Libro de Scherer: cuando el coautor (Fernández Menéndez) se apropia del mensaje
Puesto a elegir entre Julio Scherer Ibarra y Jesús Ramírez Cuevas, me quedo con Scherer. Al primero lo aprecio; al segundo no.
Más allá de mis preferencias personales, le creo a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo cuando afirma que Ramírez es un hombre de principios cuya verticalidad le consta desde la época de su activismo universitario.
Autor y coautor
Más que libro de memorias, Ni venganza ni perdón parece una colección de hechos que conoció su autor (Julio Scherer Ibarra), pero también de supuestas revelaciones anteriormente publicadas por el coautor (Jorge Fernández Menéndez, quien en la obra no es solo un entrevistador, sino que aporta su propia, cierta o falsa, información).
No soy abogado, pero lo anterior quizá aligeraría de presiones jurídicas a Scherer si alguien decidiera demandarlo por daño moral: podría argumentar que lo más delicado dado a conocer —las relaciones de Sergio Carmona, AMLO y Ramírez Cuevas— no las cuenta el exconsejero jurídico de la 4T, sino el periodista cercano a Ricardo Salinas Pliego que, en el colmo del reto a la izquierda mexicana, la semana pasada estuvo en una reunión de la ultraderecha de EEUU.
¿Qué parte del libro es memoria directa de Scherer y qué parte es reconstrucción de columnas periodísticas ya difundidas por el coautor, como una de 2024 a la que hoy hace referencia Carlos Marín en Milenio, en la que Fernández habla de Carmona, el huachicol, etcétera?
Fernández Menéndez no aparece en el libro Ni venganza ni perdón como un simple escribano. En esta obra claramente su papel es el de un periodista con fuentes propias y agenda específica (Salinas Pliego, principal enemigo de la 4T; ultraderecha de EEUU, que insiste, afortunadamente con ingenuidad, en acabar a la mala con el proyecto de izquierda en México).
Tales elementos no necesariamente invalidan la información —se necesitarán muchos más datos para saber si es verdadera o falsa—pero sí la contextualizan políticamente, y aun geopolíticamente.
¿Necesitaba Scherer un coautor?
Conozco a Julio Scherer como persona —es un excelente ser humano— y lo reconozco como pilar fundamental del proyecto político de la 4T, que digan lo que digan sus críticos, incluido el propio Julio, ha cambiado para bien a México.
Creo que Julio solo necesitaba un acompañante en la aventura editorial si la información más impactante no es del exconsejero jurídico, sino del periodista que a diario la comenta en distintos medios de comunicación.
En el libro, la carnita la pone Fernández. Una carnita informativa que sin la firma de Julio sería una volada más, de las muchas que difunde la comentocracia mexicana.
Bajo esta lógica, Fernández Menéndez —quien por sus nexos con la inteligencia de EEUU y su cercanía con Salinas Pliego maneja al año cientos de filtraciones normalmente voladas, que suelen ser ataques dirigidos— utiliza a Scherer como validador.
Es un juego de ganar-ganar en el comercio editorial. Jorge Fernández pone el sensacionalismo y Julio Scherer, solo por su nombre de gran peso moral, lo hace creíble —voladas que se convierten en secreto de Estado—. Resultado: habrá más ventas de libros y más regalías para ambos. Gran jugada.
Tales datos, casi todos ya manejados en columnas de Fernández, se tomarían como simple golpeteo mediático solo expresados por la comentocracia que detesta a la 4T, pero en un libro firmado por quien fue el consejero jurídico de AMLO adquieren otra dimensión.
Si el libro lo firmara solo Scherer, sería un testimonio irreprochable, independientemente de lo que dijera. Al firmar también un aliado de Salinas Pliego ligado a la ultraderecha global, Ni venganza ni perdón es un episodio más en la disputa por el relato de lo que fue y lo que es la 4T.
Preguntas relevantes
Repito lo anterior en forma de preguntas: ¿Fernández Menéndez es solo el entrevistador que ordena los recuerdos de Scherer o es también coproductor de revelaciones? La segunda opción parece la correcta.
¿Los datos sobre Carmona y Ramírez provienen exclusivamente de lo que Scherer supo en el gobierno o se nutren de fuentes del propio columnista? La segunda opción parece la correcta.
¿Necesitaba Scherer un coautor por razones narrativas, o porque algunas de las piezas del rompecabezas no eran enteramente suyas? La segunda opción parece la correcta.
El coautor es el mensaje
En el libro de Scherer, el hijo del periodista legendario es el mensajero, pero el mensaje más fuerte, en mi opinión, es Fernández Menéndez. No solo por su firma en la portada, sino por su trayectoria, sus alianzas mediáticas y su posición radicalmente de ultraderecha en el ecosistema político-periodístico.
En el caso de Ni venganza ni perdón, lo que está en juego no es solo la veracidad de episodios concretos —eso lo dirán las pruebas, que no se han aportado, y el tiempo, que pondrá a cada quien en su lugar—, sino la batalla actual a favor y en contra de la 4T.
Nunca voy a hablar mal de Julio Scherer —ha sido siempre generoso conmigo—. Pero su libro, por el coautor, lo inscribo en la categoría del despropósito intelectual, seguramente generado por el hecho de que Julio se sintió injustamente perseguido hace unos pocos años. El heredero de la mayor estirpe del periodismo ético y progresista de México, no tenía por qué asociar su nombre a alguien que evidentemente construye sus historias, con algunos datos reales o totalmente inventados, con materia prima fabricada en los cuartos de guerra de la ultraderecha.