Los depredadores
En todo el mundo las diosas primordiales fueron diosas femeninas que sostenían la naturaleza y la abundancia de la tierra. Inana, por ejemplo, diosa mesopotámica de la fertilidad, representaba un todo integrado, no había dualidad: era una sola. Amaterasu era una diosa solar japonesa que encarnaba el poder colectivo y el equilibrio, así como Pachamama era la tierra viva, la que le enseñó a su pueblo que todo es un intercambio nutritivo.
Cuando Nakawése aventó del barranco, sus partes desmembradas nos dieron el maguey, la jícama y otros frutos con las que alimentó a todo un pueblo. Cuando Coatlicue creó el mundo a través de la gestación y el parto de sus muchos hijos, fue atacada por los mismos pero defendida con fiereza hasta la victoria y de esa victoria, Huitchilopoztli creó la dualidad en todas las cosas.
Se creó un equilibrio basado en lo femenino/masculino, un equilibrio creado para proteger y sostener la vida, pero, ¿para qué, si nosotras ya la sosteníamos sin ningún afán conquistador, con horizontalidad y cuidado?
Existen evidencias arqueológicas que datan de antes de que el patriarcado se instalara en nuestro mundo, nuestros hogares y nuestros cuerpos, las mujeres eran quienes sostenían la organización social repartiendo las tareas de cuidados, de forma totalmente circular. Se han encontrado figurillas meramente femeninas que representaban la fertilidad y escenarios de la organización cotidiana en donde las mujeres tenían un papel protagónico y fundamental, libre del ansia de poseerlo todo y en una comodidad energética y mágica que solo se construye a través de la consciencia, la humildad y la vida en comunidad.
En teoría, míticamente debe existir un equilibrio entre lo que quitas y das a la Tierra. En la magia todo es un intercambio. ¿por qué entonces olvidamos algo tan esencialmente lógico y destrozamos la tierra que nos sostiene, el agua que nos da vida y el aire que nos ancla al mundo que habitamos?
¿Qué motiva a los seres humanosa destrozar el planeta si vivimos en él?
Podría responder hablando de religiones judeocristianas, patriarcado, colonialismo y capitalismo, pero vamos a enfocarnos hoy solamente en este facto:
La naturaleza tiene nombre de mujer, es entonces, lógico y terrorífico que con la misma falta de respeto con la que se trata a todo lo femenino, así como nos asesinan de once diarias todos los días, nos violan, nos sujetan a la esclavitud doméstica; con la misma depredación y violencia se esté tratando al mundo y a aquellos que lo habitan, priorizando una idea de progreso patriarcal, violenta y suicida por encima del bienestar del ecosistema que nos sostiene.
En pocas palabras, así como tratan a los cuerpos femeninos con absoluta violencia y falta de respeto, así mismo tratan a la madre Tierra, que a sido concebida por el ser humano desde siempre como una energía femenina.
¿Y cuando hablamos de progreso de qué hablamos? Hablamos de más autos, más carreteras, hablamos de pavimentar el monte, hablamos de semillas transgénicas, hablamos de pagaren $4 la tonelada de limón, de cortar cien árboles adultos para ahorrar sólo tres segundos de tráfico a los autos, de olvidar al peatón, ignorar la tierra y dejar de colectar la lluvia.
Estamos sepultando vivo nuestro planeta, estamos cortándole los pulmones, estamos matando vorazmente, ni siquiera poco a poco, lo que nos permite seguir vivos. Estamos, como raza entera, siendo espectadores de un suicidio colectivo que, sin embargo, sucede a manos de unos cuantos, porque realmente la capacidad de destruir se les atribuye a unos pocos, los dueños del capital, los dueños de las inteligencias artificiales, los dueños de todo aquello que llamamos progreso, pero que en realidad nos está llevando a la destrucción.
Vivimos en una cultura tan violenta que es esencialmente suicida. Vivimos en el capitalismo patriarcal que se inventó que las mujeres no teníamos valor y con la misma violencia se ensañan con la gran madre, vivimos como podemos, en resistencia permanente, reutilizando el agua o caminando grandes distancias para obtenerla, leyendo etiquetas y comprándole al productor local, creando autocultivos y autodefensa campesina, bañándonos en cinco minutos y reciclando el agua de la lavadora, pero, ¿tenemos nosotros la culpa?
La cultura del ecocidio es posible ante la indiferencia de la población y la indiferencia de la gente es posible gracias a la precarización y la falta de fuerza para luchar otra batalla cuando ya estamos luchando para llegar a fin de mes. ¿Cómo culparnos cuando el capitalismo es depredador por naturaleza y todos debemos alienarlos bajo sus normas?
La respuesta no es sencilla, ni es fácil de desarrollar en unas pocas líneas, pero es importante que entendamos que lo único que nos va a mantener cuerdos es la consciencia. Ser conscientes de lo que esta pasando y hacer lo posible con lo que tenemos. Si hablamos del desprecio por lo femenino, empecemos a respetarlo desde nuestras cocinas, nuestro trato con nuestras hermanasy nuestras elecciones de consumo.
Sostengamos el capital solo si es totalmente necesario, seamos incómodas para el sistema en la medida de lo posible, cuidémonos entre nosotras y eduquemos en un profundo respeto hacia la vida que se desarrolla a la par nuestra en nuestro planeta. Un pequeño acto de rebeldía en grandes volúmenes es capaz de hacer la diferencia