El sentimentalismo argentino
“No llores por mí Argentina…”
Fragmento del musical Evita
Para entender mejor el presente texto comparto un chiste muy intelectual y filosófico que dice que cuando aparecen rayos, con o sin lluvia, los argentinos sonríen mirando al cielo porque creen que el creador les está tomando fotografías.
Tuve oportunidad de visitar la ciudad de Buenos Aires, Argentina, en diciembre del 2023, en una temporada en que allá es verano y estaba infestada de mosquitos, les comenté lo importante que sería poblar sus áreas verdes y fuentes de agua con ranas, sapos, lagartijas e iguanas, para controlar dicha plaga, también descubrí que en Argentina no hablaban bien el idioma inglés, ya que se conformó principalmente con inmigrantes españoles, italianos, alemanes y nazis, y cuando quisieron nombrar a su equipo como su emblemático río De la Plata, lo tradujeron mal al inglés llamándole: River plate., pero lo más significativo fue conocer la amabilidad de los argentinos estando en su patria, porque cuando migran, la gran mayoría de ellos se convierten en engreídos, prepotentes y/o egocentristas.
Conozco el caso de una mujer argentina que ya tiene nacionalidad estadounidense, quien solicitó la ayuda de un médico mexicano que atiende con tratamientos alternativos pero científicamente reconocidos, enfermedades como la esclerosis lateral amiotrófica que padeció su esposo, quien tuvo mejoría con estos tratamientos, y quien desafortunadamente falleció muy inesperadamente, ya que las personas con esta enfermedad pueden vivir varios años, incluso décadas como lo hizo Stephen Hawking, quien vivió tan afortunadamente dicha enfermedad que hasta es señalado como uno de los visitantes a los sitios turísticos del empresario Jeffrey Epstein.
Ésta mujer a la que hago referencia le envío un mensaje de WhatsApp al susodicho médico porque desafortunadamente su esposo empeoró, pero al parecer fue por mal manejo de opiáceos y no por su enfermedad de base, la cual, repito, no tiene un desenlace así.
Yo tuve oportunidad de leer el mensaje que le envió la mujer argentina al médico, plagado de odio, incluso con agravantes muy severas que se podrían presentar en una Corte Internacional como la de La Haya, o el alto comisionado de derechos humanos de la ONU, incluyendo difamación, discriminación, amenazas, denostación y odio irracional.
Creo que yo nunca había leído un mensaje así, ni en los discursos del mismo Hitler, valga la comparación, y sí, si procede una demanda en contra de una persona por lo que escribe en mensajes de telefonía celular, al respecto se quedó como antecedente en los Estados Unidos, entre otros, el caso de Michelle Carter.