Las infancias nos están dando una gran lección
Escuchar a las niñas y niños y actuar en consecuencia es clave para dejarles un planeta más limpio, más justo y más verde.
Hace poco, una niña me preguntó: “Si sabemos que el agua se puede acabar… ¿por qué la desperdiciamos?”
No fue una pregunta difícil, fue una pregunta honesta. Y me hizo pensar en algo muy claro: muchas veces las infancias entienden mejor que nosotros lo que está pasando con el planeta.
Hoy, niñas y niños ven el medio ambiente como parte de su vida diaria. Para ellos, cuidar el agua, los árboles o a los animales no es un tema aislado, es algo natural. Ellos viven cuando falta el agua, cuando hay basura en las calles o cuando un parque está descuidado. Y preguntan, porque quieren entender.
Muchos de nosotros crecimos creyendo que el agua siempre estaría ahí, que la basura desaparecía sola y que la naturaleza podía aguantarlo todo. Nadie nos explicó que nuestras acciones tenían consecuencias. Cuando lo entendimos, el daño ya estaba hecho.
Hoy vivimos los resultados de ese descuido. La falta de agua, las sequías, la contaminación y la pérdida de áreas verdes no aparecieron de repente. Son consecuencia de años de no cuidar lo que teníamos. Por eso ya no podemos seguir viendo el cuidado del medio ambiente como algo opcional.
Escuchar a las niñas y niños siempre resulta interesante porque hacen preguntas que nos invitan a reflexionar sobre este y otros temas. Esta vez me llevó a recordar, una vez más, que cuidar el planeta no es un favor, es una responsabilidad. Y que no se trata solo de grandes acciones, sino de pequeños hábitos que debemos repetir todos los días.
Por eso, la educación ambiental no es solo aprender conceptos en la escuela. Es aprender a cerrar la llave, a separar la basura, a respetar a los animales y a cuidar los espacios comunes. Es entender que lo que hacemos en casa, en la calle y en la escuela, sí importa.
Cuando estos aprendizajes se viven de forma sencilla y práctica, las niñas y los niños los adoptan rápido. Muchas veces son ellos quienes nos corrigen a los adultos y nos dicen: “eso no se hace” o “eso daña al planeta”. Y tienen razón.
Por eso el papel del gobierno es tan importante. No basta con pedirle a la gente que cuide el medio ambiente si no se crean las condiciones para hacerlo. Gobernar también es educar, acompañar y dar el ejemplo.
Los gobiernos verdes trabajan con esa idea: cuidar el medio ambiente es cuidar a las personas. Proteger el agua, manejar bien la basura, respetar a los seres sintientes y conservar las áreas verdes mejora directamente la vida de las familias. No lo hacemos como discurso, sino como una forma de gobernar.
Cuando desde el gobierno se apuesta por la educación ambiental, se forman comunidades más conscientes y responsables. Se enseña que cuidar el planeta no es una moda, es una costumbre que debe formar parte de nuestra vida diaria.
Legislar también es educar. Es pensar en el futuro y actuar desde hoy. Es tomar decisiones para que las nuevas generaciones no tengan que pagar las consecuencias de nuestros errores.
Las infancias nos están dando una gran lección: el futuro se construye con acciones diarias. Si las escuchamos y actuamos en consecuencia, podemos dejarles un planeta más limpio, más justo y más verde.
Porque cuando ponemos a las personas y al medio ambiente en el centro, los gobiernos verdes se convierten en una forma distinta y responsable de gobernar.