Ser aval: ¿un simple favor o un gran riesgo? Lo que debes saber

​En la Organización Nacional de la Defensa Del Deudor, vemos casos así todos los días: personas con problemas graves por haber aceptado ser avales. Es una palabra común, pero pocos saben realmente en qué se están metiendo. Por eso, queremos explicarte de forma sencilla qué significa y por qué debes pensarlo dos veces.

​¿Qué es realmente un aval?

En pocas palabras, un aval es la persona que dice: “Si él no paga, yo pago”.

Para el acreedor —ya sea un banco, una financiera, una caja popular o incluso un prestamista particular—, tú eres su garantía de seguridad. Si el dueño original de la deuda deja de pagar, ellos tienen todo el derecho de cobrarte a ti el total de la deuda, incluyendo intereses y multas.

​OJO: ¡Nadie te puede hacer aval sin tu permiso!

Este es un punto importantísimo que mucha gente desconoce. Para ser aval, es forzosa tu firma autógrafa (de tu puño y letra) en el documento.

​Nadie puede ponerte como aval solo dando tu número de teléfono o tu nombre.

​Si no firmaste un papel aceptando esa responsabilidad, entonces no eres aval (quizás solo eres una referencia personal, que es muy distinto).

​Ser aval es un acto voluntario y formal; no puede hacerse a tus espaldas.

​No es solo una firma, es tu patrimonio

Ser aval no es un trámite cualquiera ni un favor de amigos. Es un compromiso legal muy serio. Al firmar:

​Pones en riesgo tu dinero y tus bienes.

​Comprometes tu historial en el Buró de Crédito.

​Arriesgas tu tranquilidad y tu relación con esa persona.

​Los acreedores piden avales cuando ven riesgo en la capacidad de pago del solicitante. Tú eres su “seguro”.

​Cuidado con las diferencias: aval, fiador y obligado solidario

A veces usan nombres distintos, pero el peligro es similar. Aquí te explicamos las diferencias clave:

​Aval: estás ligado a un documento específico (como un pagaré). Tu obligación es directa; muchas veces el acreedor puede cobrarte a ti sin siquiera haber demandado primero al deudor original.

​Fiador: en teoría, al fiador solo se le cobra si el deudor principal no tiene bienes para pagar (esto se llama “beneficio de orden”). Pero cuidado: casi todos los contratos incluyen “letras chiquitas” donde renuncias a ese derecho, dejándote tan expuesto como en los otros casos.

​Obligado solidario: esta es la figura más peligrosa. Aquí el banco, la financiera o el prestamista puede elegir cobrarle el 100% de la deuda a quien quiera: al deudor o a ti, sin ningún orden específico. Todos son responsables por igual del total.

​La realidad de los contratos

La verdad es que, sin importar si te llaman aval, fiador u obligado solidario, los contratos se redactan para proteger al que presta el dinero. El resultado final suele ser el mismo: si el deudor falla, tú respondes por el 100% de la deuda. Si no tienes dinero, pueden embargar tus bienes y manchar tu historial crediticio.

​En la Organización Nacional de la Defensa Del Deudor, nuestro consejo es directo: antes de estampar tu firma en cualquier papel, infórmate bien. No basta con confiar en un amigo o familiar; debes conocer si realmente pueden pagar y entender que estás poniendo en juego tu futuro económico.

​¿Ya tienes problemas?

Si ya eres aval y te están cobrando, o si tienes dudas antes de firmar, no te quedes solo. Acércate a nosotros. En la Organización Nacional de la Defensa Del Deudor podemos asesorarte para encontrar la mejor solución antes de que el problema crezca. ¡Protegerte a tiempo es lo más importante!

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