Los ahorros han sido siempre la falsa justificación
La autoproclamada 4T, en su afán de continuar el “proceso de transformación” de México ha utilizado reiteradamente el discurso de los ahorros como justificación ante el número de reformas que ha implementado.
Me refiero en este texto a dos. La reforma judicial y la electoral. Se recordará que AMLO y sus corifeos desde un principio alzaron la voz para denunciar los “excesos” cometidos por Norma Piña y el resto de los ministros de la Corte. Fueron acusados sin miramientos de ser ostentosos, de gastar enormes sumas de dinero en lujos y de percibir altos salarios. Se les señaló, en el caso de la Suprema Corte, también de haber servido parcialmente al PRIAN y de haber apoyado, en resumidas cuentas, a la mafia del poder.
Si bien no se conocen aún los detalles de la reforma electoral que se viene, se anticipa que podría contener algunos -o todos- de los elementos que estuvieron incluidos en los intentos de reforma de AMLO, mejor conocidos como los planes A y B.
De nuevo, al igual que con la judicial, la justificación pública ha sido que el proceso electoral mexicano es altamente costoso, que el salario de los consejeros del INE es muy elevado, que las elecciones son unas de las más caras del mundo, y que la reforma perseguirá el objetivo de reducir los costos de la democracia. Así lo “exige” el pueblo, aseguran.
Estos argumentos pueden resultar válidos, pues ningún mexicano de a pie podría manifestarse en favor de que enormes sumas del dinero público de los contribuyentes sea destinado a mantener partidos políticos. Sin embargo, los ambiciosos proyectos de infraestructura lanzados por el obradorismo, tales como el Tren Maya, el AIFA, el Interocéanico o la refinería de Dos Bocas no hablan más que de un dispendio descomunal que supera por mucho cualquier costo de las instituciones que han destruido.
Sumado a ello, la quiebra de Pemex y el petróleo que ha sido entregado a Cuba traslucen el hecho de que en el gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum el dinero es un asunto secundario. Sin embargo, el discurso es convincente. Y no debe olvidarse, desde luego, el escándalo del huachicol fiscal, mismo que, de acuerdo a fuentes oficiales, se ha convertido en el mayor quebranto a la hacienda pública.
La realidad, a mi juicio, no responde a una prioridad de ahorrar recursos económicos, sino de utilizar esta atractiva propaganda política con el objetivo de desmantelar a las instituciones del Estado mexicano, y de consumar, por fin, el deseo del ex presidente AMLO de hacer desaparecer a un INE, que si bien hizo posible su triunfo en 2018, ha estado desde siempre en la mira de los obradoristas.
Se escuchará decir a todos los voceros del oficialismo sobre las bendiciones de los ahorros que serán aportados por la reforma electoral. ¿Por qué no hacer más con menos? Dirán sin cesar. Sin embargo, los verdaderos objetivos son claramente otros.