Exposición “Aves de México” llega a Marruecos; explora la cultura mexicana de la avifauna

Por primera vez, la cultura de nuestro país llega al norte de África, con la exposición “Aves de México”, la cual abrió sus puertas ayer, en el Museo Yves Saint Laurent de Marrakech (MYSLM), en Marruecos, y en la que se explora el valor de la avifauna en la cultura material de las sociedades mexicanas, desde la antigüedad hasta nuestros días.

La muestra que estará abierta hasta el 27 de julio de este año, acogerá 95 piezas, que van de objetos arqueológicos y etnográficos con una carga ritual, a piezas de arte popular y diseño textil, procedentes de una veintena de instituciones públicas y de acervos privados.

El curador de “Aves de México”, Juan Gerardo Ugalde Salinas, quien labora en el MYSLM, comentó que el tema surgió del interés por fomentar el diálogo entre ambas latitudes, puesto que México y Marruecos “son puentes, espacios de tránsito y de migración que conectan al hemisferio sur con el norte, y viceversa, pero también de destino, lo que da lugar a nuevas dinámicas sociales y formas estéticas y culturales”.

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En cinco módulos se habla de rituales, arte plumario y más.

Piezas prehispánicas de exposición “Aves de México”

En el primer apartado, se exploran diferentes representaciones de dichos animales, a partir de 12 piezas prehispánicas de las colecciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), bajo resguardo del Museo Amparo, en la ciudad de Puebla. El conjunto arqueológico abarca un arco temporal de alrededor de 2 mil 500 años, desde el Preclásico Medio –un milenio antes de nuestra era– hasta el Posclásico Tardío, entre 1200 y 1500 d.C.

Las aves antes de México es un módulo que exhibe vasijas en forma de pato y de loro, de sitios como Tlatilco, o de la tradición Tumbas de Tiro del occidente mexicano, y figurillas que simbolizan fuerza y vitalidad, como un rostro humano con casco de águila, de las culturas de la Costa del Golfo, o de un hombre ataviado con plumas, de la tradición Mezcala, que se asentó en el territorio que hoy es Guerrero.

En el siguiente apartado, América emplumada, se aborda el trasiego interoceánico de bienes, tras el establecimiento del virreinato de la Nueva España. A la par que guajolotes y objetos a base plumas se llevaron al resto del mundo, gallos y pavo reales se introdujeron para su crianza. Las influencias de culturas externas impactaron en la producción local, entremezclando estilos y técnicas.

Foto: INAH | La exposición “Aves de México” se presentará en Marruecos.

Asimismo, destaca el tema de la personificación de América, en relación con las alegorías que abundaron en la Europa renacentista, “imágenes que sirvieron como un portento de los recursos y características de cada parte del mundo. En ese sentido, las plumas y las aves se utilizaron como elementos para denotar el cotidiano americano”, detalla el especialista en conservación de textiles.

Aves, plumas y cantos…

En Las plumas preciosas se da paso al arte de los amantecah o trabajadores de plumas, quienes, desde tiempos prehispánicos y aún en el virreinato, crearon mosaicos en objetos y prendas:

“A partir de entonces, el imaginario mexicano recurre a las aves y sus plumas, como un recurso primario en sus propuestas estéticas”, subraya el curador mexicano, radicado en Marruecos.

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Habitar entre aves, último apartado de la exposición, sirve para que el público descubra “una diversidad de objetos inspirados en ellas. Los hay de uso ritual, pero también de diseño que, como la joyería o ciertos objetos utilitarios, se han nutrido en los últimos años de la colaboración entre artesanos y diseñadores.

“Las aves, por sus plumas, cantos y carnes, fueron cruciales para las prácticas sociales, políticas, culinarias, medicinales, religiosas y estéticas de lo que hoy llamamos México. Su conservación garantiza el equilibrio de los ecosistemas, la preservación de la biodiversidad y saberes bioculturales, temas que también abordamos aquí”, finaliza Ugalde Salinas.

La muestra también contó con el asesoramiento científico de la curadora independiente Ana Elena Mallet, y cuya escenografía e iluminación estuvieron a cargo de los expertos Jasmin Oezcebi y Miguel Ramos.

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