La deuda municipal con las mujeres políticas
Cada 12 de febrero, la narrativa oficial nos invita a celebrar. Se cumplen años desde aquel 1947 cuando, tras décadas de insurgencia feminista, se reconoció el derecho de las mujeres mexicanas a votar y ser votadas en el ámbito municipal. Pero hoy, en pleno siglo XXI, la efeméride no puede ser sólo un recordatorio con el que debamos conformarnos, debe ser un acto de justicia y vigilancia política.
El municipio es la célula básica de nuestra organización social, pero históricamente ha sido también el bastión más férreo del patriarcado. Es ahí, en el territorio más cercano a la gente, donde las barreras para las mujeres son más físicas, más personales y más violentas.
Cuando una mujer se postula para una alcaldía o regiduría, su mayor adversario no es la oposición, sino un sistema de estructuras y cacicazgos que la excluye si no sirve a sus intereses. En este escenario, la preparación queda relegada frente a las barreras de un patriarcado político que se resiste a soltar el control del territorio teniendo al municipio como negocio propio.
Honramos a las mujeres que abrieron la brecha, sí, pero esa honra es hueca si no señalamos las deudas pendientes:
El mito del “piso parejo”: La paridad en la ley es un avance, pero la paridad sustantiva en los recursos es una simulación. Las candidatas siguen recibiendo menos financiamiento y menor cobertura mediática, lidiando con estructuras partidistas que aún prefieren el “dedazo” masculino.
La violencia como estrategia de silenciamiento: La violencia política contra las mujeres, no es un incidente aislado, es una herramienta sistemática para expulsarnos del espacio público que va desde el hostigamiento digital hasta la violencia física.
La misoginia estructural: No basta con estar en la boleta si el ejercicio del poder sigue condicionado a la aprobación de los hombres o si la compra de votos desvirtúa la voluntad ciudadana, perpetuando cacicazgos que asfixian el cambio.
No queremos sólo el derecho a participar, exigimos el derecho a ejercer el poder en condiciones de libertad y seguridad. La democracia municipal será feminista o no será democracia. Porque votar es apenas el inicio, gobernar sin que cueste la vida, la integridad y la tranquilidad es la verdadera conquista que aún tenemos por delante.
En memoria de las mujeres que lucharon en 1947, juntas impulsemos elecciones limpias, presupuestos dignos y ni una candidata más, violentada.
Jennifer Islas
Excandidata a presidenta municipal
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