Las dos intromisiones

Según el diccionario de la Academia Española, los sinónimos de intromisión son entrometimiento, entremetimiento, injerencia, intrusión, impertinencia y mangoneo. Su antónimo es la discreción. La definición vale para dos hechos: el ataque militar y la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro, y la intervención del expresidente López Obrador que repudia la acción del presidente Trump en Venezuela.

El gobierno norteamericano se ha erigido en el policía del hemisferio occidental. Invoca la doctrina Monroe, utilizada en el pasado para justificar el derecho de Norteamérica sobre el continente frente a las pretensiones expansionistas de otras potencias: Europa en el siglo XIX, la URSS en el XX y China en estos tiempos.

Lo de ahora no es la defensa de las libertades ni de la democracia, como se alegaba en el pasado. Son los intereses económicos, y no el supuesto combate a las drogas, los que explican la acción. Esto aclara por qué la incursión militar ocurre en un país marginal en el tráfico de drogas y la manera en que habrá de resolverse el futuro inmediato. La descalificación de María Corina Machado y de su movimiento es lo más relevante y, todavía más grave, el aval para conducir la transición a través de la vicepresidenta Delcy Rodríguez.

Es claro que restablecer la democracia y las libertades no está en la agenda. Quizá lo mejor que le ha ocurrido a la oposición es el desdén de Trump, porque ahora se abre la posibilidad de que abandere la exigencia de recuperar la soberanía nacional. La larga conversación de la vicepresidenta con el secretario de Estado, Marco Rubio, indica que el chavismo involucionó en operador del agresor.

Como tal, la normalidad, desde la perspectiva democrática, solo tiene una ruta: un gobierno encabezado por Edmundo González y María Corina Machado, el grupo que ganó las elecciones y que cuenta con amplio aval internacional. La cuestión es de realismo político, y los intereses del gobierno norteamericano apuntan hacia el chavismo converso: el intervencionismo. El escenario es complicado, porque la mano derecha de Delcy Rodríguez y ministro del Interior es el general Diosdado Cabello, quien también figura en la acusación de narcotráfico por parte del gobierno estadounidense.

López Obrador no resiste la discreción. La prudencia no existe en su diccionario. El país y la presidenta Sheinbaum viven un momento crítico, quizá el más grave, por la amenaza que representa Trump. Sus palabras hacia México después de la acción militar en Venezuela son preocupantes, porque ratifican la tesis de que en el país mandan los criminales, legado —percepción o realidad— de la política de “abrazos, no balazos”. El injerencismo de López Obrador en nada ayuda a la presidenta, porque su mayor dificultad es acreditar que ella es quien conduce el gobierno y la política. La presencia del expresidente reactiva la tesis de la colusión entre criminales y gobernantes. Debe subrayarse que el peor caso de corrupción conocido es el contrabando de combustibles, que inició como una forma de financiar con efectivo al movimiento y derivó en un daño patrimonial a la nación en proporciones descomunales, además de afectar a una de las instituciones más honorables y confiables del Estado mexicano, la Marina, porque la corrupción se originó desde arriba.

El mundo Morena considera que la unidad nacional se construye solo con ellos. Se ha perdido el sentido de que el país no cabe en un partido ni en un gobierno de un solo color, idea que lleva implícito que los demás —quienes disienten, critican o se oponen— no caben porque son, en esencia, traidores a la patria. Son los gobernadores guinda, el partido guinda y los legisladores guinda los portadores únicos de la soberanía nacional.

La mayoría de los gobiernos del mundo han condenado la acción militar de Estados Unidos en Venezuela. Es una afrenta al derecho internacional y al principio de igualdad entre las naciones. Pero son otros tiempos y la legalidad ya no es referencia. El obradorismo es el mejor ejemplo.

Lo acontecido en estos días no debe entenderse como una acción contra un dictador, ni siquiera contra un país en particular, sino como la expresión de una nueva política hemisférica en la que Estados Unidos se erige como autoridad y, por lo mismo, se arroga el derecho de actuar para hacer valer sus intereses de manera unilateral, por todos los medios, incluso el militar.

Malas, muy malas noticias para México y para el mundo.

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