BTS y K-Pop: ingenuo pensar que la presidenta es ingenua
México tiene más de 14 millones de fans de K-pop en Spotify y es el 5º mercado mundial en la plataforma. Dentro de esos fans, casi 7 de cada 10 tienen 29 años o menos. Se trata de los primerovotantes en 2017 y 2030, los que por cierto, más votan. En el caso BTS, el fenómeno político-mediático se explica por la brecha entre demanda y oferta: se reportó que 1 millón de jóvenes quería ir vs 150,000 boletos disponibles para mayo 2026 en CDMX. Y el Estado desde Profeco, entró a vigilar la venta tras miles de quejas del fandom.
En medio de esa polémica, se publicó en este espacio la columna del brillantísimo Federico Berrueto, que además de ser un estadista, tiene la plenitud de la integridad… pero en este caso, un sesgo inadvertido condiciona su visión: el adultocentrismo y la silenciosa y encubierta misoginia.
No le culpo… el sistema que nos forma y rige tiene ese toque: disminuir simbólicamente a los pobres, a los jóvenes, a las mujeres, a los débiles. Demeritarles aunque sea de manera amable. Eso hace en su más reciente columna en la que reduce al fandom del K-pop en una corriente cultural juvenil sugiriendo que es pasajera e irrelevante, en la que afirma que la presidenta debería repensar la mañanera porque aquel espacio, según el estadista, la expone y desgasta en términos del padecimiento de la “Chimoltrufia”: que un día dice una cosa, y así como lo dice, puede decir otra. O sea, que se contradice. AMLO hacía ejercicios similares, pero es hombre y no recibió una sugerencia de silencio aún con sus contradicciones, que eran leídas como autenticidad. Si eres hombre y cambias de opinión, eres auténtico pero sí eres mujer, eres Chimoltrufia.
Comencemos por la estadística.
De entrada, el INE en su estudio muestral (elección federal 2018) estima que el grupo 18–19 años tuvo 60.4% de participación. Ahí es donde se encuentra el “fandom” del BTS y eso es alto para estándares juveniles. El dato quiere decir que la primera votación de los mexicanos recién entrados en edad electoral es motivada a las urnas por cuestiones emocionales: el primer voto tiende a no ser el peor tramo de abstención (lo más bajo aparece más bien en rangos jóvenes ampliados, como 20–29, según el mismo estudio del INE). Después del primer voto, parece que la política desanima a los primerovotantes y comienza la estadística de abstención juvenil.
Aún así, el tamaño del “voto joven” en padrón (referencia INE 2024) de la población 18–29 suma ~25 millones en el padrón vigente. Aquí está el punto clave: los primeros votantes de 2027 (quienes cumplen 18 cerca del ciclo electoral) son un subconjunto pequeño del bloque 18–29 y pueden ser desde 14M de fans K-pop en Spotify en México hasta 70% dentro del rango de 29 años dentro de ese fandom. Es decir, que más allá de la generación Z estimada por nuestro buen compañero y estadista, entre 18 y 29 en padrón son más de 25 millones de personas -votos-.
El hecho es que Claudia Sheinbaum, con la maestría que le caracteriza, aprovecha dos de sus grandes fuertes: primero, hacerse viral entre los más jóvenes entendiendo que su voto es emocional y digital.
Son millones los que van a votar por canciones virales de Claudia Sheinbaum en redes sociales como aquella de “hacer más preparatorias que queden cerca de la casa”. Y si lo leíste con tono melódico, estás confirmando esta afirmación. Millones votarán porque la presidenta apoya al BTS y al K-pop, por haber tomado partido del lado de los fans para abrir más fechas de concierto y tal vez, ya está negociando una presentación gratuita en el zócalo capitalino. Tal vez, porque son más aficionados a TikTok de lo que son a los periódicos tradicionales.
Se han burlado de su carta hacia las altas autoridades de Corea del Sur por solicitar más fechas de concierto y han juzgado sus capacidades así como prioridades geopolíticas calificándola de superficial cuando, en realidad, los grandes conflictos del mundo pueden resolverse gracias al soft power.
El soft power se construye principalmente a partir de tres fuentes: Cultura…Música, cine, series, deporte, moda; valores políticos y; política exterior percibida como legítima. Le critican que en medio de las tensiones internacionales que vivimos, ella se pronuncie por BTS, como si políticos académicos hubieran terminado las tensiones grasias a sus exámenes perfectos. En realidad, la presidencia construye legitimidad sin represión ni imposición, con carisma y diálogo. No es un tema de competencias o de política exterior, da igual si en términos de diplomacia geopolítica se malinterpreta.
Es relevante de manera simbólica e implica su vigencia política y permanencia. Es brillante. El K-pop no es un nicho cultural: es una masa electoral latente. No vota por idols, pero sí responde cuando el poder reconoce su existencia. En una democracia fatigada, trescientas mil voluntades juveniles movilizadas no son moda sino aritmética política.
Encima de eso, el soft power tiene el poder de relajar tensiones y brindar respiros en los momentos complejos. Pocos liderazgos han logrado trascender solo con tecnicismos y tensiones. El carisma es la gasolina de la democracia y la presidenta Sheinbaum lo sabe. Le he preguntado al ChatGPT sobre la distribución estadística de votos jóvenes a partir del padrón del INE para facilitar nuestras matemáticas y me ha dicho que:
Entre los escenarios más y menos optimistas del INE según los datos, las juventudes entre 18–29 podrían dividirse así:
8.4M / 25M = 33.6%9.8M / 25M = 39.2%11.2M / 25M = 44.8%
Para pasar de “personas” a “votos”, necesitamos:
Registro efectivo en lista nominal (cercano a 1 pero no perfecto).Turnout (participación).
Con un supuesto prudente:
90% de los elegibles están efectivamente habilitados/registrados al momento electoral.Turnout promedio de ese segmento ≈ 55% (consistente con que 18–19 está en 60.4% y 20–29 ronda bajos 50s en 2018).
Entonces:
Escenario A: 8.4M × 0.90 × 0.55 ≈ 4.16M votosEscenario B: 9.8M × 0.90 × 0.55 ≈ 4.85M votosEscenario C: 11.2M × 0.90 × 0.55 ≈ 5.54M votos
Rango razonable: ~4.2 a ~5.5 millones de votos potencialmente “tocables” por una agenda o campaña que conecte con esa identidad cultural (ojo: no son votos cautivos; es “audiencia políticamente direccionable”).
O sea que hay cerca de 6.37M de fans entre18–29 que votan según el TikTok y representan una fuerza electoral estratégica.
Finalmente, en este espacio don Federico Berrueto calificó a la presidenta Claudia Sheinbaum como imitadora de “La Chimoltrufia” porque según el autor, como dice una cosa, dice otra. No obstante, aquello parece misógina clasista y en el fondo de su columna, adultocentrista. Primero porque degrada la autoridad de la presidenta, siendo que durante el periodo de López Obrador, sus cambios de tendencia o de opinión no eran investigados, pero Berrueto sugiere que la presidencia actual debería callarse. Aún cuando se ha demostrado el alcance y poder de las mañaneras en los ciudadanos mexicanos, que ven más el Youtube de Claudia que nuestras elucubraciones escritas y que sin ser parte del círculo color cereza, lo definen todo. Claudia habla a las masas juveniles con éxito y respaldo estadístico: esa generación vota según las tendencias en redes y representan números decisivos. Los académicos hablan en números cuadrados y en estereotipos.
Lo más destacable es que hay nuevas tendencias reemplazando el poder de decisión de los círculos color cereza o medianamente decisivos. Aquello se basa en el soft power, en la capacidad de construir opinión y preferencia sin imposición. Eso lo hace el México de hoy y su carisma permite disipar tensiones con el reconocimiento pleno de que la cultura de países asiáticos es exitosa y querida en nuestro país. Ignorar a las nuevas generaciones resulta adultocentrista, una forma de discriminación contra los más jóvenes basada en la edad.