Secretos en el puente; los de Madison y un apagón
IRREVERENTE
Les platico:
Esta historia nos fue contada anoche en medio de uno más de los apagones masivos a que nos acostumbró el gobierno de López Obrador.
¿Arre con mi resumen en 3 actos? ¡Arre!
Antes de que Roberto apareciera perdido en la bucólica Madison de Iowa, Francesca languidecía en una mecedora en el portal de su casa.La llegada del fotógrafo a su vida, convirtió esa mecedora en un componente más de escenografía. Francesca hizo su otoño, primavera.Al final, Roberto se va y ella vuelve a mecerse en el portal, viendo pasar las oleadas de polvo de sus días, esperando las cartas que llegan desde los confines de un mundo que él quería compartir con ella, pero que las responsabilidades la ataron al único movimiento que la vida le ofrece: la mecedora. El se despide sin palabras, y sin verla, le acomoda un chal en su espalda… Dolorosa escena, la última de esta magnífica obra de teatro.
Madison huele a tranquilidad
Desde el principio, la obra huele a “Los Puentes de Madison”, tanto como a la tranquilidad de la casa de Francesca.
Esa película -ambientada en 1965 y filmada 30 años después- recaudó 182 millones de dólares, que dejaron muy contentos a sus productores, pues apenas habían invertido 22.
Tal es la magia a la que alude con muy diferentes matices, la protagonista (magnífica Vicky de la Piedra) al toparse con Roberto (Luis Carlos Galván), el fotógrafo de NatGeo que huele a Amazonas y desierto, y que se atora emocionalmente en el ambiente rural de Madison.
Richard LaGravenese en el cine y Vicky en el teatro, adaptaron sus exploratorios guiones, de la novela de Robert James Waller.
Ahora que está cerca la entrega de los Oscar, Meryl Streep fue nominada por su rol protagónico en esta cinta, como actriz principal en la edición 68 de esos premios.
La diferencia con la obra de teatro es que aquí, Roberto es más joven que el protagonista de la película, donde aparece un Clint Eastwood ya peinando canas.
Apagón
La puesta de anoche en Casa MUSA se intensificó por el apagón masivo que sumió en tinieblas a un amplio sector de la Colonia Mitras Centro.
Vicky y Luis Carlos Galván ni se inmutaron cuando se fue la luz antes de la mitad de la escenificación.
Es más, hasta parecía que el iluminista de la producción le metía velo con el apagón, a las escenas más intensas del encuentro entre Francesca y Roberto.
Al cesar los apoyos visuales que la obra utiliza como telón de fondo, el público tuvo que imaginarse las doradas manzanas del sol y las plateadas de la luna.
Es cierto, los poetas no siempre son bienvenidos y el poder de la palabra escrita avasalla a quienes no son siquiera capaces de escribir la lista del súper y aún así ahí andan “escribiendo” y dando lástimas en medios muy localitos; ¿verdad LGT?
El guion de esta teatralidad refleja todo lo que se puede hacer con las palabras.
Cuando la protagonista se presenta ante Roberto, comienza diciendo: “Yo soy Francesca…”
En silencio, arbitrariamente, le complementé la frase con estas palabras que ella no expresó, pero yo sí: “… y estoy muerta de hastío en este pueblo…”
¡Y sí que estaba muerta! también en el sentido físico, pues previamente habían aparecido sus hijos con la urna funeraria que contenía sus cenizas.
Ella era una botella sin abrir y por ende, una copa de vino vacía.
Al menos eso creía, porque a la llegada del fotógrafo, los dos se dan cuenta que estaba llena de pasión, de la más rica de todas las pasiones, la que se da en el otoño de la vida, porque está cargada de erotismo con ropa y -con recato y algo de pudor- también sin ella.
El vino y la cerveza envuelven sus pensamientos y de pronto, ella se ve reflejada en el espejo con todos los años que se le habían echado encima.
También de pronto se da cuenta de que hay un incendio en su cabeza.
Los dos descubren que son almas en ayunas de afecto y sucumben a sus necesidades.
Brindan por la música distante y la poesía de los sueños.
También por las palabras que la responsabilidad no permite que se digan:
“Tenemos que sujetarnos a nosotros mismos”, le dice ella, cuando Roberto la invita a irse juntos.“Viajemos hacia un ambiente de paz en medio de vientos embravecidos; domemos juntos a los dragones”, insiste él.“Nos olvidamos de la libertad de acción”, parece recapacitar Francesca, pero pesa más sobre ella la responsabilidad hacia su marido, sus hijos y el pueblo.(Creo que tienes razón) “Debo irme antes de que haga algo grave”, razona él.“Tú te vas mañana y no lo puedo soportar”, solloza ella, abrazada a su pecho. “Somos el camino, la grieta donde las ilusiones se juntan con la realidad”, reflexionan.
Finalmente, prevalece el absurdo sentimiento de responsabilidad, porque es imposible vivir con las murmuraciones de la gente.
Qué impotencia no poder arrancarnos ese vacuo sentido de responsabilidad, renunciar a ello. Prevalece un mundo lleno de ambigüedad.
Y se va él, con su mochila repleta de fotos y su corazón pleno de pasión por ella.
Fotógrafo viajero -él-.
Soñadora meciendo sus sueños y esperando la muerte -ella-.
¿Puedo escribirte alguna vez? Le pregunta… y lo hace.. y se desata la tormenta en uno de los hijos de ella.“Adiós, fotógrafo viajero, si tan solo supieras cuanto amor dejaste aquí. Esto no fue un sueño, es una certeza”.
Embriagados de pasión, de intensidad, el amor detonó, iluminando sus vidas.
A veces, es preferible la emoción a la paz. Esto no lo dicen ni el autor, ni los protagonistas ni los guionistas; lo digo yo.
Cajón de Sastre:
Mañana, cambio completo de programa, sin faltar el Incomparable Iván y toda su Compañía.