Trenes. El relumbrón borbónico que enceguece a Gómez Leyva y a Reforma
México intenta levantar de sus cenizas un sistema de ferrocarriles que funcione. Hay problemas, sin duda. Pero, ¿tiene sentido regodearse con el accidente del tren Interoceánico, en Oaxaca, mientras se aplaude la falsa excelencia del sistema ferroviario español hoy en una gran crisis —esto con el agravante de que, en el pasado, operó con razonable eficacia—?
Ciro Gómez Leyva, el 27 de enero en Excélsior, en su columna “El tren, a la espera de Ernestina”, comapró el accidente ferroviario en México con uno de los —solo uno de los ya numerosos en enero de 2026— accidentes e incidentes de la red de ferrocarriles española.
Desde que reside en Madrid, el querido Ciro ha hecho de su columna una especie de crónica de las maravillas de la vida en España al mismo tiempo que lamenta el infierno de la realidad mexicana —desde luego, como él la percibe—.
Quizá la columna de Gómez Leyva en Excélsior ya no debería llamarse “365 días”, sino “El complejo de superioridad de vivir en la capital del Reino mientras se escupe sobre la miseria de la República a la que se renunció por el Peje”.
(Aclaración necesaria: Para anticipar posibles críticas aclaro que escribo en las montañas de Cataluña, en una pequeña localidad del reino español que sueña con ser algún día parte de una república. He estado algunas semanas aquí, por motivos personales. Volverá en un par de días. Quizá por la vocación antimonárquica de la gente que vive en los Pirineos catalanes no he encontrado en este lugar, por más que lo he buscado, nada parecido al relumbrón borbónico que encandila a mi amigo Ciro…, y también a sus seguidores más leales, los editores de Reforma).
Ciro dijo antier que, a diferencia de lo ocurrido en México, “España cuenta con una reconstrucción prácticamente completa de los hechos”. Se refiere al descarrilamiento de un tren en la provincia de Córdoba.
Al columnista le apantalló que la comisión oficial de investigación del accidente en España lograra, “desde los primeros días ensamblar un relato con precisión”. En éxtasis casi religioso Gómez Leyva dijo que España “tiene una explicación”, mientras que en México, la fiscal Ernestina Godoy, en un mes, no dio ningún resultado porque, según él, “la 4T no se investiga a sí misma”.
Un día después de que Ciro grillara a Ernestina, esta dio una explicación, que como era esperable no gustó a la derecha mexicana.
Reforma, que se quedó sin periodistas creativos, plagió a Gómez Leyva y dijo, al dar a conocer las conclusiones de la investigación realizada por Godoy, que demoró “un mes” el informe de la FGR —como si se tratara de toda la eternidad—, y repitió la comparación que Ciro hizo con el reino europeo que enloquece a tanta gente mexicana: “En 5 días informó España”.
Lo que olvidaron Gómez Leyva y Reforma es que, en enero de 2026, la red ferroviaria española ha caído en una fuerte crisis, trágica por la pérdida de demasiadas vidas, y terrible para la productividad porque el sistema, ahora cabeza abajo, ha generado complicaciones de movilidad muy importantes. Más que cuestionamientos objetivos parecen politiquería contra la presidenta Claudia Sheinbaum.
El 18 de enero, en Adamuz, Córdoba, se presentó uno de los accidentes más graves en la historia ferroviaria de España. Un choque de dos trenes provocó 45 víctimas mortales y cerca de 300 heridos.
Dos días después, en Gelida, Barcelona un tren chocó contra un muro que se había derrumbado. Murió el maquinista y 41 personas quedaron heridas.
Además de estos siniestros, la red ferroviaria española ha sufrido constantes problemas operativos: el 20 de enero un descarrilamiento en Blanes, Gerona: no hubo heridos, pero la circulación quedó interrumpida. Antes, el 17 de enero, se incendió el techo de un tren en Tortosa, Tarragona. Se tuvo que evacuar la estación. En Andalucía, por las lluvias se interrumpió la Circulación entre Linares-Baeza y Alcázar de y entre Algeciras y Bobadilla. En Cataluña se suspendió el servicio entre Figueres y Portbou. En Madrid/Segovia hubo cortes cortes temporales de circulación.
La alta velocidad de los tres españoles desde hace una semana es un recuerdo lejano. La Vanguardia, de Barcelona, ha informado que recorridos de esta ciudad a Madrid que se hacían en 2 horas y media, hoy toman el doble de tiempo, ello sin contar los retrasos que son ya la norma.
La IA dice: “La situación actual de la red ferroviaria española se describe unánimemente en los medios y por los actores sociales como la peor crisis de su historia reciente”. La seguridad de sus trenes, que tanto presumía España, ya no está garantizada, por lo tanto, se ha tenido que reducir la velocidad, lo que genera problemas de todo tipo para los negocios y el turismo.
Además de los accidentes e incidentes, solo en enero se han registrado más de 20 puntos críticos en la red ferroviaria reconocidos por las autoridades. Es una crisis de Estado por la dependencia de la sociedad española de sus trenes que han dejado de ser confiables.¿Qué dice la gente de republicana española al comparar los problemas ferroviarios de México y España? Cito tres opiniones que recogí en distintos diálogos:
1.- “La diferencia es trágica: en México el tren empieza a existir, y en la España de los Borbones es una trampa de metal que paga los lujos de la monarquía reduciendo la seguridad del pasajero.”
2.- “La falta de trenes en México es una herida, pero el colapso ferroviario español es un crimen de gestión monárquica. Lo que se necesita es menos lujo de opereta reyes y princesas y más inversión en las vías”.
3.- “En México el tren es una quimera porque no existe, pero aquí en el Estado español es una trampa mortal: los Borbones han gastado en boato y represión lo que debería haber ido a parar a unas vías que ahora se caen a trozos”.
4.- “En México no hay trenes, pero aquí el Estado del bienestar borbónico es una ruleta rusa: como pueden ser seguras las vías, pueden no serlo”.