La desfachatez de salir en defensa de la Suprema Corte

Ha sido bien documentado que la elección judicial de 2025 no fue sino una grosera operación de Estado dirigida a imponer a un número de ministros, jueces y magistrados cercanos o afines al régimen gobernante. Así ha sido expuesto en artículos, ensayos y libros nacionales y extranjeros.

En otras palabras, la elección judicial conllevó la muerte de la república, entendida ésta como un modelo de Estado cuyo pilar se sustenta en la división e independencia de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, de acuerdo a los postulados de los filósofos ilustrados y de los principios mismos de las democracias liberales.

Sin embargo, se han –o se habían– mantenido las formas. El artículo 49 de la constitución representa –o representaba– unas de las columnas vertebrales del Estado mexicano. En él se establece que los tres poderes de la unión son independientes y que no pueden depositarse en una misma persona o corporación. Ese texto es hoy letra muerta.

La presidenta Claudia Sheinbaum, sabedora de que ahora el régimen bajo su égida controla los tres poderes, como descaradamente lo señaló hace unos días el diputado Reginaldo Sandoval, ha ido un paso más adelante.

En medio del escándalo en torno a los vehículos adquiridos por la Corte, la presidenta Sheinbaum, en un acto de torpeza política, salió ufana a defenderlos. En un primer momento señaló que la compra de las camionetas blindadas había derivado de una lógica de ahorros, lo que pareció absurdo desde un primer instante, y en un segundo instante, una vez que los miembros del tribunal anunciaron que no utilizarían los coches, dedicó ayer un espacio de su mañanera para “informar” cómo se han reducido los costos de esta Corte en relación con los ministros que les precedieron.

¿Se ha dado cuenta la presidenta Sheinbaum de que ya no merece la pena ni siquiera guardar las formas constitucionales? ¿Ni eso? ¿Cómo se ha atrevido a salir en defensa de un poder de la unión que es, al menos sobre el papel, independiente del ejecutivo? ¿No debería haber dejado que Aguilar y los propios ministros se defendiesen por su cuenta sin su desafortunada intervención?

Se sabía de antemano que la voluntad de la Corte había sido capturada y que la Constitución mexicana se había convertido en papel higiénico. Sin embargo, la presidenta Sheinbaum ha decidido no guardar más las formas y presentarse como defensora de nueve ministros del “pueblo” cuyo paso por el máximo tribunal jurisdiccional del país no ha dejado hasta ahora más que señalamientos y vergüenzas.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *