Tenemos mucha presidenta con Claudia Sheinbaum
Antes de que llegara el turno de Claudia Sheinbaum de tomar protesta como presidenta, hubo un encuentro a solas con López Obrador. En esa ocasión, recuerdo, Andrés Manuel cedió la estafeta y, con ello, entregó el bastón de mando para que ella se encargara de tomar decisiones tanto en el país como en el movimiento de transformación. Una vez que llegó ese momento, hay que decirlo, el expresidente le mencionó que ella, ante los nuevos desafíos y retos, fue lo mejor que le pudo pasar a nuestra nación. Seguramente se refirió a que ella, con esa capacidad y honestidad, sacaría adelante todas las acciones que vienen revolucionando y, por ende, continuar profundizando las políticas públicas. De hecho, ella se ganó rápidamente el reconocimiento por su firme convicción democrática y la defensa de la propia soberanía. Esa ha sido, además de su principal bandera, su posición ante las fuertes presiones que se generan con el vecino país.
Desde luego que en los planes de Estados Unidos siempre estuvo Venezuela. Hay razones poderosas más allá del tema social y político. Todo hace pensar que las reservas de petróleo, de las de mayor apogeo en el mundo, es uno de los confines de este ataque militar que ha sido la razón de la captura de Nicolás Maduro. Sin embargo, las condiciones no son las mismas con nuestro país. Sabemos que la oposición ha pedido la intervención de las tropas estadounidenses a tierra mexicana. A ellos, que les sobran ganas de poner en práctica una acción de ese tipo, podemos decir que no se concretará jamás. En México tenemos mucha presidenta que defenderá a capa y espada la autonomía de sus instituciones y el orden constitucional que nos rige como una república. Hace más de un año, ante un hecho sin precedentes, Sheinbaum se proclamó ganadora y, de paso, sentó un precedente al promediar la mayor votación en la historia de las competencias. De ese modo, la oposición se llevó la peor parte de la humillación.
El escrutinio público confirmó que, de norte a sur, la gente confía en una mujer que, además de la preparación académica, tiene un profundo amor por nuestro país. Sé que eso tiene molestos a los opositores que, al no poder tener un peso específico en la agenda pública, se han lanzado a la guerra sucia que propagan con distintos mecanismos y medios de comunicación, como la propia cadena de TV Azteca, que ha pasado a formar parte de un órgano golpista de propaganda. Todos sus canales, incluidas las estaciones de radio, organizan a cada rato información perniciosa que busca desestabilizar la gobernabilidad. No importa si se trata de fabricaciones o infamias. Justo en este momento, para colmo, se han lanzado contra el gobierno de Claudia por el tema de Venezuela, especialmente por la posición que ha tomado en defensa de la soberanía.
A la par de ello, siguen adelante con el plan de atacar al proyecto de transformación con el suceso que aconteció en Oaxaca, especialmente con el Tren Interoceánico. Lo hacen, inclusive, falsificando imágenes y maquinando información de supuestas advertencias de expertos sobre el riesgo que corrían ciertos trayectos. Eso es, ni más ni menos, una vil mentira de la derecha. De hecho, la presidenta Claudia, con el compromiso irrestricto de saber qué pasó, llegará hasta el fondo de la verdad. Lo prometió y lo cumplirá. De hecho, los únicos que critican son los grupos conservadores que no tienen muy claro que lo que se vive en nuestro país es un proceso auténtico de transformación que se ha sacado adelante con voluntad y trabajo. Se acabaron los tiempos de la simulación del PRIAN, que apostaban todo al modelo neoliberal y privatizador. Por eso aplauden lo que pasa en Venezuela. Se han obsesionado con esa idea absurda de que México necesita una intervención militar. Esa tarea, queda claro, es única y exclusivamente de las fuerzas de seguridad del Estado mexicano.
Lo que le compete a México, como país libre y soberano, es garantizar la seguridad de la población. Hoy, con las condiciones mucho más favorables para la pacificación, la estrategia de seguridad está dando buenos resultados. De hecho, el gobierno que encabeza Sheinbaum ha tomado la iniciativa no tanto al provocar un campo de batalla, sino apostar por la reconciliación con programas sociales, universidades, asistencia, obra, salud, deporte, ciencia y cultura. Los datos, que muestran que se ha ido avanzando mucho, se convierten en estadísticas que, al final de cuentas, se ven reflejados en el inmenso respaldo a favor de la mandataria.
Desde luego, que estas gestiones no se parecen en nada a los fallidos gobiernos neoliberales. Aquí, dijo Sheinbaum, habrá cooperación, pero no subordinación. Uno de los personajes cruciales, sin duda, es Juan Ramón de la Fuente. Él, en convenciones y cumbres internacionales, dejó muy en claro cuál es la posición del gobierno. Los únicos intereses que deben reinar con otras naciones, lo dijo en otras palabras, es fortalecer los lazos de amistad que, a la postre, sean fructíferos en acuerdos comerciales y buenos gestos diplomáticos. De hecho, si nos remontamos a los tiempos de Andrés Manuel López Obrador siempre se ha realizado así; es decir, nuestra bandera es la paz y el respeto irrestricto al orden constitucional de los demás países.
El único lema que hemos adoptado, la mayoría de mexicanos, es la paz, el humanismo y la hermandad con los pueblos de Latinoamérica y el mundo. De ese modo, podemos decir que tenemos mucha presidenta, que nos ha representado al más alto nivel de un mandatario federal.