Construir juntos un proyecto de reforma electoral

Dejamos un poco de lado lo que pasó con el proyecto de reforma judicial. En aquel entonces, se sabe, la tensión subió a su máximo clímax. La oposición, de hecho, buscó prolongar el tema con una cambiante actitud que, de pronto, nos sorprendió a todos al irrumpir violentamente en las instalaciones del Senado de la República. El asalto a la cámara alta, recuerdo, no fue precisamente una expresión social, sino un puñado de opositores que, entre primos y hermanos, se organizaron para simular una protesta abierta de la ciudadanía. Las mismas redes sociales, que dieron cuenta de ello, dejaron al descubierto el cinismo del PRIAN. No fue, en sí, algo legítimo, sino la careta de la imprudencia que muy pronto se desenmascaró. El punto es que, para lo que se avecina, el asunto electoral viene mucho más recargado y con una dosis de incertidumbre que se ha dado por la cadena de especulaciones. Eso, como tal, diría que es un aspecto hasta cierto punto normal por lo que está en juego.

Con todo lo anterior, evidentemente, la brecha de la indecisión seguirá reinando mientras no tenga una apertura total. Aquello que tiene un fin colectivo, sin duda, debe abrirse para que el contenido de la reforma se construya entre todos. Lo que se criticó un poco, sobra decir, fue que no se haya tomado en cuenta a los partidos aliados que han acompañado a Morena a lo largo de este proceso de transformación para alimentar el contenido. Se hizo con la reforma judicial a través de parlamentos y foros. Hoy, con esa premisa, hay señales que pueden descifrarse como positivas hasta cierto punto. Es verdad, Rosa Icela se reunió con Alberto Anaya en la Secretaría de Gobernación. Sin más preámbulo, se habló específicamente del tema que predomina ahora que la tensión escaló. Sabemos que la figura de quien maneja la política interna tiene un peso específico; sin embargo, el comunicado que circuló habla de construir juntos, lo cual quiere decir que se pueden alcanzar acuerdos si se flexibiliza eso de borrar de un plumazo los espacios plurinominales.

Eso implicaría ajustar y realizar cambios al contenido. De todos modos, al menos así lo percibo, es fundamental que se efectúe para tener los votos necesarios para lograr la mayoría calificada que, al final de cuentas, es la que tomará efectos legales para su publicación. Siendo así, la postura de los partidos aliados será válida. Cada uno, por separado, tiene una afinidad con la agenda que encabeza la presidenta, pero, de igual forma, cuida sus intereses y, de paso, se apega a los principios fundamentales de la democracia en su derecho a disentir. Es muy claro: el asunto se concentrará en los espacios de representación proporcional no en los bandos de la oposición, sino en quienes comparten la misma plataforma. Nos referimos al verdadero compromiso, ese que se sella en los procesos electorales para doblegar a la oposición.

Sí, hay razones para decir que habrá un verdadero debate aludiendo a la narrativa de Alberto Anaya. Una fotografía, desde las oficinas de Bucareli, dice un mar de palabras y una oleada de escenarios que pueden llegar a darse. Rosa Icela, en sí misma, tiene todo el respaldo de la presidenta para tomar decisiones. Quizá los acercamientos con los aliados han permitido algo que no debemos descubrir ni mucho menos descifrar: los tres, de existir flexibilidad, habrán de conducir una reforma que pinta para la posteridad. Solamente en un clima como este, más intenso que el proyecto judicial, suele tornarse así. Es verdad, la miopía de la oposición y la prensa conservadora habla de rompimientos y una disolución de una alianza. De hecho, lo que vimos es la postal de un equipo que ha caminado desde los tiempos de Andrés Manuel López Obrador.

Dejando un poco de lado el tema de los espacios de representación proporcional que, a nuestro juicio, es fundamental para mantener espacios de participación de las minorías, sobre todo en los contrapesos, el proyecto forzosamente debe tener un ajuste. Quizá la forma de incorporarlos cambie un poco; sería un error de cálculo concentrar todo el poder. La solución radica en replantear el contenido. Debe, por añadidura, tener muchas vertientes que sean la llave de acceso para encontrar la anhelada mayoría calificada.

De lo demás, evidentemente, está muy claro que los partidos aliados a Morena cargan con la misma consigna de reducir los gastos potencialmente excesivos del INE. Ellos, a la perfección, saben que un órgano autónomo puede operar y maniobrar con menos presupuesto. Eso, a su vez, es una exigencia de la población civil, sobre todo si ese recurso puede servir para hospitales, escuelas y diseño de estrategias de seguridad. Precisamente allí, queda claro que el apoyo será colectivo, al menos en la coalición Seguimos Haciendo Historia. De hecho, lo que se busca es erradicar el flagelo de la corrupción y el dispendio del árbitro de las contiendas, que han presentado muchos avances sustanciales como para hablar de independencia. Se acabaron los tiempos de Lorenzo Córdova, uno de los actores que avalaron fraudes y desaseos, lo mismo que situaciones que llevaron a quitar espacios de representación como el caso de Michoacán y Guerrero.

Será una semana clave. Parece que los canales de comunicación, que siguen abriéndose, permitirán construir juntos un proyecto de reforma electoral, al menos en la coalición Seguimos Haciendo Historia. Con la oposición, queda más que claro, no habrá diálogo con las autoridades de gobierno, sobre todo cuando conocemos sus intereses que van mucho más allá.

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