados, en los términos también de la igualdad, que es un atributo de la justicia mexicana.
De ahí la importancia que revisten los espacios políticos que garanticen la llegada de las mentalidades más lúcidas y representativas del quehacer y del sentimiento nacionales, a los órganos de deliberación política popular más importantes del país.
Heberto Castillo Martínez, Arnoldo Martínez Verdugo, Pablo Gómez y Cuahtémoc Cárdenas fueron tres de los más conspicuos luchadores y forjadores del movimiento opositor al PRI sistémico del siglo XX, que se ubicó en una izquierda notablemente radical.
Ellos tres, por citar a solo tres de muchos -indudablemente- personajes igualmente valiosos y comprometidos con su causa, fueron antecesores -por razón etaria- tanto a Andrés Manuel López Obrador como a Claudia Sheinbaum Pardo, y una de sus demandas más sentidas de su movimiento, fue que ellos, desde su movimiento y todas sus limitaciones inherentes, no tenían recursos mínimos suficientes ni financieros ni de penetración social, para ser llegados a conocer por la población mexicana electoral en general y por tanto no podían llegar a participar nunca en un proceso electivo regular en el país, como los de entonces pues ni siquiera sus opciones electorales tenían cabida -reconocimiento legal- por parte del Gobierno y la norma imperante. A lo que había que sumarle que tampoco ellos en lo personal, tenían cabida en las únicas opciones partidistas reconocidas por aquella norma vigente en el país; por lo que su trabajo de difusión y de cautivar al electorado pues resultaba una tarea materialmente imposible.
El trabajo legislativo, por otra parte, ha tenido grandes expositores a lo largo de la historia en nuestro país y no en una, sino en todas las corrientes políticas legalmente aceptadas.
Del lado del PRI, que era el partido que estaba en el poder, existieron cerebros y voces muy brillantes, que ya quedaron en la historia, como los grandes estadistas que tuvieron la visión, de proponer y de echar a andar la primera gran reforma política mexicana que transformó el sistema político parlamentario, puso a México a la altura de las mejores democracias del mundo.
Aquellos hombres fueron Don Jesús Reyes Heroles, José Luis Lamadrid Sauza, Rodolfo González Guevara, Ernesto Ávarez Nolasco, quienes desde la Secretaría de Gobernación y la Cámara de Diputados y, antes, desde el Comité Ejecutivo Nacional del PRI, pensaron y planearon la necesidad de abrir el sistema político para que las minorías tuvieran voz y presencia real y efectiva. Ellos tuvieron la venia, la aceptación y la autorización del presidente de la República, José López Portillo quien, en el aspecto ideológico, filosófico y político, tiene un lugar positivo en la historia de México.
Otros legisladores priístas brillantes fueron: Trinidad Lanz Cárdenas, Salvador Rocha Díaz, Miguel Montes García, Diego Valadés, Manlio Fabio Beltrones, Luis Donaldo Colosio, Augusto Gómez Villanueva, Porfirio Muñoz Ledo (en su época priísta y también como opositor), Beatriz Paredes Rangel, Pedro Joaquín Coldwell, Dulce María Sauri, Sami David, Rodolfo Echeverría Ruiz y Luis M. Farías, Dante Delgado Rannauro, Juan José Bremer, Alfonso Martínez Domínguez, Enrique Ramírez y Ramírez, Javier Treviño, Humberto Roque Villanueva, Heriberto Galindo Quiñónes, Eloy Cantú Segovia, José Ángel Pescador, Luis Medina Peña, Romeo Flores Caballero, Roberto Campa Cifrián y Florentino Castro.
Esos avances logrados por la gesta de la oposición de izquierda y de derecha y por el pensamiento lúcido del priismo de entonces, encabezados por el excepcional Jesús Reyes Heroles y secundado por el no menos brillante José Luis Lamadrid Sauza, no pueden “echarse por la borda” y en todo caso deben mejorarse en bien de la democracia mexicana; de ahí que debe cuidarse que la representación proporcional de las minorías, siga estando garantizando en la nueva reforma electoral que estará a discusión de los parlamentarios mexicanos y del Constituyente Permanente. Debe garantizarse también, la existencia de recursos financieros, para que operen los órganos electorales y deberá cuidarse y evitarse la sobrerrepresentación parlamentaria de cualquier opción política.
Por el PAN destacaron personajes de la talla de Carlos Castillo Peraza, Luis H. Álvarez, Gabriel Jiménez Remus y Adolfo Christlieb Ibarrola.
Así entonces; es de esperarse que prosperen la moderación y el interés superior de la República en estas negociaciones; por el bien de México y las nuevas generaciones.
Héctor Calderón Hallal: @pequenialdo; @CalderonHallal1