82% de aprobación

Uno de los mayores retos de Claudia Sheinbaum, sin lugar a dudas, fue darle continuidad al proyecto de nación que inició con aquel triunfo histórico Andrés Manuel López Obrador. Desde luego, hablamos de muchos desafíos que, por lo que representa nuestro país, siempre constituyen una tarea ardua, sobre todo mantener las relaciones comerciales y diplomáticas con un socio comercial como los Estados Unidos. He ahí la gran diferencia que ha marcado la jefa de Estado al atender la situación que se presentó hace poco con el tema de los aranceles. Ella, a la par de los trabajos eficientes que ha hecho Marcelo Ebrard, ha contribuido a que las negociaciones caminen por la dirección correcta. Lo más importante de todo, más allá de los avances al más alto nivel político, es la defensa de la soberanía, que es entendida como una esencia indispensable de identidad, especialmente para millones de mexicanos.

Para Claudia Sheinbaum, eso, si acaso, ha sido uno de los temas en que más entereza ha tenido que imprimir. En políticas públicas, por ejemplo, ha cumplido a pie juntillas los compromisos realizados. Sabedora de lo que había que fortalecer, puso en marcha un andamiaje de estrategias de desarrollo y, lo más trascendental, las propuestas de reforma a la Constitución, específicamente en la expansión de los programas sociales, que siguen siendo la punta de lanza que lleva a tener una conexión con todos los sectores sociales, sobre todo aquellos que viven en situación de mayor vulnerabilidad. Y así como estas acciones están rindiendo frutos, así mismo las calificadoras, que hacen un trabajo puntual de la aprobación de la presidenta, han calificado su desempeño, sin exagerar, bajo una cifra histórica de respaldo, y en pleno arranque de su gestión.

Lo que México necesitaba, sin duda, era el proceso de continuidad. Elegir a Claudia, para millones de mexicanos, fue una decisión muy acertada. El propio Andrés Manuel, que armó todo este ejercicio sucesorio con las llamadas corcholatas, siempre supo quién sería su heredera. Después de todo, ese mismo resultado se legitimó con el aplastante triunfo que tuvo sobre la oposición que, por cierto, se cae a pedazos por todo el territorio nacional. Pero antes de entrar en esos detalles, lo más destacable es el 82% de respaldo que promedia la presidenta constitucional. Todo juega a favor, incluyendo la misma guerra sucia que propaga la oposición y los columnistas conservadores. La respuesta a todo ello es simple: la jefa de Estado, al igual que lo hizo AMLO, domina a la perfección los temas públicos de la agenda nacional.

Y mientras la oposición se entrampa en un laberinto sin salida, sigue cediendo mucho terreno. Me llamó mucho la atención, por ser primero de mes, que la mayoría de encuestadoras publicaran la aprobación de Claudia a estas alturas. Todas, de hecho, coinciden en los datos tan abultados que, por su proporción cuantitativa, podemos hablar de cifras históricas, resultado de un trabajo constante que ha rendido frutos. Caso contrario, la derecha, que cada día va de mal en peor y continúa cayéndose a pedazos. En las entidades federativas, solo para poner un ejemplo, Sheinbaum tiene una base de respaldo abrumador, incluidas las que gobiernan el conservadurismo. Eso, desde luego, ha generado una irritación, pero sobre todo prende las alarmas en el PRIAN. Qué no nos extrañe, lo he dicho una y otra vez, si Morena gana carro completo en las elecciones intermedias del 2027.

Hoy observamos, por ejemplo, como el panismo pierde presencia y simpatía en uno de sus principales bastiones que es Querétaro. Allí, para ser más precisos, Claudia Sheinbaum tiene más del 65% de aprobación, lo que no puede ser ignorado a nivel estatal. Esto es una acepción que nos lleva a tener una lectura muy clara de lo que puede llegar a pasar. De hecho, el propio PAN ha facilitado o, mejor dicho, le ha allanado el camino a Morena para que conquiste ese territorio. El lopezobradorismo ha levantado y despegado tanto que, en concreto, hay datos demoscópicos que ponen por encima a la coalición Seguimos Haciendo Historia en Querétaro. Eso, desde luego, los ha visto obligados a reaccionar, pero tristemente lo han hecho con esa guerra sucia que, de manera paradójica, abona más a esa anhelada alternancia que se asoma con mucha intensidad.

Muchos aseguraban que sería imposible que el PRI perdiera el Estado de México. Eso provocó renuncias y posicionamientos en contra, especialmente por el desastre de Alejandro Moreno. De hecho, la derrota tan dolorosa en ese punto crucial, no significó una sorpresa de quienes creyeron en la 4T. Fue, a grandes rasgos, una victoria muy merecida de Morena por ser, ni más ni menos, la mejor opción en las boletas y, de paso, el mensaje más claro y contundente del hartazgo que cosecho el priismo durante décadas. Eso mismo, evidentemente, sucederá en Querétaro. Es, lo han esbozado las mismas encuestas, la hora del cambio, pues existe, de acuerdo con los datos, más identificación y empatía por los colores guindas que se acercan a un triunfo histórico.

A eso, debemos añadir, existen componentes fundamentales que empujan fuerte para que Morena gane las 16 gubernaturas que estarán en juego. Uno de esos elementos, sin duda, es más del 82% de aprobación entre la ciudadanía que, con buenos ojos, ve la gestión eficaz de Claudia Sheinbaum. Eso, además de ser uno de los puntos cruciales, acapara la atención para conquistar Querétaro, Aguascalientes y Chihuahua. Todos esos puntos, en efecto, tienen un claro favorito desde el punto de vista del grueso de los simpatizantes y militantes del seno morenista.

Se aproxima la alternancia en Querétaro, Chihuahua y Aguascalientes. El PAN lo percibe, y por esa razón, se victimizan, porque saben que su duradero paso llegará a su fin en las próximas elecciones intermedias.

Notas finales

Por cierto en Michoacán, uno de los puntos más obradoristas de México, promedió 79% de respaldo a favor de la presidenta constitucional de México. Se nota que hay plena coordinación con el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, que también cuenta con una base sustancial de apoyo por el proyecto de transformación que ha mostrado acciones de beneficio social, pero sobre todo de calidad. La clave de todo ello, sin duda, la transparencia y la clara rendición de cuentas.

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