¿Es seguro viajar a Estados Unidos?
Una pregunta normal, y que cada vez emerge con más fuerza, sobre todo con lo que está ocurriendo en el mundo es si ¿es seguro viajar a Estados Unidos? Tanto así que diferentes actores de la industria aeronáutica hicieron ya sus proyecciones para el 2026, y no solo me refiero a las aerolíneas y aeropuertos, sino a la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y el Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI).
Lo que va de este año ha sido todo menos tranquilo y hay un evento de grandes dimensiones en puerta: el Mundial de 2026, y tres son los países sede: México, Estados Unidos y Canadá.
En los años recientes se trabaja a marchas forzadas para tener las mejores condiciones y recibir a los turistas que -se espera- inundarán las sedes mundialistas.
Sin embargo, dadas las circunstancias, todo eso termina en un segundo plano. Y es que con el comienzo del 2026 llegó el “pretexto falaz” de liberar a Venezuela, ¡un país soberano!
Nos guste o no, Nicolás Maduro, fue secuestrado por los Estados Unidos de América, nación que regenta Donald Trump, y ha dejado más que claro -en entrevistas y ruedas de prensa- que no lo hizo por la “democracia”, sino por el petróleo de dichas tierras.
No necesitamos darle muchas maromas a su discurso. El ente naranja ha sido sumamente claro al respecto: no va a dejar al frente a María Corina Machado, porque “no cuenta con el respaldo del pueblo venezolano”; traducción: no quiere que la gente se subleve y así poder extraer con calma chicha el petróleo de Venezuela.
Además, la FIFA, a diferencia de la invasión a Ucrania por parte de Rusia, se ha hecho “de la vista gorda” y no se ha pronunciado al respecto. Si eso no es un doble rasero, se le parece mucho.
La incertidumbre no es buena y menos dentro de la aviación, eso lo sabemos. La gente necesita tener certeza para poder viajar, y no lo hará si lejos de apaciguarse los conflictos bélicos, siguen escalando.
Lo estamos viendo en Palestina, cuyo cese al fuego es violado a diario por Israel; lo vemos en el conflicto entre Rusia y Ucrania, en la falsa inestabilidad que quieren generar en Irán, para tener el pretexto de atacar dicha nación, y no hablemos de África, en donde hace unos días Francia intentó un golpe de Estado en contra del jefe de Estado de Burkina Faso, Ibrahim Traoré.
Tampoco podemos echar en saco roto las amenazas de Trump de invadir México, Groenlandia, Colombia, Cuba y el país que se le ocurra esta semana. Es como si de pronto hubiésemos viajado en una máquina del tiempo y retrocedimos al siglo XIX, donde los colonizadores de occidente se hicieron de casi todo el mundo.
Todo esto afecta la estabilidad necesaria para que la gente se anime a viajar en avión, porque en una de esas, confunden un avión comercial con un avión privado y un misil termina derribándolo porque “llevaban droga”.
Es un tema que debe tomarse muy en serio, con hechos y no mera palabrería. La IATA lleva un registro sobre la aviación norteamericana, desde que Donald Trump gobierna la “nación más poderosa”, y cito textual el comunicado “…En cuanto al tráfico total, Norteamérica ha experimentado 10 meses consecutivos de descenso interanual del factor de ocupación…”
¿A alguien le resulta extraño este dato? Con la política tan errática en materia aérea que está manejando el vecino, y la estrepitosa caída del turismo ¿qué podemos esperar?
No lo digo yo; las proyecciones que se hicieron para este año harán un verdadero desafío cumplir con lo trazado, si seguimos viendo a Trump como en la película “Todas las cosas al mismo tiempo” o “Todo en todas partes al mismo tiempo” (Everything Everywhere All at Once).
Pero este no es multiverso paralelo. Donald Trump es real y no deja de hacer ruido mediático en todo momento, al punto que uno se pregunta ¿pues qué demonios hay en los expedientes de Jeffrey Epstein? ¿Necesita literalmente incendiar el mundo al mismo tiempo?
Y de paso llevando a la humanidad al traste. Porque lo dije en columnas anteriores, si el gobierno norteamericano está tan preocupado por su aviación, ¿por qué han dejado que caiga el turismo?, ¿por qué espantan a los viajeros?, ¿por qué han impuesto nuevas reglas para los turistas?, ¿qué garantías tengo de entrar a los Estados Unidos para ver los partidos del Mundial?, ¿qué garantías hay de que mi vida no corra peligro?
Con las redadas de la Gestapo de Trump “Servicio de Control de Inmigración y Aduanas” (ICE, por sus siglas en inglés), qué certeza hay de que no me quieran deportar o matar, si lo hacen con sus propios ciudadanos.
El terrible caso de Renée Good, que con voz dulce y calmada le dijo a su asesino: “no tengo nada en contra de ti”; sin embargo, el agente de ICE, a sangre fría le metió tres disparos en el rostro, quitándole la vida.
Las cosas como son: conozco gente que empieza a ponderar suspender sus viajes en avión, y dejarlos “para mejor ocasión”, ante el desconcierto que hoy estamos viviendo, y esto terminará afectando a la industria aérea.
Esto pondrá en riesgo los empleos, pues cuando la incertidumbre llega, los dueños de las líneas aéreas, y quienes administran aeropuertos, se ven obligados a no crecer como lo habían previsto, e incluso podrían llegar a recortar puestos de trabajo.
Negros nubarrones se ciernen en una industria como la de la aviación, que requiere para seguir creciendo de certidumbre y no lo contrario. Mientras la comunidad internacional y la población de los Estados Unidos le siga permitiendo a Trump hacer y deshacer, no se ve un muy buen año para la industria aérea, ni para el turismo.