Otro gol de México en la cancha del pensamiento no ideologizado

Es interesante el artículo sobre la ideología de la Enciclopedia de Filosofía de Stanford. Vale la pena, sobre todo, por sus críticas a lo que voy a llamar ideologismo, que es la tendencia a dar bastante más importancia a los creencias de un grupo que a la realidad empírica.

La Enciclopedia de Filosofía de Stanford cuestiona el pensamiento ideologizado a través de numerosos autores: Marx, Mannheim, Lukács y Weber, etcétera.

La esencia de la crítica radica en subrayar que la ideología distorsiona la realidad y, por lo tanto, impide la objetivad, lo que imposibilita el progreso en democracia de las sociedades.

Quien actúa bajo un ideologismo dogmático no solo pierde la capacidad de percibir la realidad tal cual es, sino que se convierte en un prisionero de esquemas mentales impuestos por el grupo al que pertenece.

La Enciclopedia de Filosofía de Stanford destaca el hecho de que los sistemas ideológicos suelen caracterizarse por ser epistémicamente cerrados, esto es, incapaces de integrar nueva información o conocimiento que contradiga sus tesis centrales, aunque resulte evidente que estas son falsas.

El fanatismo es la enfermedad de las personas epistémicamente bloqueadas: no cambian ni siquiera si la realidad demuestra que están totalmente equivocadas.

Lo más peligroso para una persona gobernante es el ideologismo: le impide adaptarse a las cambiantes circunstancias. ¿Un ejemplo?

El más obvio: la llegada a la presidencia de Estados Unidos de un personaje tan impredecible y que ha demostrado ser capaz de realizar cualquier cosa como Donald Trump.

México ha tenido mucha suerte en la segunda presidencia de Trump. Ha sido así porque nuestra nación tiene al frente de su gobierno a la primera persona gobernante que no se ha dejado encerrar en la prisión del pensamiento ideologizado. Esta es quizá la mayor virtud de Claudia Sheinbaum, quien curiosamente cuenta con mucha más profunda formación ideológica que sus antecesores.

En efecto, Sheinbaum, además de su preparación científica, ha sido estudiosa de los sistemas de pensamiento de izquierda, que ha defendido en el debate intelectual y en el activismo; también ha reflexionado con seriedad en la ideología de derecha, que ha combatido tanto en el enfrentamiento de ideas como en la lucha política democrática.

Otros presidentes permitieron que la ideología los encarcelara sin tener una conciencia clara de qué ideas defendían o rechazaban: Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, simple y sencillamente compraron las tesis del neoliberalismo sin entender sus fundamentos filosóficos; los dos primeros, porque fueron educados en influyentes escuelas de economía que les metieron en la cabeza paradigmas de política económica que técnicamente entendían, pero nada más; los otros tres expresidentes, con menos preparación universitaria, solo repetían lo que sus patrones empresariales han considerado verdades absolutas.

El caso de AMLO es diferente. No tuvo una formación académica de primer nivel, así que nunca fue un ideólogo: se alineó a la izquierda porque pensó, con razón, que era la posición política más centrada en el bienestar de los pobres, el grupo social que más le interesa. Su problema fue la falta de autocrítica para rechazar, o al menos para no ponerlos en el centro de sus mensajes, dogmas izquierdistas que en el siglo XXI no venían al caso, como el de que en Cuba hay atraso no por sus gobiernos ineficientes y dictatoriales, sino por las presiones de Estados Unidos. Sin duda, EEUU ha agredido económicamente a Cuba, pero no es serio ignorar el hecho de que este país ya sufrió demasiados años el peor y más corrupto autoritarismo que jamás pensó en el bienestar de su sociedad.

Claudia Sheinbaum, por haber pasado la mitad de su vida en ambientes universitarios, entiende la esencia de las ideologías que disputan el poder en México, que podemos sintetizar en izquierda y derecha. Ella ha estudiado el tema, y se nota. Le ha servido para evitar que la atrape el pensamiento ideologizado. Es la principal diferencia con los otros presidentes mencionados. Se nota en su relación con Donald Trump.

La presidenta de México ha defendido ciertos principios ideológicos de la izquierda para consumo de su base de apoyo político interno, pero ha sido muy pragmática en el trato con el presidente de Estados Unidos. ¿Que Claudia defiende el envío de petróleo mexicano a Cuba? Sheinbaum lo ha hecho no argumentando motivos ideológicos que no serían aceptables, sino respaldada en razones humanitarias que nadie puede refutar —ni siquiera la extrema derecha de EEUU— sin caer en faltas éticas graves.

Hoy hablaron Sheinbaum y Trump. Otra conversación positiva para ambas naciones. Otra llamada exitosa de la presidenta que ha dado la espalda a la cursi e inútil posición de la izquierda mexicana de que la relación bilateral debe ser de confrontación heroica. Claudia ha preferido centrarse en los resultados. Por eso en la charla con Trump no solo estuvieron el canciller Juan Ramón de la Fuente y el subsecretario de América del Norte, Roberto Velasco: también estuvo el titular de Seguridad, Omar García Harfuch, este último responsable del tema que más preocupa en la relación con EEUU y en el que más avances ha habido.

Ha sido otro gol a favor de México logrado en la cancha del pragmatismo que no admite fanatismos ideológicos.

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